El problema no son los pobres

De William Beresford al presente, hoy como ayer.

Por Horacio Rovelli

Imagen: La rendición de Beresford

En 1806 encabezó la armada británica que conquistó Buenos Aires y logró capturar en su huida al virrey Sobremonte, confiscándole el baúl con el tesoro público. Pero gracias al heroísmo de la población de las dos márgenes del Río de la Plata, bajo el mando del brigadier real Santiago de Liniers, quien partió desde Montevideo, lograron vencer al General William Beresford el 12 de agosto de ese año en Buenos Aires.

Los rioplatenses se apoderaron de 26 cañones y de las banderas del regimiento 71. Estas insignias británicas fueron expuestas en la iglesia de Santo Domingo de Buenos Aires con la inscripción: «Del escarmiento del inglés, memoria, y de Liniers en Buenos Aires, gloria».

Pero los prósperos comerciantes porteños, quienes contaban con los más importantes permisos de vaquería y que comerciaban con los ingleses, encabezados por Saturnino Rodríguez Peña, unos meses más tarde de la rendición y detención de Beresford, lo dejaron escapar de la prisión de Luján.

Saturnino Rodríguez Peña, en 1804, se sumó a la logia masónica «Southern Cross» (Estrella del Sur), al producirse la invasión inglesa se relacionó rápidamente con los ocupantes, con quienes compartía la filiación masónica, convencido de que Gran Bretaña, dueña de los mares después de Trafalgar [1] y en plena revolución industrial, era la potencia que había que seguir.

Diez años más tarde, en agosto de 1816, 16.000 soldados del imperio portugués, bajo la conducción del General Carlos Federico Lecor, barón de Laguna, invadieron la Provincia Oriental, con la complicidad tácita de Buenos Aires y los «buenos oficios» de los embajadores inglés y porteño en Río de Janeiro. Los atacaron por tierra y mar; debido a su superioridad numérica (los criollos, indios y morenos no del todo bien armados, eran no más de 8.000 hombres) y material, ingresaron a Montevideo el 20 de enero de 1817, aunque la lucha continuó por más de tres años en todo el territorio de los Pueblos Libres.

El segundo del general Lecor, barón de Laguna, en la campaña de invasión a la Banda Oriental, era el general William Beresford, a quien el reino de Portugal le concedió el título de duque de Elvas por sus servicios y que volvió en 1820 a Londres donde murió de viejo y en su casa.

Don José Gervasio de Artigas, Protector de los Pueblos Libres [2] derrotado militarmente en una guerra desigual, dividió sus tropas. Él se quedó en la Banda Oriental y envíó a dos lugartenientes, Estanislao López y Francisco «Pancho» Ramírez con sus gauchos, a Buenos Aires, y a su hijo adoptivo, el cacique guaraní Andrés Guacurarí Artigas, y a Fructuoso Rivera, a frenar los refuerzos portugueses a Río Grande Do Sul.

El cacique guaraní y su tropa pelearon heroicamente en el Combate de Itacurubí, donde Guacurarí Artigas fue detenido y enviado envuelto en un pellejo de cuero crudo (el cual al secarse le dificultaba la respiración) a la prisión de Porto Alegre, y de ahí a Río de Janeiro, donde murió.

Fructuoso Rivera, tras la derrota de Artigas en Tacuarembó el 22 de enero de 1820, pactó con los portugueses y hasta se ofreció a ultimar a Artigas, a quien consideraba un «monstruo, déspota, anarquista y tirano».

La gauchería, encabezada por López y Ramírez, venció a los porteños el 1 de febrero de 1820 en la Batalla de Cepeda. Pero, derrotado Artigas, acordaron en el Tratado de Pilar con el puerto de Buenos Aires y sus intereses consecuentes con Inglaterra que necesitaban alimentos baratos para sus trabajadores industriales. Artigas esperaba el refuerzo de sus lugartenientes de Santa Fe y Entre Ríos. En lugar de ello, se encontró con que preferían acordar con Buenos Aires y dejar a la Provincia Oriental librada a su suerte bajo la dominación portuguesa.

La situación hoy

La coyuntura actual es básicamente la misma; continúan aquellos que pregonan la subordinación al capital extranjero, vendiendo el alma al diablo, o sea nuestros recursos naturales, sin importarles la contaminación del aire [3], la tierra, el agua, ni los riesgos del fracking (fractura de la roca para extraer gas y petróleo) y su repercusión sísmica. Tampoco les importan las consecuencias de dinamitar el mar argentino a 307 kilómetros de la costa marplatense o de dragar nuestros ríos para que pasen buques de gran calado y obtener arena que usan para el fracking ni de sacar hierro y plata del Gastre en la meseta del Chubut por más que el pueblo de esa provincia se oponga; detraer petróleo de San Carlos en Mendoza donde comienza el valle de Uco, por más que la población se opone; u obtener oro y cobre de las sierra de Famatina o de los glaciares de Pascua Lama; etcétera, etcétera.

