Bukelismo a destiempo

Crónica del Vietnam argentino de Bullrich

Por Carlos A Villalba*

Yo no sé si el tipo es bueno o malo
Solo sé que le tocó perder
En el cielo está Dios, soberano
Y en la tierra, la orden del cartel

Sicario, Ruben Blades

«Rosario ahora está un poco pesado, complicadito Rosario». Habla pausado, con la barrera de los 70 recién atravesada y esa calva de siempre que hace que parezca no envejecer jamás, porque casi que nació ya con ese rostro. Desde el ojo mismo de la tormenta, relata con serenidad de cirujano de una realidad en la que vive y que pareciera quedarle en otro lado.

Cada mañana, su barrio amanece con el estallido de los rotores de dos, tres helicópteros, que avanzan, se detienen, flotan sobre determinada manzana, se corren 500 metros, deslizan sus vuelos, peinan el aire, se van. Horas antes, las luces de las mismas casas, se fueron durmiendo de a poco, al compás de un balazo que rompe la noche y convoca a otros y otros y no hay sábana que cubra el escalofrío.
Cuando empieza a caer el sol las actividades, todas, se van apagando, los correteos infantiles detrás de cualquier cosa que la imaginación de pobres pueda convertir en pelota, los besos robados bajo la luz mortecina de alguna lamparita de negocio cerrado de apuro, los colectivos, que son menos hasta desaparecer.

El recuento será después, cuando los mates y el chancleteo de los preparativos para ir a changuear, a la escuela, o a ningún lado, con el mundo paralizado por los miedos, la tropa, las amenazas. Las huellas quedan estampadas contra alguna pared, sobre vidrios estallados de un vehículo. A veces, cada vez más seguido, hay rastros de sangre. En 2023 los asesinatos fueron 260, el quíntuple de la tasa nacional; el 65 por ciento de ellos, ocurridos en el Departamento Rosario, corresponden a la categoría «economías ilegales / organización criminal», etiqueta que se aplica a los homicidios provocados por la violencia narcocriminal entre bandas, venganzas personales asociadas a esas tramas ilícitas o por el empleo de la «violencia identitaria», destinada a acumular poder o «prestigio» en el espacio delincuencial.

Apocalypse Now

«Hoy amanecimos rodeados de efectivos porque anoche tirotearon tres colectivos más y dejaron una nota amenazante…» La descripción avanza, en el mismo tono, casi como de lectura de diario, salvo porque, a diferencia de esos papeles que apenas sirven para envolver huevos o de los discursos de canal de noticias que construyen mundos que no existen y condenan la pobreza, incluyen una explicación que hasta se da el lujo de remarcar noticias que pasan desapercibidas, ocultas incluso en el despliegue de una foto a toda pantalla.

Habla de «la querida Pato Bullrich» al referirse a la ministra de Seguridad de la Nación y al no menos «querido gobernador» (Maximiliano Pullaro). Explica desde la vereda contraria a la complacencia, la ignorancia, la complicidad, opuesta a la construcción de los medios y las redes no sociales, que intentan instalar «ejemplos» de lo que «ahora sí se hace» y «antes no». En este caso, aluden a la problemática de la seguridad, presentada desde hace décadas como «inseguridad» por la cadena de propaganda privada de los medios de las corporaciones económicas, sin que analistas, relatores y decisores políticos relacionados con las entonces mayorías señalaran lo que implica ese giro cultural, a pesar de la importancia de la problemática: convertir un valor social en su contrario.

Cuenta que «Pato» y «gobernador querido» fueron a Rosario y «armaron todo un circo en la cárcel donde tienen a los presos por narcos; no a los jefes, sino a los soldaditos, las segundas y terceras líneas, y armaron un circo onda (Nayib) Bukele», el presidente reelecto de El Salvador. «Les hicieron una requisa, llamaron a la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSN), que entró al penal, los requisó violentamente, los puso a todos en calzoncillos igual que en El Salvador, en filas… ¿Viste que eran miles, cientos de tipos?», pregunta sin que importe si quien escucha está enterado o no, «y filmaron todo».

