Cada día es muy importante

La motosierra que exhibió Milei fue fabricada en China

Por Ricardo Aronskind

Lanzadas en un contexto signado por la fragilidad macroeconómica, con reservas ínfimas en el Banco Central, en medio de comportamientos depredadores por parte de los formadores de precios, con una oposición cerril que sólo apuesta al caos y bajo la presión y extorsión de un FMI volcado a colaborar con la derrota de la actual gestión, las medidas en torno a la eliminación de la cuarta categoría del Impuesto a las Ganancias y a la devolución del IVA en ciertas compras básicas a casi 20 millones de personas revirtieron un clima de debilidad e impotencia que se abatía sobre las huestes oficialistas.

A eso hay que agregar la apertura del Registro Único de Solicitantes de Lotes para requerir tierras para vivienda o actividades agrícolas, que ayudará a detectar las familias de sectores populares de todo el país que necesitan acceder al suelo. «Tiene que ver con un programa de articulación que permita construir, en cuatro años, 4 millones de lotes con servicios”, dijo el ministro en el lanzamiento del programa. Eso es abrir perspectivas importantes de futuro para mucha gente. Su concreción debería ser una gran bandera electoral y un ejemplo programático a replicar.

Pareciera que en Unión por la Patria se activó el principio político vital que indica que para sobrevivir en un escenario tan complicado como el actual se debe ser audaz, pensar en grande y no pedirles permiso a los que están interesados en la destrucción de tu espacio político.

Números que requieren política

Los datos económicos son variados, reflejan la complejidad del momento y requieren muchísima presencia y activismo gubernamental, tanto en el terreno de las acciones como en el del discurso público.

El paquete de medidas que lanzó el gobierno, que aún no ha finalizado, equivale a transferencias por el 1,1 % del PBI, aproximadamente. Conocedores de las finanzas públicas y de la predisposición de los prestamistas locales indican que esa cifra se puede cubrir con financiamiento, sin demasiados problemas de aquí a fin de año.

La actividad económica registró en el segundo semestre una caída interanual de 4,9 %, número que impacta pero que encierra un hecho clave que distorsiona el resultado: la actividad agrícola-ganadera cayó, en ese mismo período, nada menos que 40%, debido a la sequía. Eso arrastró hacia abajo el promedio de todas las actividades.

El desempleo se encuentra en una cifra relativamente baja en términos históricos, 6,2 %. Lo que por ahora no impide que los salarios, mayoritariamente, estén bajos. Una estimación reciente calculó que el 60 % de los que trabajan están por debajo de los 130.000 pesos, lo que impulsa el pluriempleo para cubrir las necesidades mínimas.

Por otra parte, la implementación por cuarta vez del “dólar soja”, un sobreprecio que se les otorga a los exportadores para que liquiden las oleaginosas que retienen, le permitió al Banco Central conseguir entre agosto y setiembre 2.200 millones de dólares, y se esperan aún más ingresos en las próximas semanas. Esas divisas le otorgan al gobierno algún margen para incidir sobre las cotizaciones cambiarias, que en estos días se mantienen tranquilas. De todas formas, el alza de precios de dos dígitos ocurrida el mes pasado ya empezó a ser esgrimida como argumento para justificar nuevas presiones cambiarias y la consabida timba en el mercado paralelo.

De hecho, el diario La Nación ya inició una campaña para justificar nuevas remarcaciones de precios, en base a que el gobierno tomó “medidas electoralistas” que acelerarían la inflación debido a la inyección de poder de compra en la base social.

Esa tontería sólo puede justificarse por las preferencias electorales del diario, pero no por un análisis económico serio. El golpe inflacionario protagonizado por el sector privado luego de la devaluación tiró abajo el salario real de la inmensa mayoría del país. Si el gobierno logra restituir en parte ese poder adquisitivo, o sea, volver al punto de partida, eso no puede interpretarse como un impulso de demanda tan importante que genera presiones inflacionarias.

Pero en el mundo del periodismo de la derecha local, todo titular alarmista y pro inflacionario que pueda ser creído por gerentes despistados y, por consiguiente, transformado en nuevas remarcaciones, es válido para recuperar el poder.

