Alineados

Milei se trasladó en forma intempestiva a Tierra del Fuego para agasajar a una generala norteamericana a la que se negaron a recibir en forma oficial el gobernador de Tierra del Fuego y el intendente de Ushuaia. En retribución la mujer regaló un Hércules.

Por Luis Bruschtein

En la madrugada de ayer, la generala de los Estados Unidos, Laura Richardson, recibió al presidente argentino, quien viajó apresuradamente a Ushuaia para presentarle sus respetos. En su discurso, Javier Milei aseguró que la mejor forma de defender la soberanía es alineándose de manera incondicional con la potencia del Norte, que siempre ha considerado a Latinoamérica como su patio trasero. Milei insistió en que ese país y la Argentina están unidos por lazos históricos. Y, aunque no lo recordó, efectivamente hay una historia en común si se tiene en cuenta a las dictaduras militares impuestas por Estados Unidos en la Argentina y en toda la región, para proteger sus intereses en los años 70, un detalle que no cierra con el biribiri de que «nos une la defensa de la libertad». En realidad, los argentinos recuperamos la libertad cuando expulsamos a la dictadura que impuso Estados Unidos.

El viernes, Manuel Adorni, confirmó que el alineamiento de este gobierno será «con Estados Unidos e Israel». Los países europeos que alardeaban de su independencia y de su pasado imperial, fueron obligados a aceptar esta subordinación que plantea Milei con Washington. Fueron puestos contra la pared: «O China y Rusia, o nosotros». La economía norteamericana hace equilibrios entre el precipicio de la recesión y la inflación, y la pérdida de terreno por la fuerte competencia china.

Con su economía abollada, la reacción de Estados Unidos fue provocar la guerra en Ucrania. Los países europeos debieron aceptar que disminuyera el creciente comercio con China y se cortara el gas y el petróleo de Rusia. La demolición de los gasoductos de Nord Stream frenó a la economía alemana que era la locomotora de las demás economías europeas. Estados Unidos les vende ahora gas licuado tres o cuatro veces más caro que el ruso y provee las armas para reemplazar las que envía la OTAN a Ucrania. Alemania quedó al borde de la recesión, igual que Gran Bretaña, el aliado más estrecho de Estados Unidos.

Para mantener ese alineamiento con Washington, los países europeos fueron obligados a olvidarse de las proyecciones de crecimiento y a resignarse a cumplir un papel de segundones de la potencia occidental. El alineamiento incondicional les resultó muy caro. Es la misma política exterior que plantea Milei para el país. Y si a la Europa próspera le fue mal, a los argentinos nos irá peor. En estos días el clima rusofóbico y guerrerista llegó a su clímax en la vieja Europa que, después de sufrir dos guerras mundiales, no terminó de aprender la lección de la historia. El mundo asiste otra vez a la inminente expansión de una guerra devastadora.

Por cuestiones geológicas y de necesidad de actualización, el canal de Panamá no da abasto para la circulación de los cargueros cada vez más grandes entre los océanos Atlántico y Pacifico. Así surgieron proyectos de nuevos canales interoceánicos en Nicaragua, aprovechando sus grandes lagos, y México en su istmo. Por lo pronto, México avanzó en la construcción de un tren interoceánico en el istmo.

Mientras esos proyectos se concretan en un clima cada vez más enrarecido en las relaciones internacionales, recobra importancia estratégica el estrecho de Magallanes que une ambos océanos. Gran Bretaña encaró la realización de un gran puerto en las Islas Malvinas. Argentina encaró con capitales chinos, la realización de un puerto multipropósito en Río Grande, que iba a competir con el puerto británico en las Malvinas, y que potenciaba las industrias radicadas en la capital fueguina y facilitaba la proyección argentina hacia la Antártida.