Suma datos y datos, compara, explica, entiende: «Los de acá eran 12, 16… pero los tenían igual, desnudos, apilados. Una cosa para la gilada. Pero desde el punto de vista del preso, es algo humillante, completamente gratuito y al pedo. Vos podías haberles cortado las comunicaciones hacia afuera sin hacer esa alharaca. Además -suma- le cortaron las visitas, les cortaron las visitas conyugales, las visitas familiares, ahora son a través de un vidrio, no hay contacto físico; ellos se cocinaban y le cortaron eso y los mandaron al comedor, ¡imagínate lo que es el comedor de la cárcel!».

«Todo eso, completamente al pedo, a los tipos lo volvió locos» concluye y sentencia que «Con ese show desataron cuatro muertes al hilo, dos taxistas, un conductor de trole y un estacionero», para rematar con el siguiente paso de la escalada: «se vino el quilombo, desembarcaron las fuerzas federales».

Tranquilo en su barrio de siempre, con su orgullo de laburante de siempre, sin importarle ni saberlo ni buscarlo… da cátedra, de seguridad, de comunicación, de ciudadano responsable. Su cabeza sin pelos anotó en el aire que un ministro de Bukele, «creo que el de Justicia (en realidad el de Seguridad, Gustavo Villatoro), cuando se enteró, porque esto Patricia lo hace después de visitar a Bukele, cuando se enteró, él mismo criticó lo que había pasado acá, en Rosario». El funcionario, efectivamente calificó de «error muy grave» la emulación argentina del humillante «Método Bukele, porque tales acciones solo son apropiadas cuando las bandas criminales son neutralizadas y se tiene control de la situación.

Sin apuntes, sin textos académicos, el rosarino registró que las autoridades antipopulares del «paisito» centroamericano, por lo menos, «hicieron eso, pasaron a la prensa las fotos famosas del tratamiento muy duro, riguroso, cuando ya habían controlado el territorio. O sea que no hubo una respuesta violenta desde afuera porque en la calle, los circuitos narcos ya estaban desarticulados».

Tiene una forma serena de indignarse al explicar que «acá, se hizo con el negocio totalmente articulado, los jefes mantienen el control de afuera desde la cárcel. Y bueno, le dieron esa respuesta horrible a la pelotuda de Pato Bullrich y al pelotudo de Pullaro, que hicieron este circo y provocaron la muerte de cuatro inocentes… Y ahora estamos casi en Vietnam, ¡no te jodo, nos levantamos todos los días y parece Vietnam!, pasan tres helicópteros, vuelan en formación, se suspenden, siguen, no te jodo, eh. ¡Así está Rosario!» La que siempre estuvo cerca.

Silbando bajito, el cronista de este lado, siente que no tiene nada que agregar. El testigo honesto, el del otro lado, lo entiende todo, alcanza a comentar que «la noche» rosarina, aquella costumbre vital y festiva, «ha muerto mucho» y hasta se preocupa por la cantidad de los visitantes que, «seguro» no van a llegar para el fin de semana recontralargo, porque «el turismo de aventura no les interesa…»

Nota al pie: el cronista quiso correrse del escenario, sin entrar en el análisis del fenómeno explicado y hasta «sobrerelatado» de la «violencia narco» en Rosario, cuya narrativa «moldea  -como ninguna otra- las conciencias y la mente colectiva», como lo expresa Juan Pablo Hudson en su Breve Historia de la Violencia en Rosario (2012-2022) de la Revista Crisis N°57.

Impactado por un mensaje de 7 minutos enviado desde esa ciudad que no logra despegarse la marca indeleble de aquel mundo de la Chicago de las mafias, trató de estampar las palabras del interlocutor con la menor intervención posible. Parte de la sorpresa del escriba fue corroborar, letra a letra, las críticas del régimen salvadoreño de Bukele a las sobreactuaciones argentinas.

A veces, excederse en velocidad en las curvas conduce a derrapes fatales en el tema seguridad. Con la economía, puede pasar lo mismo.

*Periodista argentino. Investigador asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico.

Con información de Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico