El papa Francisco abre el juego sucesorio

Por Bernardo Barranco V.

El 30 de septiembre el papa Francisco celebrará un nuevo consistorio para el nombramiento de 21 nuevos cardenales. El Papa lo anunció así en el Ángelus en la Plaza de San Pedro: «El próximo 30 de septiembre celebraré un consistorio para el nombramiento de nuevos cardenales. Su procedencia expresa la universalidad de la Iglesia que continúa anunciando el amor misericordioso de Dios a todos los hombres de la Tierra. Además, la inclusión de los nuevos cardenales en la diócesis de Roma demuestra el vínculo inseparable entre la sede de Pedro y las iglesias particulares esparcidas por el mundo». Un consistorio es la reunión del colegio cardenalicio, convocada por el Papa para abordar temas nodales en la vida de la Iglesia o donde el Papa entrega el capelo cardenalicio a los prelados recién electos. El influyente diario liberal La Repubblica, tituló la noticia así: «El Papa crea 21 nuevos cardenales, Italia poco, el mundo mucho: Su procedencia expresa la universalidad de la Iglesia». Ir a las fronteras del fin del mundo parece una rúbrica del actual pontífice.

Francisco tiene 86, los dos últimos años su salud ha mermado notoriamente con operaciones de intestinos, pulmonía y una rodilla dañada por el tiempo. Estamos ante el irremediable periodo de fin de ciclo de un pontificado reformador. Los malquerientes del Papa, festejan una atmósfera de sucesión irremediable. Sin embargo, el argentino no tiene previsto dimitir. Tras su última operación, Francisco no se detiene; de hecho, parece haber potenciado su actividad fuera de Roma con viajes a Lisboa y Mongolia. En el horizonte el sínodo sobre la sinodalidad, que se congregará en octubre, es percibido por muchos con el entusiasmo de un nuevo concilio vaticano sobre el catolicismo en el nuevo milenio. Es notorio que Francisco está implementando reformas con una rapidez justificada por sus 86 años. Pese a su voluntarismo, los escenarios respecto de su sucesión no son una idea abstracta.

Entre los 21 nuevos cardenales elegidos, 18 serán «electores», es decir, estarán presentes en el cónclave en caso de elección de un nuevo Papa; mientras los tres restantes tienen más de 80 años y, por tanto, según el derecho canónico, están excluidos de un próximo cónclave.

Francisco ha venido desitalianizando el colegio cardenalicio, pero Europa sigue dominando el espectro. Hay una tendencia de apartar la visión eurocéntrica en el colegiado desde que Francisco es Papa. El pontífice ha otorgado los nombramientos cardenalicios, paulatinamente, bajo una dimensión cada vez más periférica. En particular han crecido las birretas cardenalicias en Asia, África y América Central. Notorio es que en México desde 2016 no ha sido nombrado un cardenal elector.

A partir de septiembre, de los 138 cardenales con derecho a voto en el cónclave, 99 serán creados por Francisco, 29 los propuestos por Benedicto XVI y nueve los cardenales de Juan Pablo II. Es un hecho que el próximo cónclave, el sucesor de Bergoglio será ungido por cardenales elegidos por el mismo papa jesuita. ¿Significa que, al haber nombrado a la mayoría de los cardenales, Francisco aseguraría continuidad? ¿Habrá un legado bergogliano en la elección del próximo pontífice? Es incierto realizar un análisis político, porque Francisco ha privilegiado la diversificación geográfica a posturas cercanas en lo teológico y pastoral. Dicho de manera coloquial, en materia ideológica, Francisco ha nombrado de chile y de manteca. De hecho, con Francisco el índice de imprevisibilidad es aún mayor que sus predecesores que cuidaron en nombramientos el talante clericalista y conservador.

Sudamérica, a pesar de su número de católicos, está estancada con 17 plazas; en cambio América del Norte, incluido México, tiene también 17 asientos en el cónclave. Sigue siendo injusta la sobrerepresentación de Europa en la Iglesia católica. Las iglesias se están deshabitando. En Alemania, más de medio millón abandonaron la iglesia tan sólo en 2022. Una cifra negra que se acumula a los datos de 2021: 359 mil católicos habían decidido voluntariamente irse. Francia, con los escándalos de pederastia, es otro claro ejemplo de descatolización. Hay una clara dificultad de la Iglesia católica para acoger las peticiones de las nuevas generaciones, aunado a un declive demográfico. Europa es un espacio que se viene vaciando. Aún arden las brasas del gran fuego que fue su gran tradición conservadora, con nostalgia hoy se le ve heroica. Sin embargo, hoy la catequesis atrae poco a niños. Los viejos paradigmas de la catolicidad son ignorados por las nuevas corrientes intelectuales, movimientos, horizontes políticos que no se abren camino a un destino de catolicidad.

En cambio, se percibe en Francisco una especial fascinación por Asia, donde los católicos son minoría, pero han crecido en cantidad y señorío. Seguro sigue a los misioneros jesuitas como el audaz talante de Mateo Ricci y la visión cósmica de Pierre Teilhard de Chardin.

Francisco, a sus 86, tiene prisa. El año pasado entró en vigor la nueva Constitución Apostólica, sobre la reforma de la curia, en la que el Papa pretende desclericalizar la vieja estructura romana que corría el riesgo de cerrarse en sí misma. Pero para el Papa no hay Iglesia sin evangelización. Cuando las puertas de la Capilla Sixtina se cierren para elegir a su sucesor, sonará su mensaje inicial de hace más de 10 años, cuando la Iglesia fue por él al fin del mundo, al fin de nuestros mundos. Francisco está marcando pautas.

La Jornada