China y la pobreza

Por Jaime López*

Foto: EFE

El vigésimo Congreso del Partido Comunista de China (PCCh), que durará una semana, cinco años después del anterior, se realiza en medio de una compleja realidad internacional: los estragos por la pandemia de covid-19, creciente inflación y la guerra de Ucrania. No obstante estas dificultades, brinda una oportunidad privilegiada para asomarse al combate a la pobreza y el mejoramiento de la calidad de vida en la nación asiática.

Los pobres y las zonas más desfavorecidas de China se están incorporando a una sociedad moderadamente próspera junto con el resto del país. Este objetivo, establecido en las políticas de «gobernación y administración» del presidente Xi Jinping, también secretario general del partido, detalla como objetivo básico garantizar que los pobres de las zonas rurales no tengan que preocuparse por los alimentos y la ropa, y tengan acceso a educación obligatoria, servicios médicos básicos y vivienda segura.

China declaró el año pasado la eliminación de la pobreza absoluta dentro de sus fronteras, al haber sacado de esa condición a casi 100 millones de personas en las zonas rurales durante los ocho años anteriores, según la agencia oficial de noticias Xinhua.

La pobreza absoluta se define como la situación en la cual no están cubiertas las necesidades básicas del individuo, es decir, existe carencia de bienes y servicios básicos (alimentación, vivienda y vestido).

Mediante un rápido crecimiento, los chinos se han vuelto más prósperos. Los datos oficiales muestran que el ingreso disponible per cápita en el país alcanzó 35 mil 128 yuanes (7.11 yuanes por dólar) en 2021, más del doble del nivel de 2012.

Los ingresos más altos han apuntalado el ascenso del grupo de ingresos medios, y China ahora cuenta con más de 400 millones de personas de ingresos medios, en comparación con el nivel de 2010 de más de 100 millones.

China ha logrado avances históricos en calidad de vida de las personas durante la última década, según el subdirector de la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma de China, Hu Zucai.

El PIB de China superó el umbral de 100 billones de yuanes (unos 14.33 billones de dólares) en 2020, un nuevo hito para la segunda economía más grande del mundo.

La cifra se expandió a un grado más alto, a más de 114 billones de yuanes, en 2021, contribuyendo con más de 30 por ciento al crecimiento económico mundial.

En 2012, el PIB chino se situó en torno a 53.86 billones de yuanes, alrededor de 11.5 por ciento del total mundial.

Pero estos logros, en medio de un difícil ambiente mundial en lo político, económico y social, deteriorado por la pandemia, la guerra en Ucrania y una fuerte inflación, se han concretado bajo una filosofía del desarrollo centrada en las personas. Esta filosofía se basa en que el pueblo es el creador de la historia y la fuerza fundamental que determina el futuro del PCCh y del país en general.

Asimismo, busca asegurar que el pueblo disfrute de una vida feliz, y es una manifestación importante del propósito fundamental del partido, de servir al pueblo «de todo corazón». Reconoce que el apoyo público, la aprobación y la satisfacción dependen no sólo de lo que se dice, sino de lo que se hace.

China reconoce su estilo pragmático en un sistema moderno y con capacidad de gobernanza. «El enfoque dice más que las palabras, y la conducta revela más el enfoque.» La práctica es la mejor piedra de toque de la eficacia de nuestros sistemas, explica Xi. Señala que «a menudo he dicho que sólo el usuario de los zapatos sabe si les quedan o no. El pueblo chino sabe mejor si el sistema socialista chino se adapta al país o no».

El sistema socialista chino y el sistema de gobierno estatal no cayeron del cielo, sino que emergieron del suelo chino por un largo proceso de revolución, desarrollo económico y reforma. Son el resultado de una combinación de los principios del marxismo con las condiciones de China, detalla Xi.

«Nuestro sistema estatal y de gobierno estatal siempre están dirigidos a proteger y desarrollar los intereses fundamentales de la mayoría posible de la gente, garantizar y mejorar su bienestar, y compartir los frutos de la reforma entre todo nuestro pueblo de una manera justa», insiste.

Xi confía en que cuando hayan derrotado a la pobreza en esta generación «habremos puesto fin, de una vez por todas, a la pobreza que ha encadenado a la nación china durante milenios. Esto será una fuente de gran orgullo».

Las políticas de la gran nación de Oriente han sido eficaces para impulsar el desarrollo económico, político y social del país. Han tenido efectos favorables sobre su población. La han convertido en la segunda potencia económica mundial, después de la incierta economía estadunidense.

*Reportero y editor

La Jornada