El nuevo sistema político que surgirá de las elecciones: el mapa de Massa y el de Milei

Barajar y dar de nuevo

Las PASO y la campaña que acaba de terminar anuncian un reordenamiento de las fuerzas políticas, cuyo primer síntoma ha sido el surgimiento de Javier Milei como referente de la ultraderecha.

Por Luis Bruschtein

Imagen: Los cinco candidatos a presidente en pleno debate.

El ordenamiento político que resulte después del domingo será muy diferente al que llega a estas elecciones presidenciales. También dependerá del resultado, pero cualquiera sea, es difícil que salga indemne lo que se conoció hasta hoy. La disputa en un contexto de situación económica difícil y de transformación de las reglas de juego en el planeta han impactado en las tres fuerzas políticas que disputarán con más probabilidades.

Se ha planteado que el esquema izquierda-derecha no es totalmente abarcador para encuadrar a todas las corrientes políticas porque está más relacionado con la justicia social y la ampliación de derechos. Y que hay sectores que comparten el proyecto de construcción de la Nación, pero son refractarios a los logros sociales. Parte de ellos se alinean con los movimientos populares en los países con economías emergentes como Argentina.

Como se trata de medir de alguna manera el desplazamiento de las fuerzas políticas, el diagrama tradicional sigue como el más útil. Se ha dicho que no hay corrimiento a la derecha y eso puede ser cierto en cuanto a la sociedad. La mayoría no vota por ideologías. Pero las fuerzas políticas sí las tienen.

En la derecha, que hasta el domingo estaba representada por Juntos por el Cambio, la alianza entre el PRO, el partido radical y la corriente de Elisa Carrió, se produjo un corrimiento aún más a las derecha con el surgimiento de la fuerza de Javier Milei con un discurso que lleva las consignas del neoliberalismo a un plano de genocidio de pobres. Los resultados de las PASO mostraron que la fuerza de Milei desplazó a Juntos por el Cambio como principal referente de la derecha.

Las encuestas profundizan ese proceso de cambio en la derecha corriéndose hacia el extremo. La paradoja es que ese corrimiento se da en gran medida por el fracaso del gobierno macrista. Pero, de Juntos por el Cambio, ha sido justamente Mauricio Macri, quien primero advirtió ese corrimiento y se acercó a la nueva fuerza. Las perspectivas de que su candidata Patricia Bullrich tenga un papel deslucido ha planteado que una porción importante del PRO y de los grupos del radicalismo más derechizados terminen por integrarse a la nueva expresión derechista.

La nueva fuerza atrajo votos de las otras dos, tanto del peronismo como de Juntos por el Cambio, pero no tiene estructura territorial. En provincia de Buenos Aires tuvo que recurrir al Partido Demócrata, una fuerza minúscula, ultraneoliberal y prodictadura, pero tuvo dificultades para fiscalizar mesas y hasta para llenar todos los cupos en las listas de candidatos. Así surgió también el PRO, que debió recurrir a las estructuras territoriales del radicalismo, que las cedió sin obtener una retribución equivalente.

Según el resultado, el proceso más probable es una reversión de las composiciones internas. Macri desvió simpatías empresarias y profesionales para respaldar a Milei. Las primeras participaron en la recaudación, en relaciones internacionales y en el proselitismo dentro de los gremios patronales. Los segundos ya se mencionan para ocupar espacio en el gabinete que se conformaría tras un potencial triunfo de Milei. Los grupos de choque de Juntos por el Cambio, que fueron financiados por la familia Caputo y algunos de los cuales estuvieron relacionados con el intento de asesinato de la vicepresidenta Cristina Kirchner, ya migraron a las filas de la nueva fuerza de ultraderecha.

Pero también ya hay sectores del radicalismo y del PRO que acompañaron a Horacio Rodríguez Larreta que, disconformes con las tensiones dentro de Juntos por el Cambio, anunciaron que nunca votarían por Milei y emitieron señales menos belicosas hacia el candidato de Unión por la Patria. Es difícil imaginar cómo quedaría Juntos por el Cambio con esos movimientos hacia uno u otro sector. Pero lo más probable en el caso de la fuerza de Milei, Ramiro Marra, Lilia Lemoine y Benegas Lynch, sería que no resista una hipotética derrota y quedara reducida a una mínima expresión.

En el otro sector del diagrama político, Unión por la Patria hubo también corrimientos, sobre todo porque una parte de su base electoral sufrió de lleno el impacto de la inflación. Hasta el lunes no se sabrá si tuvo resultado el esfuerzo que realizó Sergio Massa por atenuar ese impacto en el bolsillo de los sectores populares. Por otro lado, el crecimiento de Milei en las PASO benefició a Massa al ser visualizado como el que puede frenar la llegada del ditirámbico candidato de la ultraderecha.

Con el hiperactivismo de Sergio Massa y su candidatura, sumado a la decisión de la expresidenta de replegarse a un lugar de menor exposición y protagonismo, el movimiento popular que representan encaró un cambio de época. En estas elecciones la alianza popular tiende a correrse hacia el centro si se ubica a Unión por la Patria en el centroizquierda, —para usar un término que no lo define completamente y por eso imperfecto, porque su composición es bastante más heterogénea que lo abarcado por esa figura— pero sirve para imaginar una disposición lineal.

Cuando Massa afirma que, si gana las elecciones, sus cuadros ejecutivos serán convocados de todas las fuerzas democráticas, incluso circularon varios nombres de referentes del radicalismo para el Ministerio de Educación. Si esa frase tiene una carga electoral porque se supone que puede sumarle votos, quiere decir que da cuenta de un fenómeno que se está produciendo en la sociedad.

La molestia es mutua entre Macri y sus aliados del radicalismo. Está más cómodo en el universo de Milei. Casi no hizo campaña por su candidata Patricia Bullrich después que, tras las PASO, advirtió el crecimiento de Milei. Pese a estar en plena competencia electoral, entre ambos hubo intercambio de elogios y guiños para el futuro. Dependerá el desempeño de ambas fuerzas este domingo para descubrir cómo se producirá, pero en esas actitudes previas hay un fenómeno de confluencia en ciernes.

El gobierno de unidad nacional que ha planteado Massa y su búsqueda de políticas de Estado, alguna de la cuales enunció en el acto de cierre como parte de un acuerdo necesario entre todas, o por lo menos la mayoría, de las fuerzas políticas, tienen un costado electoral que busca atraer los heridos que han quedado en Juntos por el Cambio. Pero también es una necesidad para que, sea quien sea el ganador de las elecciones, tenga gobernabilidad y los ciudadanos estabilidad. Temas relacionados con la educación y la salud pública, la jubilación, los derechos humanos y la deuda externa tienen que ser parte de un compromiso que evite bandazos que hagan cimbrar a cualquier gobierno.

El proceso de transición de un mundo unipolar con la asfixiante hegemonía neoliberal hacia otro multipolar con relaciones de intercambio más democráticas tensiona también las tendencias internas hacia un alineamiento incondicional contra China o la búsqueda de caminos de integración regional que liberen las relaciones con el mundo. Es paradójico que sean los partidarios del libre mercado los que propongan cortar relaciones con China, Brasil y hasta con el Vaticano, por cuestiones de intolerancia política y religiosa.

21/10/23 P/12