Cuán verde era mi valle

Cambio climático y datos de la economía mundial, ambiente poco amable para la Argentina

Por Enrique Aschieri

Imagen: Valle de la Luna, Parque Provincial Ischigualasto, San Juan, Argentina.

Algunos acontecimientos de la coyuntura mundial dan cuenta de cuánto estamos como queremos y, a su vez, en tanto expresiones de las tendencias de fondo que se cocinan en la acumulación a escala mundial, observadas desde la velluda frente de las pampas, son identificables como indicios de qué podría hacer —y no hace— para levantar su ánimo la alicaída Argentina. En el ramillete se dispone lo que el Sena tiene para decirle al Riachuelo en medio del calorcito del espantoso verano Boreal, lo que nos induce a poner las barbas en remojo, aunque los meteorólogos advierten que con los datos actuales no se puede afirmar o desmentir que el infernal verano europeo se replicará aquí en las vísperas del solsticio de verano, que acontecerá el próximo 22 de diciembre.

Para darle colorido al buqué, junto al calor bochornoso, hacen su aparición las acusaciones de la Justicia de Manhattan al rutilante, el multimillonario ladri de turno con amplios contactos e intereses por acá. A trescientos años de su nacimiento, no está para olvidar que Adam Smith escribió que a los seres humanos «les gusta cosechar allí donde no sembraron».

Matizan, como si fueran los helechos que todo buen ramo debe llevar, los datos de la marcha de la economía mundial, que contrastan con la estropeada propia. En tanto, y siempre esgrimiendo los temores inflacionarios, la Fed y el Banco Central Europeo aumentaron sus tasas de referencia. Por temores inflacionarios debe leerse que los trabajadores en los países desarrollados están consiguiendo los aumentos de salarios por los cuales están peleando.

París bien vale una malla

En 1923 las autoridades parisinas prohibieron nadar en el río Sena debido a la contaminación de sus aguas por las industrias y el vertido de las cloacas. Hace unas décadas comenzó la limpieza y recuperación del río y de obras que impidieran volver a contaminarlo. Ahora, en medio de un calor de locos, París está reabriendo el río Sena a los bañistas por primera vez en 100 años. Estropear el medio ambiente y recuperarlo, tras las positivas experiencias de ríos tan emblemáticos de las revoluciones burguesas como el Támesis y el Sena, alientan en la aldea a no perder las esperanzas con el Riachuelo y en el planeta a que es posible encauzar el desmadre del cambio climático.

A propósito del cambio climático, el martes la World Weather Attribution (WWA), una organización de científicos que trabaja en temas relacionados con el clima, publicó un informe donde se indaga la causa del calor extremo que asoló el hemisferio norte este verano. Se unieron para prender el horno la corriente de El Niño y el cambio climático. El Niño es un fenómeno propio de la naturaleza que ocurre cuando las aguas cálidas suben a la superficie del océano Pacífico, lo que redunda en que el aire se caliente más de lo habitual.

Aunque eso sí, a la hora de ponderar las responsabilidades en el calor extremo de este año en América del Norte, Europa y China, en el informe de la WWA se afirma que alcanzó niveles más altos debido a las emisiones de gases de efecto invernadero y otros factores creados por los seres humanos. De acuerdo con los autores del informe, conforme los datos que arrojan sus modelos de simulación cuando son corridos en las computadoras, si hubiera impactado únicamente El Niño —sin concurso del cambio climático, la ola de calor en el norte del Atlántico y en el este de Europa hubiera sido —en promedio— 2 °C menos cálida y en China 1 °C. No hay que perder de vista que en asuntos de clima avanzar o retroceder en promedio un grado centígrado en la temperatura del medio ambiente hace mucha diferencia.

Desde el cumplimiento —hablando de Roma— del acuerdo de París y su profundización, hasta la infraestructura y la adaptación tecnológica a un mundo más caliente y cálido, implican decisiones políticas y muchos fondos aplicados para hacer vivible un planeta con signos de que, así como venimos, la chocamos sin paragolpes. Es que el largo período de tiempo que supone el proceso que va desde la anomalía actual hasta su reequilibrio, para sobrellevar las temperaturas más altas y fenómenos meteorológicos extremos —que todo parece indicar que irán sucediendo en el mientras tanto—, requiere una infraestructura —hoy inexistente— para poder vivir y trabajar y no morir sofocado en el intento.

