Breve historia del anticomunismo

Por Fabio Giovannini

Prólogo de Alizia Stürtze
Título original: Breve storia dell’anticomunismo
2004 DataNews Editrice
Traductor: Carlo Mª Gontzato Raveli

Introducción

A pesar de la desaparición de la Unión Soviética y de otros numerosos países de régimen comunista, el anticomunismo sigue presente en el debate político, sobre todo en el italiano. Incluso se puede afirmar que hoy asistimos a una clara y patente hegemonía mundial del anticomunismo.

Sin embargo, el término «anticomunismo» no ha sido todavía analizado muy a fondo. En las enciclopedias aparecen muchos «anti», pero casi nunca el anticomunismo (tanto es así que «Il Foglio» ha lamentado su ausencia incluso en la Garzantina, publicada como anexo del «Giornale»).

Este libro se propone hacer una reconstrucción sintética de la historia del anticomunismo. En las siguientes páginas haremos un recorrido por esa historia desde sus inicios, en el siglo XIX, describiendo sus características fundamentales y delineando sus principales periodos. Sin embargo, antes de nada, conviene definir cuál es el sentido que se le da a la palabra «anticomunismo». Y es que hay una diferencia entre los no comunistas y adversarios del comunismo y los anticomunistas. El anticomunismo no es la crítica legítima del comunismo. Al contrario. Constituye la personalización del adversario absoluto, del enemigo a vencer por cualquier medio, lícito o ilícito, hasta convertirse en una especie de «obsesión» político-cultural que ha dejado profunda huella hasta en las democracias occidentales. En lugar de ser un análisis político, el anticomunismo se convierte a menudo en una especie de ortodoxia religiosa que interpreta el comunismo exclusivamente como conspiración y complot, y despoja así de toda legitimidad a las ideas comunistas que intenta describir como objetivamente ilegales.

En nombre del anticomunismo se han apoyado dictaduras sanguinarias, violado los derechos humanos y perseguido o ejecutado incluso a personas que no eran comunistas. El anticomunismo ha sido el miedo al cambio, y a la vez también un modo de hacer pasar por ideológicamente nobles intereses inconfesables, o de justificar el distanciamiento con respecto del antifascismo. Esto es lo que hace que el anticomunismo sea antidemocrático.

Por otra parte, al analizar la historia del anticomunismo sale a la superficie la estrecha relación existente entre anticomunismo y capitalismo.

Éste es, en muchos casos, el núcleo del anticomunismo: la defensa incondicional de los intereses de clase, de la propiedad privada de los medios de producción, del statu quo. La demonización del comunismo ha sido históricamente un instrumento en favor de la «estabilidad», de la deslegitimación de cualquier oposición, de la consolidación de gobiernos autoritarios o moderados, todo ello de cara a impedir cambios radicales.

En cierta medida el anticomunismo siempre ha condicionado la historia del comunismo (si es que no está en su propio origen). La acusación de «comunismo» ha sido utilizada para desacreditar a los adversarios políticos, en particular a los socialistas, dirigentes sindicales y católicos de izquierdas.

El ogro del comunismo ha servido como intimidación para neutralizar cualquier posible alianza con los comunistas y para dividir a los movimientos obreros.

La criminalización del comunismo, señalado como «malvado» por principio, ha inducido a otras fuerzas de izquierdas, a las socialistas en primer lugar, a diferenciarse de los comunistas y a posicionarse contra ellos.

Dejando a un lado las etapas de unidad socialcomunista, en las primeras décadas del siglo XX y posteriormente en los años cincuenta, se produjo una fractura entre los distintos impulsores del movimiento obrero y ello a causa, en gran medida, del temor a ser marginados del juego político bajo la acusación de fílocomunismo. La estrategia anticomunista, en suma, produjo en muchos países el efecto de aumentar las divisiones en la izquierda y de impedir así la generación de alternativas políticas a los partidos moderados y conservadores. Además, recientemente ha surgido un anticomunismo impulsado por ciertos poscomunistas, convencidos de que para hacerse creíbles tienen que hablar mal del comunismo.

En los últimos tiempos hemos asistido a un continuo ataque no sólo al comunismo, sino también al concepto mismo de utopía, y ello de cara a mostrar que el actual es el mejor de los mundos posibles y que el capitalismo es el único camino por el que pueden transitar las sociedades humanas. Toda la experiencia comunista es demonizada mientras se santifica el anticomunismo en su totalidad, olvidando los delitos y atropellos cometidos en su nombre.

Hoy se escribe y se habla mucho de los «crímenes del comunismo». Sin embargo, en las páginas siguientes descubriremos que los comunistas, acusados de haber cometido terribles crímenes, los padecieron en gran medida. Y que el anticomunismo es responsable de millones de muertos.

No es fácil someter a crítica al anticomunismo en estos tiempos en que está siendo beatificado. Sin embargo, es necesario mantener viva la memoria de lo que el anticomunismo ha sido (y en parte sigue siendo), para que ninguna persona ni ninguna idea tenga que padecer nuevamente ningún abuso ni violencia.

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