Carlson-Putin: escuchar al otro lado

Por Carlos Fazio

El 8 de febrero a las 18 horas del este de Estados Unidos apareció en la red de Tucker Carlson la entrevista que le había hecho en el Kremlin, dos días antes, al presidente de Rusia, Vladimir Putin. Acostumbrado a audiencias de millones de personas, convertido en fenómeno mediático «independiente» y «antisistema», así como una de las voces más influyentes de la ultraderecha trumpista, el ex presentador estelar de la cadena Fox News apareció ante la cámara inusualmente nervioso e impreciso, luciendo una corbata azul y amarilla que parecía evocar los colores de Ucrania. Frente a él, Putin, manejando los tiempos con una frialdad pasmosa −a veces mordaz, con sorna, pero siempre preciso, coherente, didáctico, exponiendo hechos y apelando al sentido común−, expuso a su entrevistador a una larga e inesperada clase de historia, repleta de argumentos sobre asuntos geopolíticos y de las relaciones de la Federación Rusa con Estados Unidos y sus «socios» del Occidente colectivo.

El resultado de la conversación fue de alguna manera extraño, inesperado. Al iniciar el programa, el propio Carlson comentó que la respuesta que obtuvo a su primera pregunta lo dejó estupefacto. “¿Estamos en un talk show o manteniendo una conversación seria?”, cuestionó Putin. Aceptados los términos, el presidente ruso habló durante más de media hora sobre la historia de Rusia y Carlson dijo que pensó que era «una técnica de desvío» del tema. Admitió que eso le molestó, por lo que interrumpió varias veces a Putin, pero al final concluyó que no había tal cosa: la entrevista no tenía límite de tiempo y él mismo la concluyó después de más de dos horas. Al final reconoció que lo dicho por Putin fue «una expresión sincera de lo que piensa».

El interés de la entrevista no radica tanto en lo dicho y su contenido, sino en el momento en que ocurre y el auditorio al que se dirige: es la primera vez desde febrero de 2022 −cuando el Kremlin dio inicio a la Operación Militar Especial en Ucrania−, que la voz directa de Rusia se pudo hacer oír a nivel masivo en Estados Unidos y Europa. Después de dos años de una intensa campaña de intoxicación (des)informativa y una desenfrenada rusofobia, el acierto de Putin fue conceder a Carlson su primera entrevista a un periodista extranjero.

Hombre del sistema ligado al Partido Republicano, conductor estrella al servicio del imperialismo comunicacional, la dictadura del pensamiento único y el fascismo del siglo XXI antes de que, al parecer, Fox News lo despidiera el año pasado, con gran olfato para vender noticias como mercancías y especializado en abordar la realidad como espectáculo, esta vez Carlson aparentemente «rompió» con la mentalidad de manada (de sus colegas) y la ingeniería del consentimiento que manipula y domina a la sociedad estadunidense. Una fabricación del consenso para el control elitista de la sociedad que está en la base de la propaganda anglosajona. Todo un sistema de domesticación, adoctrinamiento y manipulación simbólica donde no hay causas, no hay contexto, no hay memoria; donde no existe la historia. Y en el que la televisión, la radio y las plataformas de las redes sociales operan como arma de distracción masiva y cumplen una función despolitizadora al servicio de la «insurgencia plutocrática».

No en balde, ante sendas preguntas de Carlson, el propio Putin ironizó en un par de ocasiones sobre las «historias de terror» y las noticias falsas que difunde la propaganda anglosajona (exagerando la «amenaza» rusa: que utilizará armas nucleares tácticas o invadirá Polonia y Letonia, o como formuló Carlson, el «peligro» que corren los países del BRICS ante una «potencia colonial más amable: China»), terreno en el que, dijo, es «muy difícil derrotar a Estados Unidos», porque controla los principales medios de difusión masiva del mundo. Ahora que, motivado tal vez por las elecciones de noviembre próximo en la nación imperial, Carlson se atrevió a operar aparentemente fuera del «carril» del establishment, desafiando el uso faccioso de las noticias y la falsa narrativa binaria del statu quo, y presentó a su audiencia sin filtros y en directo al Putin real, de carne y hueso, con su propia narrativa alternativa a la de la clase dominante de Estados Unidos (es decir, dándole voz para que sus televidentes y lectores puedan contrastar las ideas, los hechos y los argumentos del jefe del Kremlin con la caricatura simplificada en blanco y negro, del bien contra el mal, de las corporaciones mediáticas occidentales), se abrió una brecha informativa en el muro de mentiras y guerra sicológica (como tipo o doctrina de la propaganda) manufacturadas por los aparatos del Pentágono, la Agencia de Seguridad Nacional y la Agencia Central de Inteligencia.

Carlson, quien en alguna ocasión quiso ingresar a la CIA, como le recordó Putin, y cuyo padre fue director de la Voz de América, sabía los riesgos que corría. Antes de que se difundiera la entrevista, Hilary Clinton lo tachó de «idiota útil» y «quinta columna» de Putin, y CNN dijo que «cumplía órdenes del Kremlin». En un intento por censurarlo, atacaron al mensajero. Pero Carlson logró romper el cerco (des)informativo del oligopolio de los multimedia de Estados Unidos: en su primera semana tuvo una audiencia de 200 millones en la red social X. Carlson y Putin han sido «tendencia» desde entonces, promovidos por el todopoderoso algoritmo de un sitio propiedad del hombre más rico del mundo: Elon Musk. ¿Asistimos a una «reinvención» de Carlson o ha sido sembrado en los medios de comunicación emergentes como una voz «rebelde» y «alternativa autorizada» del poder mediático con su nueva caparazón?

Putin, leyendo la coyuntura, aceptó la entrevista cuando en el campo de batalla ucranio la guerra proxy de Estados Unidos y la OTAN contra Rusia presenta un saldo favorable al Kremlin; la polarización político-social en la ciudadanía y el Congreso de Estados Unidos va en aumento y hay resistencia a seguir sufragando la guerra de Joe Biden «hasta el último ucranio», y cuando las contradicciones en el equipo de Volodymir Zelensky exhiben una lucha por el poder en Kiev. Además, guste o no, frente a la «deficiencia cognitiva» del senil Biden (con acceso al botón nuclear), Putin exhibió sus grandes dotes de estadista. Insistió, sí, en su disposición a negociar con los patrocinadores de Zelensky en Washington y les sugirió que encuentren alguna «excusa sutil». Posición que coincide con la conclusión de la Rand Corporation, de enero de 2023, a favor de un final negociado a la guerra en Ucrania en un plazo que sirviera a los intereses de Estados Unidos.

La Jornada