Dos superproducciones nacionales a todo color

Por Sara Gallardo

(Publicado en Confirmado, Año V, Nº 247, 11 de marzo de 1970, p. 35)

Macaneos. Las columnas de Confirmado (1967-1972) da a conocer un corpus amplio, variado y representativo de las numerosas columnas que Sara Gallardo escribió para el semanario Confirmado desde mediados de los años 60 hasta principios de los 70. Los textos aquí reunidos por primera vez se encuentran entre sus mejores contribuciones y constituyen un material fundamental del periodismo argentino escrito de la segunda mitad del siglo XX. Profundas, llenas de humor y obstinadamente actuales, las columnas periodísticas compiladas en Macaneos iluminan una zona desconocida y extraordinaria de la producción de Sara Gallardo, cuyos libros ya son clásicos de la literatura argentina.

Supónganse que toman vacaciones. Supongan que cerca del hotel hay un cine, cine de vacaciones donde la luz disminuye de pronto hasta la anemia, o el film se corta cinco veces, o un murciélago perturbado se tiñe de colores pasando frente a la pantalla. Y supongan que en ese cine den, con el mismo grito impreso en el programa:
¡EXTRAORDINARIA!, dos superproducciones nacionales «a todo color, lujo», etcétera. Una cada domingo. Son dos obras paralelas, la misma obra para distintas generaciones: El día que me quieras, con Hugo del Carril, y El extraño de pelo largo. No hay que perdérselas. No hay que perdérselas, no porque allí pueda verse retratado el país, sino simplemente porque no hay que perdérselas, porque uno tiene ganas de ir a ese cine, sentarse cerca de las bolsas de cal y las escaleras dispuestas para las obras de ampliación, y ver El día que me quieras y El extraño de pelo largo. Y también, cosa brava, allí puede verse retratado el país. Lo acompaño en el sentimiento.

En realidad fue al revés. Dieron primero El extraño… Y el cine se llenó. De bote en bote. Con chicos, y con las simpáticas mestizas que –a veces– los cuidan, y con los llamados teen agers. Todos expertos conocedores de Lito Nebbia, de sus congéneres, de todas sus canciones. Casi como yo ahora. «Yo sé, Rosemary, que tú, Rosemary», «fuego en su mirada, y un poco de insatisfacción». Bueno. Primero vinieron los avisos, y después el noticioso, tan aburrido como todos, aunque debo decir que ahora hay uno en colores llamado algo así como Epa, Ufa, Ay, Ugh, que está bien hecho y creo que sirve para hacer propaganda al gobierno, y donde los ministros aparecen muy rozagantes y con cachetes rosados y los galones se ven bien doraditos. Pero ese día no era Ufa, Epa, Ay, Ugh. Era el noticioso gris. Y dentro del noticioso gris, la primera nota luctuosa. (La primera no: habían pasado los avisos previamente…) Hablo del delicado, inspirado homenaje al combate de San Lorenzo ideado por… Ignorémoslo siempre. Filmado en el convento, que resulta que es lindo. Y que empieza con los sones –voces a capella– de la marcha de ídem. Lo bueno fue que la platea se puso a cantarla. Febo asoma… Con buen humor. Y apareció un cuarteto, uno de esos Velay, Amancay, que hacen las delicias del gringaje emotivo, perdón, digo de la argentinidad. Ya saben ustedes, esos cuartetos que ooooo, sale uno con la boca redonda, ooooo, y enseguida, caminando tranquilo como si viniera de dormir la siesta, los brazos colgantes, sale otro más, uuuuuu, y se para al lado de ooooo, y claro, ahora ya lo esperamos, salen uno por cada lado, los brazos colgando, los dos restantes, eeeee, y con sonrisa cortés, como diciendo «aquí estamos los cuatro, velay», siguen juntos: aaaaa. Son muy musicales, no vayan a creer, y muy simpáticos. Solo que… Qué patada en el trasero les daría.

Y vinieron las colas, dispuestas a entusiasmarse para el domingo de El día que me quieras. Y atención. Yo había visto esas colas. Y, tal como deseaba el cine, me había entusiasmado. Hasta diría que no pegaba los ojos esperando la llegada de aquel domingo. Porque claro, Gardel. Veamos: Hugo del Carril canta muy bien. Demasiado Gardel para merecer un lauro peculiar, pero canta muy bien. Y aunque los engendros de Gardel y Lepera marcan la decadencia del tango y la entrada de don Carlos en la cursilería, ¿qué nos importa? Cantados por él parecen y nos parecen estupendos. Y por eso me había entusiasmado. Pero la platea entera silbó y pataleó. Y nadie podía oír eso de «Volver…».

Bueno. Después vino El extraño… Y debo decir que todos esos músicos juveniles son sumamente simpáticos y Liliana Caldini la mejor cara aparecida por ahí en los últimos tiempos. Y otra cosa buena fue cuando toda la platea silbó a los engominados compadres que querían fajar a los buenos melenudos pacifistas.

Y el domingo siguiente: El día que me quieras… Diez personas en el cine. Y de ellas ocho que se reían a carcajadas en cada momento de intensa emoción. Las otras dos… lloraban.

Siempre me gustó Hugo del Carril. Siempre tuvo los pantalones bien puestos. Nadie lo obligaba a cantar «Lo Muchacho» y él lo grabó. Después fue a la cárcel. Además hizo buen cine. Además… es algo así como el último Dodo. (N.A.: Animal extinguido hace poco tiempo.) Ese porteño macho de pelo al laqué, ¿dónde está, fuera de él? En Madrid, me dirán ustedes, pero allí hay menos pelo y mucho La Carmela, según creo.

Y a propósito de esto, siempre me dolieron las malas jugadas que causa el tiempo. Por causa de contemporaneidad, Hugo del Carril nunca podrá hacer el papel de Perón en el cine, y es su retrato. Lo mismo que Ibáñez Menta nunca podrá ser el de Ernesto Sabato, creación que le cuadra bien. Una pena.

El día… pudo ser buenísima. Y Abel Santa Cruz es piola. Sé que lo es. No sé por qué lo ha disimulado así. Yo me pregunto de dónde sacó esas frases sublimes que por desdicha no sé de memoria: «El hijo de un millonario llamado Argüelles no puede casarse con cualquiera», dichas por el millonario en persona. Tal vez las copió de ese paradigma que eran los verdaderos films de Gardel: «Laura de Montalbán es una mujer que tiene algunos diamantes de más y mucha vergüenza de menos…». No sé. Vi a Del Carril y a Susana Campos incómodos y deprimidos, a un gaucho con melena y vincha, maravillas a granel. Y vi lo mejor que puede verse en el mundo: a Gómez Cou haciendo de aristócrata. Vi dos retratos de país. En El extraño… la ñoñería que adopta solo las formas de lo actual, y en El día… la falsedad que solo copia las formas del ayer. Salud a todos.

*De: Macaneos. Las columnas de Confirmado (1967-1972), compilado por Lucía De Leone, 2015).