El artista de la memoria implacable

A 67 años de su primera exposición en la galería más antigua del país, se exponen 67 obras emblemáticas de su colección que incluyen técnicas mixtas, acuarelas, tintas, serigrafías, litografías, además de láminas enmarcadas de la serie la «Divina comedia» inspiradas en la obra de Dante Alighieri.

Por: Mónica López Ocón

Carlos Alonso es uno de los máximos referentes de la plástica argentina, un ícono de nuestra identidad y un artista comprometido con la realidad del país, que desarrolló un lenguaje propio e inconfundible.

La galería de arte Witcomb, que tiene una trayectoria de 100 años, lo declaró el artista del mes, razón por la cual durante octubre expone en una de sus salas parte de las obras de Alonso que conforman su colección integrada por obras de diferentes materiales y técnicas.

«Witcomb –le dice su titular, Jorge Calvo, a Tiempo Argentino– es la galería más antigua de la Argentina y, afortunadamente, hace 20 años pudimos comprar la marca. Esto para nosotros representa un gran orgullo, pero también una gran responsabilidad y un desafío porque todo el arte plástico de la Argentina pasó por esta galería. Carlos Alonso es uno de nuestros artistas-ícono y del que más obra tenemos. La galería es muy grande, tiene dos pisos y en la planta baja que da a la calle están expuestas durante este mes las obras de Alonso que conviven con las de otros artistas argentinos de gran porte como Benito Quinquela Martín, Raúl Soldi, Antonnio Berni, Antonio Seguí o Víctor Campanella.»

Y agrega: «Todos los meses nombramos un artista del mes. Hemos mostrado así en meses anteriores obras de Milo Lockett, de Juan Manuel Sánchez y de otros artistas, siempre los más reconocidos del arte argentino. Este mes, el artista elegido es Carlos Alonso. Las 67 obras que se exponen de él son solo una parte de la colección que poseemos, pero abarcan casi todas las temáticas que él ha abordado a lo largo de su trayectoria. Por ejemplo, tenemos obras de la serie referida a Dante que es un trabajo muy importante, los desnudos, las figuras de sus esposas como Ivonne, que fue su compañera de muchos años y de Teresa.»

«Alonso –añade- trabaja materiales diversos, óleo, acrílico, hace muchos dibujos. Incluso tenemos obras de él realizadas con aerógrafo y una serie de 6 litografías de las que hizo 200 ejemplares de cada una. Ya están enmarcadas, son de muy bajo costo, muy accesibles para casi todo el mundo y tienen relación con la muestra que hizo en el Museo Nacional de Bellas Artes hace muy poco tiempo, en razón del cumplimiento de los 700 años de la muerte de Dante.»

A los 93 años, el creador continúa trabajando intensamente. «Alonso –afirma Calvo- es un artista imprescindible. Su obra es una rebelión, un grito contra la injusticia. Tuvo una hija desaparecida, estuvo exiliado y nunca hizo una pintura complaciente. A través de ella expresó su bronca por muchas cosas y siempre fue un canto a la libertad. La muestra retrospectiva de su obra que se hizo en el Bellas Artes fue increíble. Había incluso una instalación con gente torturada. Fue algo tenebroso y conmovedor. La obra de Alonso es así. Por eso nos llena de orgullo hacer llegar al público una exposición de él, uno de los artistas más reconocidos de la Argentina que sigue trabajando todos los días, a pesar de los golpes y las pérdidas. En 2018 lo afectó mucho la muerte de Antonio Pujía y, recientemente, la de de Guillermo Roux que era muy amigo de él y también mío. Estas dos pérdidas fueron muy significativas para él, pero es una alegría saber que, a pesar de todo, sigue produciendo.»

Alonso nació el 4 de febrero de 1929 en Tunuyán, Mendoza. Suele definírselo como un artista social. Su interés por el entorno en que vive es, sin duda, el centro de su obra. Pero sus trabajos no son solo un medio para expresar una idea. Por el contrario, la idea nace de la forma misma. Es un maestro del dibujo, un virtuoso y un preciosita, cualidad que no siempre define la obra de un artista preocupado por la sociedad en que vive.

Tuvo diversos maestros, entre los que se puede mencionar al gran Lino Enea Spilimbergo en la Universidad de Tucumán, quien lo marcó por la calidad estética y enseñanzas.

Además de recibir numerosos premios, en Argentina y el exterior, participó de muestras individuales y colectivas en todo el mundo, entre ellas Museo Nacional de Bellas Artes (México), Museo de Arte de La Habana (Cuba), las galerías italianas Giulia de Roma y Eidos de Milán y la Bedford Gallery de Londres.

Entre sus ilustraciones más importantes se puede mencionar Don Quijote de la Mancha y Martín Fierro, Romancero Criollo, Antología de Juan, la Divina Comedia, El juguete rabioso, Lección de Anatomía, Mano a mano, además de Veinte poemas de amor y una canción desesperada, de Pablo Neruda.

En 2019 decía en una entrevista en respuesta a una pregunta relacionada con su arte de raigambre política: «En mi primer viaje a Europa descubrí a Diego Velázquez y a Vincent van Gogh, dos señales muy distintas, muy formadoras pero muy distintas. Yo era muy joven, tenía veintipico cuando vi a Velázquez por primera vez. Entonces dije ni aunque viva mil años voy a pintar así. Fue un shock fuerte; un shock al revés. Sin embargo, cuando vi a Van Gogh me pasó lo contrario. Tuve la impresión de que esa pintura la podía hacer. Por eso digo que hay cosas que son formadoras y al mismo tiempo frustradoras. Por un lado, un nivel de calidad, de estética, de resolución de la forma y de la imagen, como tiene Velázquez; por otro, una imagen más directa, más cercana, y que te hace pensar que podes hacerla. Y esto último sobre todo en Van Gogh, que dejó de pintar a la monarquía para pintar su propio zapato. Todo eso te abre caminos. Cuando volvés a tu lugar, como ha pasado con muchos pintores, todo aquel mundo y aquella fantasía te hacen sentir la necesidad de reflejar la propia realidad, la realidad de todos los días, la que corresponde a tu país y a tu gente; cosa que sigo fervientemente tratando de hacer.» Y agrega: «Volví al país y fui a estudiar con Lino Spilimbergo un año a Tucumán. Después me fui un año a Santiago del Estero. Ahí descubrí niños con hambre; niños con los vientres hinchados de hambre. Descubrí la miseria, y las dificultades para sobrevivir. En algún sentido, todo eso me cambió completamente el lenguaje. Esa visión de Santiago del Estero me despertó una parte de mi vocación que tiene que ver con la comunidad. Creo que un artista tiene un grado de responsabilidad con la comunidad a la que pertenece que el lenguaje tiene las facultades de comunicar. Elegí la necesidad de reflejar lo que pasaba en situaciones de emergencia, en situaciones de pobreza, en situaciones que no correspondían a la capacidad, la posibilidad, la imagen o el deseo que uno tenía de su propio país.»

En la misma entrevista, pero también en otras diversas ocasiones manifestó la necesidad de acompañar con su trabajo la memoria colectiva, la memoria del país en que nació y al que pertenece. Y en la preservación de esa memoria continúa siendo un artista implacable en el que se combinan una visión cruda y despiadada de la realidad, un profundo conocimiento del dibujo y una enorme preocupación por la forma.

La muestra de Carlos Alonso se puede visitar en Galería Witcomb, Avenida Santa Fe 1161. Lunes a viernes, de 11 a 19. Entrada libre y gratuita.

Tiempo Argentino