Alberto Nisman: Ni una sola prueba de homicidio en ocho años

Una causa que solo sirve para operar políticamente. 

A 8 años de la muerte de Nisman, el fiscal Eduardo Taiano y el juez Julián Ercolini no hallaron ninguna evidencia de que haya sido asesinado. Durante 2022 les tomaron declaración a unos 80 agentes de la AFI y no obtuvieron nada relevante. Mientras tanto, continúa el uso político del expediente.

Por Raúl Kollmann

Imagen: A 8 años de la muerte de Alberto Nisman no hay ninguna prueba de que haya sido un homicidio.

Este miércoles 18 de enero se cumplirán ocho años de la muerte del fiscal Alberto Nisman. A lo largo de ese tiempo, el fiscal Eduardo Taiano y el juez Julián Ercolini no consiguieron una sola evidencia de que alguien haya matado a Nisman. En 2022, la fiscalía, que tiene delegada la investigación, completó la toma de declaración de unos 80 agentes de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI), sin que ninguno haya aportado un elemento de relieve. En junio, es decir hace siete meses, se tomó el último testimonio de importancia, al exdirector de Contrainteligencia Fernando Pocino, quien contestó preguntas a lo largo de muchas horas. Dijo entonces que durante el sábado 17 de enero y el domingo 18 de enero de 2015 cursó numerosas comunicaciones por Nextel, desde Pinamar, donde estaba de vacaciones, porque un matutino había publicado que un agente de la AFI, supuestamente de La Cámpora, había sido uno de los negociadores del Memorándum con Irán sobre los acusados del atentado a la AMIA. La tarea de Pocino fue establecer quién era el supuesto agente, que al final no era ni agente ni de La Cámpora. También cursó comunicaciones porque había desaparecido un misil de una dependencia del Ejército; era año electoral y corría el rumor de que las hinchadas de Boca y River, que jugaban en Mar del Plata, iban a tirar un muerto en la Ruta 2, y estaba la duda de si Nisman iría al Congreso, con posibles movilizaciones de Quebracho y otros grupos.

La hipótesis del comando

Durante estos ochos años, los tribunales de Comodoro Py siguieron utilizando la causa Nisman para beneficiar a Juntos por el Cambio. En ese marco, se esbozó la hipótesis de que al fiscal lo asesinó un comando y que la mejor prueba de la operación es que numerosos agentes de la AFI hablaron intensamente por Nextel durante aquel fin de semana de la muerte de Nisman.

En el edificio de Retiro todos saben que la hipótesis es falsa, pero aun así procedieron a citar a unos 80 agentes. Los primeros declararon en 2021 y la lista se completó en 2022. El más importante era Pocino, no sólo porque tenía un alto cargo en la AFI, sino porque siempre dijeron que era hombre de confianza de Cristina Kirchner.

Que la hipótesis del comando estaba demolida lo prueba el hecho de que a Pocino lo llamaron a declarar como testigo. Si hubieran existido sospechas, el fiscal se habría abstenido de convocarlo, a la espera de pruebas para indagarlo como sospechoso de haber participado de un complot. Es decir que, en junio, cuando fue Pocino a testimoniar, ya estaba caída la idea de un comando venezolano-iraní, supervisado por el kirchnerismo desde la AFI.

En ocho años no apareció ninguna evidencia de que alguien haya entrado al edificio Le Parc, al departamento de Nisman -cerrado por dentro- y al baño, en el que no se encontraron pisadas ni huellas ni ningún otro rastro.

La declaración de Pocino

Según trascendió, el exjefe de Contrainteligencia estuvo declarando durante largas horas. Es que hace años se viene dando vueltas alrededor de la idea de que aquel fin de semana de enero habló por teléfono mucho más que en otros fines de semana. En el análisis de comunicaciones que hizo la División Fraudes Bancarios de la Policía Federal se llegó a esa conclusión.

El punto fundamental de los contactos de Nextel del 18 de enero de 2015 fue una nota de tapa del diario La Nación, firmada por Hernán Capiello. Decía que Nisman acusaba a CFK por el Memorándum de Entendimiento con Irán en base a que como negociador actuó un agente de la AFI: eso probaba una oscura maniobra. El diario no mencionaba el nombre del espía.

Como responsable de Contrainteligencia -que se ocupa justamente de investigar a agentes que realizan actividades al margen de la conducción-, Pocino debía establecer de quién se trataba. En verdad, el secreto fue develado en las redes sociales por un viejo y conocido periodista, exagente, Guillermo Cherasny: cerca del mediodía mencionó que se trataba de un tal Allan Bogado. Nisman decía que era de La Cámpora y que estuvo en las negociaciones con Irán en Nueva York y Zurich.

Más tarde se supo que Bogado nunca había salido del país, que no era de La Cámpora ni agente de la AFI, al punto que había sido denunciado por el hombre fuerte de la central de espías, Antonio Stiuso, por alardear que era agente. Según cuentan, a Pocino, el fiscal Taiano le preguntó por su relación con Stiuso y dijo que había sido su maestro, pero que estaban distanciados.

La averiguación sobre Bogado, como es obvio, demandó comunicaciones con agentes y con quien era su jefe en la AFI, Juan Martín Mena, actual viceministro de Justicia.

El misil, las barras, el Congreso

Pero aquel fin de semana había otras tensiones que quedaron reflejadas en la testimonial de Pocino.

