De Carlitos Chaplin a Javier Milei: El dictador de leyes

Esperaban que la protesta llegara del peronismo o los movimientos sociales. Los desubicó la movilización inmediata y espontánea de la clase media urbana en la que tuvo mucho respaldo electoral. Milei perdió fuerza en una disputa que recién empieza.

Por Luis Bruschtein

Imagen: NA

En diez días, el gobierno de Javier Milei se convirtió en el que más rápido dilapidó el respaldo que obtuvo en las urnas. El DNU mamotreto que elaboraron los estudios de abogados que trabajan para corporaciones y bancos provocó rechazo masivo e inmediato. El nefasto Federico Sturzenegger, que compite con Domingo Cavallo en pergeñar maldades contra los argentinos, se hizo el sorprendido por las ruidosa protesta en el barrio de Caballito, donde suma votos Juntos por el Cambio: “es la primera vez que veo protestar a la gente porque se le da más libertad”. Sabe que en vez de libertad, el DNU será una catástrofe para la gran mayoría.

Pequeños y medianos empresarios barridos por la desregulación del comercio exterior, comercios cerrados por la caída abrupta del consumo, trabajadores esclavizados al perder sus derechos laborales, jóvenes en la calle sin salida laboral y Juan Schiaretti, que puso a su exministro Osvaldo Giordano al frente de la ANSES, quedará como cómplice de la masacre de jubilados por la declaración inconstitucional de la emergencia previsional.

La lista sigue con ciudadanos sin salud, con medicamentos y prepagas impagables, ciudadanos sin libertad de protestar, sin libertad de huelga, inquilinos desalojados por alquileres en dólares y renovables en forma arbitraria, y un pueblo acorralado, estafado y empobrecido por todo lo anterior y por la entrega de sus bienes comunitarios como YPF, Aerolíneas, ARSAT o el Banco Nación.

El miércoles, en las estaciones de tren se repetían amenazas a los ciudadanos que participaran en protestas: que si iban con sus hijos corrían el riesgo de que éstos fueran encerrados en institutos o que se les quitarían las ayudas. Los altavoces repetían amenazas que también habían sido difundidas en carteleras públicas. Fuerzas de seguridad habían instalado retenes en todos los ingresos a CABA. Los policías paraban los colectivos y filmaban a los pasajeros, tratando de detectar pobres como potenciales manifestantes. Miles de efectivos policiales apostados en el centro de la ciudad. Escenario de una dictadura.

Milei fue a la Policía Federal para respaldar el despliegue desmedido y amedrentador. Diez días de presidente. En ese momento dos sondeos de opinión ya mostraban un descenso marcado en la valoración de su imagen, por debajo de la cantidad de votos que lo llevaron a la Rosada. Todos los presidentes anteriores aumentaron su respaldo después de asumir. Con Milei es al revés: tras los primeros anuncios del ministro de Economía, Luis Caputo, la curva de respaldo empezó a descender.

Además de impedir la marcha de la Unidad Piquetera, el despliegue inusitado de la represión buscó amedrentar la posible protesta que sabía que provocaría su discurso nocturno. Pero esperaban una protesta sindical o de los movimientos sociales, y en los días siguientes. La sorpresa fue que la protesta no surgió del conturbado, de los movimientos sociales, de La Cámpora, o del Movimiento Evita ni de la CTA, sino que saltó esa misma noche en los barrios de clase media, como Caballito, Boedo, Palermo, o Barrio Norte, donde había ganado la elección. Fue tan inesperado que no le dio tiempo para sacar la policía.

Por la forma como reaccionaron fue evidente que les dolió. El jueves a la noche, se repitieron las protestas que ya se extendieron a todas las ciudades. Pero esta vez habían vallado y saturado de policías los alrededores del Congreso. Igual no pudieron impedir que la gente se expresara.

Esa movilización espontánea de la clase media urbana, tuvo doble impacto. Primero porque fue el sector donde este gobierno tuvo más votos. Y segundo porque habilitó la protesta de la oposición más organizada. Hasta la noche de ese miércoles nadie quería ser el primero en salir a manifestar contra un gobierno que había cosechado el 55 por ciento de los votos. Si la popularidad del peluca Milei estaba en caída antes del miércoles, a partir de allí, descendió todavía más. Es mucho menos que el gobierno del 55 por ciento.

Pero si habilitó las protestas de la CGT, de un peronismo que todavía necesita recuperar credibilidad, de los movimientos sociales demonizados por los cortes de calle, de inquilinos y jubilados que ya no estarán aislados en un mar de oficialismo, por el otro lado inhibió la movilización que estaban preparando los seguidores de Milei. El miércoles había más manifestantes frente al Congreso para protestar contra Milei, que el día que asumió. Y la protesta fue espontánea, mientras que el día de la asunción llevaron a la gente en colectivos.

Una movilización de apoyo a Milei estaba preparada para hoy sábado y la tuvieron que cancelar. Dijeron que temían provocaciones, pero en realidad no encontraron eco suficiente para la convocatoria. Ahora es al revés que hace diez días. Hay un clima de mucha bronca con este gobierno o de temor por lo que pudiera pasar. Nadie quiere salir a defender lo que puede terminar en un desastre.

El único objetivo de derogar 300 leyes y reformar otras 300 —según Sturzenegger— por decreto de necesidad y urgencia fue no pasar por el Congreso. En la mayoría de esas normas no hay necesidad ni urgencia y otras no se pueden aplicar por decreto.

La palabra “dictador” alude al que “dicta las leyes”. El diccionario lo define como “persona que se arroga o recibe todos los poderes políticos y, apoyada en la fuerza, los ejerce sin limitación jurídica”. Esa mañana del miércoles hizo recordar un día de la dictadura. El DNU lo reforzó. Mientras la Justicia no lo anule, la vigencia del DNU será sostén de una dictadura que se instaló a partir de un golpe legislativo realizado por el Ejecutivo. El intento de ignorar el Congreso y de legislar en temas que no le competen, tiene que ser castigado judicialmente.

El escenario fascistoide como se hizo el anuncio con cuatro personas paradas y firmes, dos a cada costado y ocho sentadas, cuatro a cada lado, parecía armado con un sentido esotérico energético como fue la última exhortación a “las fuerzas del cielo”. No se entiende el sentido de la escenificación ni del DNU, si quisieron hacer una demostración de fuerza o de principios. No se entiende por lo irregular del procedimiento que obliga al Poder Judicial a rechazarlo al mismo tiempo que se malquista con fuerzas legislativas que podrían acompañarlo en tramos del DNU.

Los grandes fondos de inversión y las corporaciones lo respaldan pero dejarán de hacerlo si pierde legitimidad, porque pondría en riesgo cualquier operación que vayan a realizar amparados por las inconsistencias del megaDNU. La disputa recién comienza. El gobierno seguramente tendrá una estrategia judicial y otra para el Congreso, las que mostrarán de qué lado juegan algunos jueces. Solamente con retrasar el tratamiento favorecen su vigencia. Y se verá el juego de los parlamentarios.

Necesita que lo apruebe una sola Cámara y en el Senado demostró que el PRO y el radicalismo lo han respaldado, además de la asociación con los senadores cordobeses, tanto de Juntos por el Cambio, como los de Schiaretti, socios del gobierno a través del titular de ANSES, que seguramente respalda el intento de destruir las jubilaciones por decreto.

23/12/23 P/12