El asalto

Por José Blanco

Aunque tiene la apariencia de un suceso político menor en el marco de los inmensos confines de los poderes imperialistas de occidente, la brutalidad del gobierno de Daniel Noboa en la embajada mexicana de Ecuador adquiere, en ese marco, su más preciso significado.

América Latina en general condenó el asalto y Estados Unidos (EU) puso distancia: espera que «las diferencias» entre México y Ecuador se resuelvan conforme a derecho: a EU no se le escapa que el allanamiento fue en sustancia una persecución del correísmo que, desde luego, aplaude. EU está detrás de la guerra contra la marea rosa de gobiernos progresistas de América Latina. Y haciendo la segunda voz, la Organización de los Estados Americanos expresó su «solidaridad con las víctimas de las acciones improcedentes» y bla, bla, bla, sin identificar al agresor.

El gobierno de EU tolera al gobierno progresista de la 4T debido a la profunda imbricación económica, social y política de México con ese país. Los 37.3 millones de migrantes mexicanos aportan más 324 mil millones de dólares en impuestos anuales a la hacienda pública de EU, una cifra mayor que el PIB de Colombia, según estimaciones de la canciller Alicia Bárcena. Si esos son los impuestos pagados por los migrantes, podemos imaginar el tamaño del PIB que ellos generan allá. México es además la economía número 12 del mundo, por encima de Italia, España o Corea del Sur, según el Fondo Monetario Internacional (estimaciones para 2023) y, en esa condición, es el socio comercial número 1 de EU: en cualquier caso, EU no puede sino cuidar, como lo hace el gobierno mexicano con EU, su trato y decisiones con México.

Al constituirse, el gobierno de Biden emprendió una suerte de restauración histórica: diversos lazos del dominio de EU en el mundo se habían aflojado o de plano estaban rotos, y le era ineludible restablecerlos. Diversos Estados del espacio musulmán continuaban como incurables reticentes: era menester reconstruir la estrategia con plazos mayores e instrumentos más firmes de prohibiciones y castigos, y bombas cuando sea necesario, aliándose con fuerzas internas contrarias a los Estados constituidos, hasta que entiendan el valor superior de «los principios de la democracia liberal y del comportamiento internacional basado en reglas».

La preocupación mayor, sin embargo, ahora es China, que sigue atreviéndose a competir de tú a tú con EU, y Rusia, que sigue con una influencia notoria en Eurasia y algo más allá, además de ser una potencia nuclear.

Así que EU salió de Afganistán, después de 20 años de desastrosa ocupación militar, con el objetivo de recomponer en su totalidad la estrategia de dominación. El mundo ha alcanzado un «punto de inflexión», dijo Biden en marzo de 2021, y afirmó: los historiadores del futuro estudiarán «la cuestión de quién triunfó: la autocracia o la democracia». Argumentó también: la competencia entre EU y China permitirá saber cuál modelo satisface mejor las exigencias del siglo XXI. El discurso de EU prueba que es numeroso el conjunto de los Estados del Sur Global que no se pronuncian ni por China ni por EU; hay una suerte de neutralidad a la espera de un desenlace en el duelo de titanes.

Según EU, si China se convierte en la máxima potencia, hundirá en la autocracia a sus países cercanos y pondrá en graves problemas a los gobiernos democráticos. Ya lo ha hecho con Australia y Noruega, arguye. Hacer seguro el sistema antiliberal de China hace inseguro el liberalismo. Por tanto, EU debe impedir ahora mismo que China prospere y conquiste el favor o la adhesión del Sur Global. Y busca impedirlo por todos los medios. Ya aplicó a China innumerables sanciones y Janet Yellen acaba de visitar ese país para señalarle su «excesiva capacidad en la manufactura», advirtiéndole que esto podría causar «trastornos económicos globales» (es decir, a EU, que opera un movimiento antiglobalización). Según Yellen, China «ha acaparado los mercados mundiales» y ha incurrido en «prácticas económicas desleales» (que, claro, dejan en desventaja a las empresas de EU). Además tendrá «consecuenicas significativas» si continúa su comercio con Rusia.

En resumen: es menester parar a China sin contemplaciones, y evitar que se conformen gobiernos en el Sur Global que puedan tener alguna inclinación hacia China. Ahora mismo Javier Milei abre la puerta a una base militar de EU en la Antártida, y cancela los acuerdos que el gobierno de Alberto Fernández había cerrado con China. La invasión rusa de Ucrania reforzó las tesis de Biden. Se trata, dice EU, de un caso de agresión autocrática y una advertencia de que un mundo liderado por Estados no liberales sería «letalmente violento» para las vulnerables democracias ­liberales.

Las guerras contra la marea rosa latinoamericana, mediante el lawfare y las arremetidas mediáticas, orquestadas por las oligarquías locales, están en línea con lo que EU exige del Sur Global. Perseguir al correísmo en Ecuador es imperioso, hasta que desaparezca como posibilidad. Por eso Noboa, un oligarca junior de segunda, del tercer mundo, nacido en EU, cometió el asalto gorilita.

Con información de La Jornada (México)