  • Habían robado un misil en el destacamento de Arana del Ejercito, cerca de La Plata. Eso motivó comunicación con el jefe del Ejército, César Milani, quien diagnosticó que se trataba de una interna de la fuerza porque quienes se llevaron el misil dejaron la base de lanzamiento, sin la cual no se podía usar. El misil apareció en julio de 2022: lo encontraron trabajadores que hacían un zanjeo en La Plata, es decir cerca de donde lo robaron. Eso demuestra que no hubo ninguna intención de usarlo. Pero el 17 y 18 de enero era motivo de preocupación. Incluso puso en marcha una denuncia de la DAIA que alertó sobre un posible atentado.
  • Otro motivo de comunicaciones fue que ese fin de semana jugaban Boca y River en Mar del Plata. No jugaban entre sí, sino con Racing y Estudiantes. Pero 2015 era año electoral, el candidato del peronismo era Daniel Scioli, gobernador bonaerense, y estaba la versión de que le tirarían un muerto al candidato. Pocino -según dijo- era el encargado de Contrainteligencia y monitoreaba que no hubiera una acción terrorista. Eso lo llevó a comunicaciones con el entonces jefe de la Policía bonaerense, Hugo Matzkin.
  • Finalmente, estaba la incógnita sobre la presencia de Nisman en el Congreso, pero sobre todo lo que podía implicar afuera del Congreso, dado que el fiscal acusaba, entre otros, a líderes sociales como Luis D’Elía y Fernando Esteche. También eso produjo averiguaciones.

La lógica del tocomocho

La idea de que los hombres de la AFI pudieran estar vinculados a un plan contra Nisman partía de un error lógico evidente. Ningún agente -con la experiencia que se supone que tienen- utilizaría su propio celular para una siniestra operación como es la de matar a un fiscal. 

Como dicen en el argot de la delincuencia, para un trabajo sucio como ese, se utilizaría un tocomocho, o sea un celular falso. De hecho, en la testimonial se corroboró que ese sábado y domingo, Pocino se comunicaba con un Nextel personal, a nombre de su exesposa.

El desfile de los espías

Todo indica que Pocino fue el último de los agentes de la AFI que pasó por el edificio de la Procuración, donde se tomaron los testimonios a los espías. No se los convocó a Comodoro Py justamente para preservar su identidad.

La mayoría de los agentes dijeron que en enero de 2015 ni siquiera sabían quién era Nisman, que no les dieron ninguna tarea vinculada al fiscal y muchas veces usaban el Nextel para hablar entre ellos o con sus familiares. Buena parte contó que debían estar en una especie de guardia pasiva durante el fin de semana, o sea en sus domicilios, pero listos por si les adjudicaban alguna tarea.

Hubo mucha ansiedad por la declaración de un agente cuyas comunicaciones se cursaban por la misma antena en la que se cursaban las de Diego Lagomarsino, el técnico informático que trabajaba para Nisman y que le prestó el arma con la que se disparó aquel domingo. Resultó que los dos vivían en el mismo complejo de viviendas en Martínez. El hombre de la AFI llevaba allí varios años, o sea que su cercanía no tuvo nada que ver con Nisman ni con Lagomarsino. Otra hipótesis caída.

El agente de las fotos con Bullrich

Como ya reveló este diario, hubo un agente que quiso sembrar alguna sospecha y contó que lo mandaron a la esquina de la fiscalía que investigaba la muerte de Nisman para establecer si Antonio Stiuso entraba a declarar frente a la fiscal Viviana Fein. El agente, cuando gobernó el macrismo, pasó a trabajar con Patricia Bullrich y se sacó fotos con ella y su marido hasta en lugares de veraneo. También hay tomas del exhombre de la AFI con la bandera norteamericana.

Pocino confirmó que le dieron la instrucción de verificar si Stiuso concurrió a declarar. Era -según dijo- una de sus tareas al frente de Contrainteligencia, porque a Stiuso le habían abierto varias investigaciones en la AFI y había dado domicilios en los que no podía ser encontrado. Pocino negó que hubiera un seguimiento, sólo se chequeó si concurrió el día que fue convocado por Fein.

Stiuso volvió a declarar sobre el mismo tema en 2022, pero no sobre la muerte del fiscal, sino sobre el supuesto delito de espionaje ilegal que, en todo caso, estaría prescripto.

El manejo del expediente

Como se ve, la causa judicial sólo sigue abierta para utilizarla, de vez en cuando, a favor de JxC. La única base es un peritaje descabellado de la Gendarmería, cuando la ministra de Seguridad era Bullrich, sosteniendo que al fiscal lo asesinó un grupo de tres sicarios que, además, le administraron una droga: ketamina. Los peritos nunca fueron llamados a declarar bajo juramento y el estudio no plantea cómo entraron los asesinos al edificio ni al departamento ni al baño, cuya puerta estaba trabada por la cabeza del fiscal, según declaró Sara Garfunkel, la madre de Nisman, quien ingresó primero al piso 13°. Lo mismo dijo un médico que convocó Garfunkel, en tanto que el profesional de Swiss Medical hasta dijo “se suicidó”, por lo que había que llamar a la policía. La Gendarmería tampoco pudo establecer ni cómo le dieron la ketamina ni qué cantidad de droga supuestamente le suministraron a Nisman.

El manejo del expediente, funcional a la coalición judicial-mediática-política alineada con JxC, está a la vista. De hecho, el juez Ercolini fue uno de los viajeros a Lago Escondido. Pero resulta asombroso que después de ocho años sigan sosteniendo que se trató de un homicidio cuando nunca pudieron encontrar una prueba y en 96 meses no lograron determinar quién integró el inexistente comando.

15/01/23 P/12

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