Dos periodistas audaces contra la dictadura

Entrevista con los cronistas neerlandeses Frits Jelle Barend y Jan Van der Putten

Los dos cubrieron el Mundial ’78. Pero fueron más allá. El primero se le plantó cara a cara a Videla y su compañero les dio voz a las Madres de Plaza de Mayo.

Por Gustavo Veiga

Frits Jelle Barend y Jan Van der Putten revivieron su estadía para cubrir el Mundial 78. Imagen: Leandro Teysseire.

Periodistas cabales, Frits Jelle Barend y Jan Van der Putten hicieron suyo aquel compromiso con que Rodolfo Walsh cerró su célebre carta abierta a la junta militar el 24 de marzo de 1977: el de “dar testimonio en momentos difíciles”. Los dos profesionales de Países Bajos, hoy con las marcas del tiempo a sus 75 y 81 años – respectivamente- pero también con su lucidez política, volvieron contar en Buenos Aires una y diez veces sus experiencias durante la Copa entre centros clandestinos de detención y vuelos de la muerte.

Interpelados de nuevo por las desapariciones, asesinatos y torturas en la Argentina del Mundial ’78, fueron invitados por el Centro Ana Frank para América Latina (CAFA), con el apoyo de la Secretaría de Derechos Humanos. Barend entrevistó durante una cena en el hotel Sheraton al genocida Jorge Rafael Videla después de la final y desafió a la seguridad del régimen haciéndose pasar por el jugador holandés Wim Rijsbergen. Tenían –dice Frits – bastante parecido físico. Van der Putten logró un documento fílmico que, como él mismo lo define, es “icónico”. El testimonio de varias madres de Plaza de Mayo que reclamaban por sus hijos frente a la Casa Rosada. Jan pudo hablar con esas mujeres valientes y emblemáticas porque dominaba un perfecto castellano.

En la oficina de Héctor Shalom, el director del CAFA, Página/12 dialogó con los dos sobre lo que pasó hace poco más de 45 años.

-Frits, ¿por qué fue Rijsbergen y no otro futbolista el que le facilitó la credencial para ingresar a la cena de festejos del Mundial ’78?

-Yo tenía una apariencia física similar a la de él y ellos, los de seguridad, podían ver mi documento. Mi pelo rubio era parecido al de Wim, pero solo por eso, nada más. Le pedí su credencial porque quería entrar al banquete y la necesitaba, porque estaba prohibido entrar. Y el fotógrafo Bert Nienhuis tenía bastante parecido con otro jugador, pero no recuerdo quién. Lo he olvidado.

-¿Fue algo que pensó en la Argentina y que improvisó o ya había madurado la idea en Holanda antes de viajar?

-No, no, fue espontáneo. Porque yo no pensaba que fuera a hacer un interviú con Videla, ya que era imposible hacer un contacto con él. Y tampoco cuando entramos al banquete tenía idea de qué hacer. Pero cuando lo vi ahí y a otros jerarcas militares, le dije al fotógrafo: ahora vamos a hacer la entrevista. Fue el momento correcto. No podíamos planificarlo y todo gracias al Mundial, porque sin el Mundial habría sido absolutamente imposible.

El momento de la entrevista de Barend a Videla en la gala de cierre del Mundial 78.

-¿Cuánto duró el diálogo con Videla?

-Pienso que cuatro o cinco minutos y yo estaba aquí, con mi micrófono.

-¿Estaba sentado como se observa en una foto?

-Él estaba sentado y yo de pie.

-¿Cuál fue la reacción de Videla a sus preguntas?

-Su primera reacción es cuando yo le digo: “Felicidades por el Mundial”. Y él me responde: “Gracias, gracias, un buen partido, y Holanda ha jugado bien”. Mi segunda pregunta fue: “¿Y dónde está la gente desaparecida?”. Y él dice: “¿qué?”. “Sí, hay mucha gente desaparecida”, le repregunto y le explico que he hablado con muchas mujeres en la Plaza de Mayo que buscan a sus hijos, sus maridos, sus hermanos y él me responde: “Son mentiras, son mentiras”. Y le digo: “No, no son mentiras, he hablado con esas señoras y ellas n son actrices. Yo vi en sus ojos sus problemas, no son mentiras…” le respondí. “Sí, son mentiras”, me volvió a decir. “¿Dónde están? le dije. Y volvió a explicarme: “Hay una guerra, como Holanda que vivió una guerra”. Y yo, que soy judío, que sufrí la pérdida de 46 personas en mi familia, le respondí a él: “yo sé cuándo pasó eso” y la entrevista se terminó.