Una de piratas

Y en medio del clima hot, se entregó el martes a las autoridades de Manhattan, Joseph (Joe) Lewis, el multimillonario británico de 86 años, propietario del club de fútbol inglés Tottenham Hotspur. Los fiscales estadounidenses lo acusaron de tráfico de información privilegiada. Lewis se declaró inocente el miércoles y fue puesto en libertad bajo una fianza de 300 millones de dólares. Entre nosotros, Lewis es conocido por su amistad con Mauricio Macri, por poseer una parte del paquete accionario de Edenor y más que nada por haberle escondido —ilegalmente— a los argentinos el Lago Escondido, el espejo de agua que se encuentra en una estancia de la Patagonia de su propiedad. El inglés se cree con derecho —violando la normativa vigente— a que nadie alcance sus orillas. Hace años le viene haciendo pito catalán a los fallos de la Justicia que ordenan reabrir el camino al lago que cerró. El aumento descomunal de las tarifas eléctricas que decretó Macri durante su mandato, junto al impulso y sanción de eliminar en la Ley de Tierras el tope de mil hectáreas que tenían los extranjeros beneficiaron a Lewis. El anecdotario recuerda que Lewis le prestó el helicóptero a Macri cuando recién asumido lo visitó el POTUS Barak Obama, que estaba de salida.

La fortuna de Lewis se estima en más de 6.500 millones de dólares. Lewis fue acusado de repartir desde hace años información privilegiada «como una forma de compensar a los empleados y obsequiar a amigos y amantes», al decir de Damian Williams, fiscal federal para el Distrito Sur de Nueva York, quien caracterizó al modus operandi del millonario inglés inscripto en la «corrupción corporativa clásica» y redondeó señalando que «esas personas luego operaban con esa información privilegiada y ganaron millones de dólares en la Bolsa, porque gracias a Lewis esas apuestas eran seguras». La fiscalía acusa formalmente a Lewis de 19 cargos, que van desde declaraciones falsas hasta el fraude de valores y conspiración para cometer fraude de valores.

En la estancia de Lewis de Lago Escondido tuvo lugar el escandaloso encuentro de jueces federales y empresarios (financiado por estos) en octubre de 2022, sobre el cual el director de El Cohete informó con pelos y señales. También, hace unas semanas, relató un episodio similar —pero en Alaska— entre un juez de la Suprema Corte y Paul Singer, el mandamás del fondo buitre que jodió en gran forma a la Argentina. Macri arregló el entuerto con los fondos buitres, aceptando todas las demandas de Singer y encima pagándole los abogados.

A diferencia del capitalismo argentino, en el norteamericano hay tendencias contrapuestas, sobre todo cuando se intenta piratear al capital de las especies depredadoras (no hay de otro tipo) que pululan por el más poderoso —por lejos, lejos— mercado financiero del planeta. Cuando se trata de unos billetes de un país periférico, vaya y pase, pero cuando es la propia, de ninguna manera, como algunos sospechan, aprendió tarde el malogrado José Estenssoro y ahora debe estar tomando nota Joe Lewis.

Tal es el contraste en el comportamiento entre los dos capitalismos, que entre los candidatos que están más a la derecha que compiten por la poltrona presidencial en el concurso de quién es más malo y cruel se apareja el de quién baja más impuestos. La seriedad no cotiza en la Argentina. En el norteamericano se cuecen otras habas. «Tenemos el mandato de una mayoría abrumadora y bipartidista que está furiosa porque los maestros, los bomberos y las enfermeras pagan más impuestos que Jeff Bezos, Elon Musk y Mark Zuckerberg», dijo la representante Summer Lee, demócrata de Pensilvania y patrocinadora del proyecto de ley que presentó junto a sus colegas el miércoles, que propone un nuevo impuesto a la riqueza que —según estiman— tras su puesta en vigencia se reducirá la desigualdad. La riqueza familiar promedio en los Estados Unidos es calculada en 120.000 dólares. A partir de los 120 millones de dólares se paga el 2 % en concepto de ese impuesto.

La pelea no es fácil. El presidente Biden, en marzo, propuso un impuesto del 25 % sobre todas las riquezas superiores a 100 millones de dólares. Los republicanos se opusieron al proyecto de ley y el jefe de esa bancada, Kevin McCarthy, dijo que no está inclinado a un impuesto sobre el patrimonio. A todo esto, la Corte Suprema acordó en junio tratar un caso fiscal el próximo período con consecuencias potenciales para un impuesto sobre el patrimonio. Habrá que ver si pescar salmones en Alaska resulta tan efectivo como darle a la mosca en pos de la trucha en los bellísimos riachos patagónicos.

