Crecen protestas de universitarios en contra del apoyo de EE.UU. a Israel

Más de 8.000 movilizaciones desde octubre

Por Jim Cason, David Brooks

Imagen: Caroline Fohlin, profesora de Economía de la Emory University (Atlanta, Georgia) fue golpeada y arrestada por la policía. (AP Foto/Mike Stewart)

Washington y Nueva York., La escalada de protestas estudiantiles en Estados Unidos es parte de un enorme movimiento que está exigiendo el fin del apoyo estadunidense a la guerra de Israel contra el pueblo palestino en Gaza, y cuyas dimensiones hasta la fecha incluyen más de 8 mil actos en por lo menos 850 ciudades y pueblos en el país durante los recientes siete meses.

Ante la intensificación de las movilizaciones, caracterizadas justo por su diversidad con la participación de estudiantes y profesores judíos y musulmanes, autoridades universitarias y políticos nacionales y locales han reaccionado con represión, castigos, expulsiones y clausura de actividades.

Pocas semanas antes de la fecha de graduación, la Universidad del Sur de California (USC) anunció que cancelará la ceremonia con la que concluye el año escolar, mientras autoridades en otras casas deestudio y supuestos bastiones de la libre expresión han llamado a la policía para reprimir y arrestar a sus propios estudiantes.

La Guardia Nacional sofoca la libertad de expresión

La vocera de la Casa Blanca rehusó opinar sobre el despliegue de elementos de la Guardia Nacional en algunos campus, en tanto el Congreso analiza la aprobación de un proyecto de ley para clausurar organizaciones no gubernamentales que apoyen a los palestinos.

A pesar de la represión, se pronostica que el poder político de estos manifestantes antiguerra y antigenocidio continuará creciendo al acelerarse las campañas presidenciales. El rotativo conservador The Wall Street Journal, citando datos del Nonviolent Action Lab de la Universidad Harvard (y por cierto, una de las universidades donde este movimiento se ha expresado) reportó que el número total de protestas en el país contra la guerra de Israel en Gaza ha superado 8 mil con acciones en más de 850 ciudades.

Aunque las movilizaciones son considerablemente más pequeñas que las que ocurrieron después del homicidio de George Floyd en mayo de 2020, que floreció en el llamado Black Lives Matter contra la violencia policiaca contra minorías, el director del proyecto en Harvard espera que el activismo continúe creciendo durante el verano. “Sin esa comparación… creo que, ‘guau, es uno de los movimientos de protesta más grandes en mucho tiempo”, comentó el politólogo Jay Ulfelder al Journal.

Ayer estudiantes en otras universidades empezaron a instalar plantones para sumarse al coro que exige que las casas de estudios superiores anulen sus inversiones en empresas que de alguna manera apoyan la guerra de Tel Aviv en el enclave palestino.

De Boston a Texas, y de Chicago a Florida cada vez más estudiantes están demandando que sus escuelas proclamen su oposición a esa conflagración y al apoyo de Washington.

En Los Ángeles, un noticiero de televisión local de ABC News trasmitió una entrevista con Lazar Allano, padre de una estudiante en la USC que forma parte de este movimiento. Estoy aquí para apoyar a mi hija, está estudiando aquí, están protestando contra un genocidio. Ningún joven merece ser asesinado. Mi hija empezó a organizar, dice que tenemos que apoyar a Palestina.

Se unen diversos credos religiosos

Imágenes de los múltiples sitios de movilizaciones en las universidades muestran a jóvenes estudiando (es casi fin de semestre) orando e incluso realizando la ceremonia de los días sagrados judíos de Pascua.

A unas cuadras de la Casa Blanca, en la Universidad George Washington, alumnos empezaron a instalar su plantón, igual que los que ahora se están colocando en Pittsburgh, Houston y Tallahasee, así como en cada vez más ubicaciones.

Aunque casi todas las manifestaciones han sido pacíficas y los medios –incluyendo los estudiantiles– reportan la presencia de alumnos judíos, musulmanes, cristianos, ateos y de otros credos religiosos, quienes expresan de manera unida su ira y repudio a la ofensiva israelí contra palestinos, y critican la complicidad del gobierno estadunidense, así como a diversos líderes políticos que siguen intentando caracterizar las protestas como antisemitas.

Para la administración de Joe Biden, el creciente movimiento amenaza con reducir la participación electoral, sobre todo de jóvenes, y con ello se complica la relección del demócrata.

Activistas ya están elaborando planes para realizar manifestaciones monumentales ante la Convención Nacional Demócrata en Chicago en agosto, mientras continúan haciendo acto de presencia en casi todos los actos públicos del presidente y su equipo para exigir que Washington llame al cese el fuego inmediato.

Algunas de las imágenes más brutales de esta semana provinieron de la Universidad de Texas, en Austin, donde el gobernador republicano Greg Abbott desplegó a policías estatales con equipo antimotines para arrestar con violencia a estudiantes.

El diputado federal demócrata Greg Casar, quien representa a Austin en el Congreso, visitó a los manifestantes ayer para dejar en claro que no todo político elegido apoya al mandatario estatal.

Nuestro país siempre ha sido mejor cuando escuchamos a estudiantes que desafían las guerras y defienden lo correcto, comentó Casar a los estudiantes, y agregó que otros alumnos llegaron justo a esa misma ubicación en 1960 para condenar la segregación racial; en 1969 contra la guerra en Vietnam, y en 2003 en repudio a la conflagración en Irak.

Necesitamos un alto el fuego ahora en Gaza. Esas memorias históricas de movimientos estudiantiles también se están descubriendo y marcando por los jóvenes en las universidades de Columbia y de California en Berkeley, ejes del movimiento estudiantil de los años 60, entre otros.

En la Universidad Emory en Georgia, un policía esposó a una mujer tras aprehenderla, y mientras era escoltada, alguien le pregunta: «¿Qué necesita?», y ella responde: «Por favor, habla a la Facultad de Filosofía para avisarles que he sido arrestada; soy la presidenta de la facultad».

Con información de La Jornada (México)