DNU, fútbol y una humanidad abolida por decreto

Por José Luis Lanao*

Javier Milei propone que los clubes puedan ser privatizados. Imagen: Leandro Teysseire

Cuanto tardamos en reconocer a los que nos van a joder la vida. La incapacidad de imaginar verdaderamente un peligro y dejarse llevar puede ser una muestra de cordura democrática o de estúpido fatalismo. Incluso aquellos, cuyo sentido extraviado de la rebeldía los lleva a vindicar como ejercicio de libertad individual lo que no es ni ha sido nunca más que un cautiverio destructivo. Esos abismos sin regreso, con mecanismos adecuados para la propia destrucción es la prueba definitiva de una imbecibilidad aterradora.

Si antes había una Argentina que mordía y otra que bostezaba, hoy una está en venta y la otra no puede pagar el alquiler. No hay nada ahí afuera que sea un marco coherente, un telón de fondo que nos permita comprender de forma clara lo que está pasando. Este mal sueño del que no podemos despertar porque lo estamos teniendo con los ojos abiertos. El DNU es de una crueldad súbita, inhumana, salvaje. De un desapego psicótico. Ya no solo se despojan de los que sobran, de los que no encajan.

Son torturadores sociales con cara de felicidad, pretendiendo con desesperación histriónica fabular un relato inhumano para consumo de fieles palmeros. Hace falta tenerse poco respeto para validar una manera tan infame y desvergonzada de ejercer el poder. Este escándalo de revivir los horrores de una economía “virtuosa” que destruye y arrasa con todo, con la coartada de defender ideales nobles, libertarios, en un país en que todo el mundo debería andar por ahí en harapos, dada la pasión nacional de los poderosos por rasgarse las vestiduras.

En el mundo de hoy el absurdo contiene numerosas trazas de sutilezas. Que se lo digan a Patricia Bullrich, que ayer bautizaba el día nacional del antipiquete sin corte del tráfico, y al caer la noche le nacieron como champiñones una sinfonía de cacerolas y sartenes que freían sin aceite las tripas del malestar social. Al final, fue el día del piquetazo. Es lo que tienen los eclipses de utopías. Aún así, uno se pierde con tanta improvisación. Parece ser que con una cacerola se puede transitar por la calle. Pero con una tostadora hay que ir por la vereda. No es normal. «El problema no es el chef, sino la receta», dijo Milei. La receta es sencilla, conocida. Los economistas usan demasiados tecnicismos, pero el DNU te vino a decir que los alquileres y la comida van a estar por las nubes; que las facturas del agua, del gas y de la luz que cuelgan de tu heladera te van a dejar congelado; que cuando vayas a buscar trabajo tendrás que preguntar: “¿se paga algo por el laburo?”. Algo así. Esas cosas sin importancia, de la vida cotidiana. 

Además, tu querido club de fútbol puede ser privatizado y convertido en Sociedad Anónima Deportiva. Una SAD, como el dueño de la pelota cuando éramos chicos. Que instinto desarrolló Riquelme para percibir el objetivo que lo llevó a Mauricio Macri a participar en las elecciones de Boca. Esto demuestra que hacía mucho tiempo que estaba sobre la mesa la modificación de la ley, fuera quien fuera al balotage, Milei o Bullrich. Ya somos rehenes del modelo ultraliberal. No hemos estado atentos a la hondura del abismo. Nos han convertido en una humanidad abolida por decreto.

(*) Periodista, ex jugador de Vélez, clubes de España y campeón mundial 1979

21/12/23 P/12