Interés en alza

Es indudable que con el auge de los robots, los dislates del cambio climático y —huelga tenerlo presente— la desigualdad en aumento al interior de los países, este es un mundo que necesita más impuestos, no menos impuestos. Mientras se acomodan las margaritas para luego ser deshojadas, a mediados de semana la Fed aumentó su tasa objetivo otro cuarto de punto. Esto significa que la tasa de fondos federales a un día que estaba en 5,25 % ahora es de 5,5 %. Es el nivel más alto en 22 años.

En medio de señales de que la inflación está retrocediendo, la Fed continúa combatiendo el aumento de precios. El índice de precios al consumidor de junio mostró una fuerte caída en la inflación general de los Estados Unidos. Cuando en rueda de prensa se le preguntó al presidente de la Fed, Jerome Powell, por qué esos datos no respaldaron la decisión de mantener las tasas estables, Powell dijo: «Vamos a tener cuidado de tomar demasiada señal de una sola lectura» y mantuvo abierta la posibilidad de que se produzcan más aumentos de la tasa de interés.

Powell indicó que la Fed tiene un enfoque de «reunión por reunión» para determinar si aumentará aún más las tasas. Tal ambigüedad se tradujo en que Powell les dijera a los periodistas que «ciertamente es posible que volvamos a subir la tasa de los fondos en la reunión de septiembre si los datos lo justifican, y también diría que es posible que optemos por mantenernos firmes en esa reunión». También tal ambigüedad apareció al descartar una recesión este año «dada la resistencia de la economía» por lo que es «ciertamente posible» que la Fed vuelva a subir las tasas en septiembre, aunque también es «posible que optemos por mantenernos estables en esa reunión». A este ritmo, los analistas esperan una «recesión leve» que comenzaría a finales de este año.

Para no ser menos y obligado por las circunstancias, el Banco Central Europeo el jueves —un día después de la Fed— elevó su tasa de interés objetivo otro 0,25 %, llevándola al 3,75 %, el noveno aumento consecutivo. Al igual que la Fed, con ese aumento el BCE llegó a un máximo histórico para esa tasa que no tocaba desde 2001. La presidenta del BCE, Christine Lagarde, interrogada en la rueda de prensa acerca de por qué no tomaba en cuenta la desaceleración inflacionaria, respondió que los funcionarios tienen «una mente abierta en cuanto a cuáles serán las decisiones en septiembre y las reuniones posteriores». Con no menos ambigüedad que Powell dijo Lagarde que «existe la posibilidad de una subida, existe la posibilidad de una pausa».

Por lo visto, los principales bancos centrales están entrando en una nueva fase en este ciclo, pero que hasta el momento no ha impactado en el crecimiento. Así da fe el informe «Perspectivas de la economía mundial» del FMI dado a conocer a mediados de semana. Por lo pronto, respecto de los precios, señala el FMI en su informe que «se espera que la inflación global general caiga del 8,7 % en 2022 al 6,8 % en 2023 y al 5,2 % en 2024. Se prevé que la inflación subyacente (básica) disminuya de forma más gradual, y las previsiones de inflación en 2024 se han revisado al alza».

En el informe del FMI se proyecta que el crecimiento mundial será del 3 % este año y el que viene; 0,2 % más de lo que anticiparon en abril, pero más lento que el crecimiento mundial del 3,5 % del año pasado. Se deslieron los malos presagios del año pasado de que la economía mundial iba derecho —y sin escalas— hacia una fuerte desaceleración. Sin embargo, el FMI advierte que «la turbulencia del sector financiero podría reanudarse a medida que los mercados se ajusten a un mayor endurecimiento de las políticas por parte de los bancos centrales. La recuperación de China podría ralentizarse, en parte como resultado de problemas inmobiliarios no resueltos, con efectos de contagio transfronterizos negativos. El problema de la deuda soberana podría extenderse a un grupo más amplio de economías».

Lo cierto es que el FMI espera que los salarios reales recuperen en los países desarrollados años de terreno perdido, lo que sugiere que la inflación se arraigará más en la economía y habrá que subir más la tasa de interés. El clima es hostil en todo sentido para la Argentina. Una conformación política interna en la que prevalece el espíritu de ahondar el intercambio desigual, inevitable si el centro sube los salarios y acá sigue prevaleciendo el espíritu bajista, incluso si los salarios quedan así como están. La perspectiva de alza de la tasa de interés global le da de comer al partido de la deuda externa al dificultar su renegociación. Encima estos acólitos quieren pagar menos impuestos, cuando todo indica que se necesita más Estado, no menos Estado. Vamos a necesitar suerte.

El Cohete a la Luna