La batalla de los precios

La inflación continúa siendo la madre de todas las batallas en esta coyuntura. Ya señalamos que las remarcaciones que se hicieron luego de la devaluación oficial del 22 % fueron completamente desproporcionadas, y generaron un golpe muy duro contra el bolsillo popular.

El índice minorista reflejó un 12,4 %, afortunadamente sepultado por una catarata de medidas oficiales de alivio. Pero el mayorista mostró un delirante 18,7 %, como si todos los precios estuvieran completamente indexados al dólar. El único costo que no estaría indexado a los movimientos del dólar serían los salarios, por supuesto, en esta economía manejada en total libertad por el capital.

Así llegaremos al final esta gestión sin haber podido mitigar la arbitrariedad de los actores que tienen posiciones dominantes en los diversos mercados, ni los escandalosos abusos de cientos de empresas en sus relaciones comerciales con otras empresas y con los consumidores. Un capitalismo de rapiña que desprecia a quienes le dan de comer.

Los precios en la Argentina parecen cada vez más un tributo feudal, más que una relación normal entre empresas y consumidores. Los remarcadores seriales aprovechan cualquier circunstancia para sacudir incrementos que no guardan relación ni con los costos ni con las ganancias previas. Cuentan con la cobertura de los medios de comunicación, que naturalizan los abusos como prácticas normales, casi matemáticas, que se verían obligadas a hacer las firmas “dadas las circunstancias”, que nadie sabe cuáles son y que nadie se anima a averiguar. Está siempre el comodín ficcional de que es por culpa del Estado, de los impuestos o de los políticos.

En este contexto, además de este neo-feudalismo que esquilma los bolsillos de quienes no pueden eludir el consumo de las cosas básicas y de los servicios imprescindibles, hay también un activismo empresarial para facilitar las cosas a la derecha en el terreno electoral.

En el caso de Juntos por el Cambio, las ideas y propuestas económicas son tan difusas, que necesitan básicamente crecer electoralmente en forma negativa, exagerando el presunto “desastre económico” del gobierno o incitando al exterminio del kirchnerismo, expresión del fascismo larvado que anima a una parte de sus dirigentes.

En el caso de Milei, las propuestas económicas, también por la negativa, son mucho más claras. Encierran una violencia masiva contra amplios sectores de la población, los trabajadores, las provincias, las clases medias, y sólo en un estado de ignorancia o inconsciencia política pueden ser votadas.

Milei y sus desbordes

En un encuentro con lo más representativo de la industria petrolera local, el candidato de LLA dijo, entre muchas expresiones rimbombantes y desubicadas, dos frases que vale la pena repasar.

En la primera, señaló que “en la estafa de la creación del Banco Central estuvo el abuelo de Pinedo” (refiriéndose al actual legislador de Juntos por el Cambio).

Considerar la creación de un Banco Central como una estafa lo ubica a Milei en el pre-capitalismo contemporáneo. No sólo que todos los países organizados del mundo cuentan con un banco central para ordenar la política monetaria y garantizar un cuadro económico consistente, sino que ese instrumento, el de la política monetaria, es considerado insustituible para la regulación del capitalismo moderno. La Reserva Federal de los Estados Unidos y el Banco Central Europeo tienen la importancia central que tienen porque son una pieza clave en la arquitectura financiera contemporánea.

Eliminar el Banco Central en un Estado moderno es despojarlo de una herramienta fundamental para graduar y estabilizar sus relaciones con la economía mundial y dar mayor previsibilidad al ciclo económico interno. Parece que el personaje Milei, hiper ideologizado, ignora cuestiones elementales del funcionamiento real de las cosas.

Refiriéndose a su llamativa expresión de “usar la motosierra”, con la cual alude a su deseo de destrozar al sector público argentino, sostuvo: “El plan motosierra (…) sólo lo puede hacer alguien como yo, que odia al Estado, porque es una organización criminal”.

Dos consideraciones al respecto: el Estado es una institución vertebradora de la Argentina, en término sociales, políticos y económicos. Se puede discutir con total legitimidad la calidad de sus prestaciones y la posibilidad de hacerlo más eficiente, eficaz y transparente. Pero no es de eso de lo que está hablando este candidato.

El odio ideológico al Estado no proviene en el caso de Milei del pensamiento anarquista, que denunciaba al Estado como una máquina de opresión al servicio de la clase explotadora, sino de la ideología que destilan las corporaciones multinacionales en esta época de globalización neoliberal.