El gobernador de la provincia de Tierra del Fuego, Antártida e islas del Atlántico Sur, Gustavo Melella, había firmado el acuerdo con las empresas chinas, que incluía la creación de un polo industrial químico y tecnológico. Pero, hasta ahora el acuerdo no había sido refrendado por el gobierno nacional y con la llegada de Milei fue descartado. El gobierno anunció ayer la construcción con Estados Unidos de un puerto en Tierra del Fuego, pero sin ninguna precisión. Por ahora quedará el puerto de los ingleses en Malvinas.

Milei no quiso participar en el acto por el 2 de abril que realizaron en Tierra del Fuego para repudiar la ocupación británica de las islas Malvinas que están en jurisdicción de esa provincia. En ese clima confrontativo abierto por el gobierno nacional, el gobernador de las provincia, Gustavo Melella, y el intendente de Ushuaia, Walter Vuotto,(Melella es del radicalismo en el Frente de Todos y Vuotto, de La Cámpora) se negaron a recibir oficialmente a la generala estadounidense, porque «el comando Sur del Ejército de los Estados Unidos realiza maniobras conjuntas con los británicos en el Atlántico Sur».

El presidente se horrorizó por el desplante de los fueguinos y, en forma intempestiva, decidió viajar. Despegó a las 18 del jueves y por desperfectos llegó casi a la medianoche a Ushuaia donde improvisó el agasajo a la jefa castrense norteamericana al mismo tiempo que los excombatientes de la provincia expresaban su repudio por la presencia de la generala.

No viajó sólo para encontrarse con ella, porque Richardson estuvo dos días en Buenos Aires con el ministro de Defensa, Luis Petri, y el viernes hizo una escala en el aeroparque y al bajar del avión, al pie de la escalerilla estaba otra vez el presidente como rulo de estatua. La generala dijo que le parecía «fabuloso y contagioso el espíritu y la energía» que le mostró este presidente argentino. Y en premio por la total subordinación que encarnó Milei, donó un avión Hércules a la Fuerza Aérea.

Durante la visita de Richardson, las corporaciones mediáticas publicaron notas sobre la base de observación del espacio profundo que instaló China en Neuquén, en la que trabajan científicos chinos en colaboración con científicos argentinos. Según estos medios, la función de la base sería controlar los satélites norteamericanos y las autoridades argentinas no tendrían acceso a ella.

Lo real es que existen dos grandes antenas con funciones similares: la de Neuquén en convenio con China, y en Malargüe, Mendoza, con la Agencia Espacial Europea. Por el convenio, los científicos argentinos tienen derecho a usar el diez por ciento del tiempo de la antena. Científicos de la CONAE, del Instituto Argentino de Radioastronomía y otros institutos de investigación han utilizado la antena. O sea, que no tiene tanto secreto ni entrada prohibida.

La base no parece tener movimiento sospechoso. El 26 de agosto de 2019 fue visitada por representantes diplomáticos —entre los que se contaba el de Estados Unidos—, miembros del gobierno neuquino y científicos. Los visitantes hicieron una recorrida por el centro, cuyo único atractivo es la enorme antena con sus instalaciones y recibieron una charla informativa. El avanzado dispositivo permite observaciones a distancias que superan los 300 mil kilómetros de la tierra.

Estados Unidos no ha dado pruebas de que las instalaciones se utilicen con fines militares. Por su funcionamiento no hay ningún motivo que sustente esas denuncias ni que se impida el ingreso a ciudadanos o autoridades argentinas. Lo que subyace es la intención de Washington de impedir todos los contactos posibles con China.

Luego de su paso por Aeroparque, Richardson siguió viaje hacia Guyana que es el centro de un conflicto explosivo entre ese país y Venezuela por el territorio del Esequibo. El diferendo se mantiene desde 1899, pero ahora se agudizó por la presencia de importantes yacimientos de petróleo. Venezuela movilizó su ejército y Guyana dio luz verde a una base del Comando Sur de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos cuya jefa es Richardson.

Con información de Página/12