-¿Algún custodio o militar intentó detener la entrevista?

-Alguien de la seguridad intervino, pero no vestido de militar, sí de civil. El presidente de la federación holandesa de fútbol y el director profesional estaban muy enfadados. Nos preguntaron. ¿Qué hacen aquí? “Hemos sido invitados”, les dije. Queríamos comer buena comida (risas). Estuvimos media hora más y después le dije al fotógrafo: “vamos que tengo que terminar mi artículo”.

-Jan, mientras Frits estaba con Videla en la cena, ¿usted dónde estaba?

– En un departamento que habíamos alquilado con un grupo de tres periodistas para hacer diariamente reportajes sobre Argentina fuera de las canchas. En holandés les decimos: los acontecimientos colaterales, marginales. Porque el Mundial era todo un disfraz, bah, tú sabes.

-La filmación en Plaza de Mayo con las madres, ¿cuándo fue?

Jan: Frits había estado con ellas el día de la inauguración del Mundial, el 1° de junio de 1978. Yo lo hice unas semanas después. Fue un trabajo fuera de mis ocupaciones normales, recuerdo. Ni siquiera para el periódico que trabajaba porque había mandado a un par de periodistas deportivos muy interesados en todo. Pero un equipo holandés de televisión que estaba allí, me preguntó si quería cooperar para hacer las entrevistas porque era el único que hablaba español.

Frits y Jan no tenían conciencia de la importancia de su trabajo en ese momento. (Imagen: Leandro Teysseire) 

-¿Cuándo comprobaron el valor histórico que tenían esas imágenes con las madres en la plaza?

Jan: Ahora sí, pero durante muchos años para nada. Además, mi atención había dejado de estar en la Argentina, seguía más otros conflictos.

– ¿Se enteraron de la carta falsa del defensor holandés Ruud Krol a su pequeña hija donde elogiaba a la dictadura y que escribió un periodista de la revista El Gráfico?

– Frits: Sí, sí. Pero el tema en Holanda fue algo muy pequeño.

– Jan: Yo lo supe solamente cuando tuve que escribir algo para un libro sobre Argentina.

-¿Por qué no viajó Cruyff al Mundial ’78? ¿A qué se debió según ustedes?

– Frits: La única razón es que él había sufrido un robo muy violento en su casa en Barcelona. El no quiso dejar a su esposa sola cuatro o cinco semanas.

– ¿Qué opinan sobre la manipulación del deporte con fines políticos, tal como pasó en los mundiales de Italia 1934, Argentina 1978 o los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936?

– Jan: Tengo una cierta opinión. Porque no asistí solamente al de Argentina. También fui al de México ’86 pocos meses después del gran terremoto y era una vergüenza total. Un disparate con la gente viviendo en la calle…

– ¿Recuerda la consigna que cantaba el pueblo por las calles del Distrito Federal: “No queremos goles, queremos frijoles…”?

Jan: Sí, sí. Y después en Italia ‘90 me tocó el Mundial de la corrupción, el del viejo régimen que más tarde iba a caer. Por eso lo hicieron, para levantar los estadios que costaron cuatro veces más de lo presupuestado. Tú sabes la función social, psicológica y política del deporte, pero es una locura que no puede repetirse con todos esos eventos fantásticos… Quiénes pueden asistir, deben pagar un dineral. Yo tengo una propuesta que escribí en un periódico donde opino de que con todos esos escándalos permanentes, como Qatar también, vamos a empezar por reconocer que el deporte es político. Que es una ficción, una mitología total, la idea de separar a la política del deporte.

– ¿Cuál es su propuesta, Jan?

– Por lo menos deberíamos empezar con las olimpíadas. Que se hagan cada cuatro años en una sola ciudad: Olimpia, en Grecia. Con la misma infraestructura y siempre en el mismo lugar, claro. Sería mucho más barato y más correcto históricamente… y tan lindo. Es un lugar tan bonito en Grecia.

– Se viene el Mundial de Estados Unidos. ¿Cómo lo ven en perspectiva después del escándalo FIFA, con la mudanza de la federación a Miami, Messi jugando ahí y los intereses en juego que hay?

– Frits: Comparto que es una democracia, pero que se está destruyendo desde adentro y si Trump retornara al gobierno, que es posible, huele feo.

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