Las multinacionales y los financistas actuales detestan al Estado porque les pone límites regulatorios, ecológicos o laborales a su desenfrenada búsqueda de rentabilidad. Es desde el mundo empresario, de esa lumpen-burguesía mundial desinteresada en el destino de las sociedades en las cuales acumulan, de donde bajan las ideas seudo-libertarias de debilitamiento de los Estados en todo el planeta.

La otra consideración es que el Estado no es una abstracción, un cartelito colgado al frente de un edificio. El Estado funciona sobre los hombros de centenares de miles de personas que trabajan en él, prestan servicios necesarios y útiles en todo el país, imprescindibles para que la sociedad pueda funcionar, y gracias al cual, a pesar de la debilidad de las políticas distributivas, millones de personas pueden tener una vida mejor que la que garantizaría “el libre mercado”.

Es decir que dinamitar el Estado es dinamitarle la vida a buena parte de la población, incluida aquella que se siente excluida de todas sus prestaciones. Odiar el Estado es despreciar olímpicamente a lxs argentinxs de a pie, que necesitan más apoyo y respaldo del Estado, y no menos. Sólo los ricos y sus representantes pueden enorgullecerse de odiar al Estado. Claro que cuando la frágil economía de mercado se desequilibra completamente, como ocurrió en 2008 en Estados Unidos, acuden a ese mismo Estado despreciado para que los rescate y los vuelva a poner en pie. Lamentablemente, este verso descomunal del mercado autorregulado no encuentra las voces políticas y sociales potentes que se requieren para refutar una mentira de semejante tamaño.

En fin, entendemos que estas propuestas pre-modernas no deberían tener ninguna andadura en una sociedad capitalista que contara con un empresariado respetable, que supiera sacar inmediatamente de la cancha a personajes hiper ideologizados, ineptos o farsantes. Pero parece que en la Argentina todos esos controles básicos de calidad fallan, y que los que tienen el poder para sacar inmediatamente una tarjeta roja a los aventureros pirómanos no terminan de entender de qué se trata una sociedad vivible y organizada.

Por lo pronto, se pudo constatar que la motosierra real que exhibió Milei en estos días por las calles —para mejor diversión de sus seguidores— era de origen chino, país presidido por un Partido Comunista, que cuenta con uno de los Estados más organizados y productivos del mundo.

Un mes que requiere templanza

Son contadas las semanas que median hasta las elecciones. En Unión por la Patria hay síntomas y liderazgos que insuflan fuerza y otros que van en sentido contrario.

Entre los primeros se encuentra el propio Sergio Massa, que presenta combate en el terreno económico-social, dentro de los límites de un gobierno que llega desgastado en su poder político para garantizar una gobernabilidad económica plena.

En la provincia de Buenos Aires, el gobernador Kicillof también se muestra claro y nítido en su mensaje propositivo y en la crítica a la oposición neoliberal. Lo avala una buena gestión, en una etapa económicamente muy difícil.

En la Capital, Leandro Santoro desarrolla una campaña con propuestas interesantes, y está realizando una audaz apelación al electorado radical que aún conserva algún resabio progresista. Era hora de iniciar la reconquista de un público que puede ser sensible frente al desmanejo inmobiliario cambiemita o al deplorable estado de las escuelas y hospitales porteños.

Pero también están los ejemplos preocupantes: la derrota de Capitanich en el Chaco, con el extrañísimo cómputo de resultados que indica que en realidad no perdió, pero que no es apelado por el propio peronismo chaqueño. O los flirteos públicos de personajes del sindicalismo ¿peronista? con el candidato de la motosierra.

Por abajo y por afuera de las estructuras partidarias, como ya ocurrió en oportunidades anteriores, la gente que no quiere resignarse a la entronización de Presidentes y Presidentas anti democráticos y enemigos jurados de lo popular se organiza y trata de actuar de muy diversas formas y en muy diversos niveles. Nuevamente se reitera la carencia de conducción, la ausencia de las estructuras partidarias y la falta de organización, y nuevamente aparece la creatividad popular, el esfuerzo consciente y voluntario y las ganas de tener un país mejor.

Son esas las verdaderas reservas humanas con las que cuenta la Argentina para no ser desintegrada desde adentro por los brutos y los aventureros.

El Cohete a la Luna