Democracia expuesta

¿La democracia se está muriendo de odio o de hambre? ¿Cuánto de su crisis explican los discursos intolerantes y cuánto la dura economía política? ¿Qué alimenta las bajas pasiones que canalizan de manera invariable las nuevas fuerzas reaccionarias?

Por Colectivo editorial ALAI

Ilustración: Kalia León

Toda democracia nace de una dictadura o de la guerra. Y sería muy difícil, cuando no imposible, abordar este fenómeno sin hablar de las muy diferentes definiciones que el hecho democrático ha adoptado en las últimas décadas en América Latina y el Caribe, en procesos que no siempre fueron simultáneos, y que jamás fueron idénticos. Tras el Plan Cóndor y las doctrinas contrainsurgentes de la guerra sucia, consumada la demolición del Muro de Berlín, y en la tierra arrasada de las políticas de ajuste estructural, la democracia fue en algunos casos recuperada como conquista, mientras que en otros sitios fue rehabilitada como mera concesión, desbaratados ya los proyectos de liberación social, nacional y continental que supieron asediarla por izquierda.

Sin embargo, los estallidos sociales antineoliberales, la emergencia y consolidación de los nuevos movimientos populares, y la ola de gobiernos progresistas y de izquierda que fueron cubriendo la región –un fenómeno sin parangón a nivel global– comenzaron a disputar y apellidar una democracia que se volvió, según el caso, popular, participativa, directa, protagónica, asamblearia, constituyente o plebiscitaria. La práctica de una democracia radicalmente definida alcanzó sus más elevadas cumbres en los ciclos político-constituyentes de Venezuela, Bolivia y Ecuador, cuando movimientos y liderazgos emergentes la tensionaron hasta arrancarla de sus estrechos moldes demo-liberales.

Pero mucha agua corrió bajo ese puente. La democracia latinoamericana y caribeña no atraviesa hoy su mejor momento, y su estado de salud es cuando menos precario. Pero el debate comienza cuando dejamos de lado un diagnóstico compartido y pasamos a preguntarnos sobre las causas de la enfermedad, sobre la debilidad de los anticuerpos y sobre el origen de los “agentes patógenos”.

La democracia aparece en nuestra región expuesta en su doble sentido. Para los optimistas, expuesta en sus limitaciones formales, algo desconcertada frente al sorpasso ultraconservador, asediada desde afuera, mal ponderada, incomprendida, pero aún recuperable. ¿Su principal argumento? La «segunda ola progresista» que cubre, sin importar la intensidad de su color, buena parte del mapa continental. Para los pesimistas, la democracia aparece también expuesta, pero como una fractura, con sus huesos completamente rotos y tendidos a la intemperie. ¿Su principal argumento? Que los golpes y tentativas de golpe hace tiempo dejaron de ser la excepción para confirmarse como regla, y que las ultraderechas, antes marginales, hoy son ganadoras seguras o al menos muy dignas contrincantes electorales en la casi totalidad de nuestros países.

La línea rectora de nuestra revista (la democracia) se abre en un haz de subtemas: el vigor relativo de cada una de nuestras post-dictaduras y post-conflictos; los procesos electorales en tiempos de dictadura algorítmica; los golpes de Estado de nuevo tipo; la emergencia de nuevas derechas y de nuevos ideologemas reaccionarios; la decrepitud de los partidos y la popularidad de los outsiders; la definición agónica de renovados “enemigos existenciales”, ya sean reales o imaginarios; las movilizaciones regenerativas de corte antineoliberal o popular-democrático; las esperanzas de nuevas refundaciones constitucionales; los nuevos –y en algunos casos vacilantes– gobiernos progresistas; y las oportunidades y constreñimientos que ofrecen las salidas (meramente) electorales.

Sospechamos que las miradas aisladas o cortoplacistas impiden dar una mirada del conjunto, y no permiten llegar al balance acertado. Por eso elegimos los casos testigos de Brasil, Chile, El Salvador, Perú y República Dominicana, que no solo buscan ser representativos de América Latina y el Caribe, sino que permiten cotejar el vigor relativo de cada uno de nuestros ciclos democráticos respectivos, colocándolos en cada caso en la balanza del debe y el haber.

En este escenario, y detrás de una democracia que aparece fuera de quicio, reducida a su mera expresión formal, agonizante de burocracia y de retórica, cada país se ve acosado por sus propios fantasmas, que regresan como los síntomas mal reprimidos: el trujillato, el racismo y el nacionalismo hispanista en República Dominicana; la dictadura de Alberto Fujimori y la perdurable construcción de un enemigo interno; el nunca consumado post-pinochetismo chileno y el eterno retorno de la Concertación; el truculento viaje que lleva del terrorismo de Estado al terror de las maras y el estado de excepción en El Salvador; y las viejas y eventuales nuevas amnistías en un Brasil que supo ofrecer garantías para la impunidad.

Como primera síntesis de este ensayo de interpretación, y como antesala de la revista que nos ocupa, varias preguntas urgentes se nos imponen: ¿la democracia se está muriendo de odio o de hambre? ¿El trabajo de zapa corre a cuenta de los discursos intolerantes o más bien de la dura e inflexible economía política? ¿Cuánto explican las matrices de opinión y las fake news y cuánto los sostenidos índices de precariedad, exclusión, desigualdad, pobreza y hambre? ¿Qué alimenta las bajas pasiones que canalizan de manera invariable las nuevas fuerzas reaccionarias? ¿Los enemigos de la democracia son puramente externos o campean también en las propias filas progresistas? ¿Todo es ceguera e irracionalismo o hay elementos lógicos de identificación positiva entre líderes y masas ultraconservadoras? ¿La democracia se defiende “con más democracia” como se suele repetir, o la frase no revela acaso más que la completa ausencia de estrategia e inventiva?

Ante todas estas preguntas irresueltas, creemos que algo es seguro: ni la moderación ni los buenos modales parecen estar reanimando a la víctima, ni la geopolítica global pareciera traer consigo aires vivificantes. ¿Podrá la democracia conquistar una sobrevida? ¿Volverá a ofrecer más que quimeras?

ALAI – Agencia Latinoamericana de Información.


Este ensayo de interpretación fue publicado en la edición #556 de la revista de ALAI, disponible aquí.