Son los causantes de una cada vez más injusta distribución del ingreso, conformando un modelo extractivista, agropecuario y financiero exportador que no necesita de muchos trabajadores y sí requiere reducir el Estado y el mercado interno y que no se controle nada. Por eso no dejaron que el Estado interviniera en Vicentin SAIC y pretenden continuar y renovar la licitación de la mal llamada hidrovía del Paraná, para que el Estado nacional y provincial no participe, como es la vigencia del Decreto 949/2020 con ese objetivo.

Según la investigación realizada en el Documento n.º 29 de FLACSO [4] denominado «Sistema político, coyuntura económica y líneas de política económica en la Argentina actual», de los investigadores Eduardo Basualdo y Pablo Manzanelli, del mes de mayo 2023, la participación de los asalariados en el ingreso empeoró durante la gestión de Cambiemos (pasó del 51,8 % en al año 2015 al 46,2 % en 2019) y esto se profundizó en el gobierno del Frente de Todos, donde la participación de los asalariados en el ingreso bajó a 43,9 % en el año 2022.

Esa regresividad distributiva se asocia a la pérdida relativa de los asalariados y al aumento de los márgenes de ganancia del capital: entre 2015 y 2022, el costo salarial cayó 18,6 % en el marco de un descenso menor de la productividad del 5,5 %, pero el hecho se profundizó durante el gobierno del Frente de Todos, cuando el costo salarial cayó 4,5 % y la productividad creció 0,8 %.

El trabajo mencionado muestra, al comparar el salario efectivo con el que hipotéticamente hubiese habido si el salario medio variase con la productividad, la pérdida en el período 2018-2022 (es decir, la transferencia de ingresos del trabajo al capital) alcanzó aproximadamente a 87.800 millones de dólares al tipo de cambio oficial, y el mecanismo principal de transferencia fue el elevado proceso inflacionario.

Esto explica por qué las grandes empresas se enriquecieron apropiándose vía aumento de los precios de parte de los ingresos de los trabajadores. Con esa plata, un porcentaje importante la fugó (en cuentas en el exterior), pero otra parte la invirtió en su actividad. Entonces tenemos empresas con alto nivel de inversión; la IBIF (Inversión Interna Bruta Fija) es del 22 % del PIB en promedio en lo que va del año, según el INDEC, pero se concentra en pocas actividades, donde obviamente la proporción de inversión es mucho mayor y se nuclea en las actividades exportadoras a como dé lugar.

Ese el modelo que defienden y proponen en estas elecciones nacionales las principales figuras políticas, las que aparecen en los grandes medios con generosa difusión, quienes no van a cambiar las reglas de juego porque la minoría beneficiada gana fortunas y encima viene por mucho más.

China y los Estados Unidos se parecen; el Ministerio de Comercio de la República Popular China promueve una economía más abierta que busca ofrecer incentivos a las multinacionales en medio de la tensión con Estados Unidos. El lunes 26 de mayo de 2023 estuvo Elon Musk, en su primer viaje a China tras la pandemia, justo cuando se conoció que Tesla, el vehículo eléctrico que Musk lanzó al mundo en 2008, superó en ventas a Toyota. Musk hizo un llamado a la cooperación entre China y Estados Unidos. No es el único: Tim Cook, el jefe de Apple; Jamie Dimon, del JP Morgan, y Laxman Narasimhan, de Starbucks, se manifestaron de manera similar. Por un lado, alejan la posibilidad de confrontación armada y, por otro, proponen un comercio entre países industriales, relegando a la gran mayoría de los países (entre ellos, a la Argentina) a ser meros proveedores de alimentos y materias primas.

En cambio, quienes defienden al mercado interno, el trabajo y la producción nacional, como hicieron los gobiernos de Juan Perón, Arturo Illia y los Kirchner, no aparecen entre los candidatos principales.

Es claro que para defender el mercado interno se debe modificar la presente matriz distributiva como forma de confrontar con la vigente estrategia de la desigualdad. El problema argentino es la vigencia de un cuadro simultáneo de extrema pobreza, extrema riqueza y destrucción estructural de su capacidad productiva.

El problema en la Argentina no son los pobres, sino los ricos que se asientan básicamente en la renta agropecuaria y minera para vender al exterior, siendo funcionales a una Argentina que se integra como mero proveedor de alimentos y materias primas, que generan muy poco trabajo y de baja calidad.

Para ello, el Estado debe restablecer el poder adquisitivo de los salarios, jubilaciones y pensiones reanimando el mercado interno. Donde juega un rol relevante un plan de obra pública que es imprescindible para disminuir drásticamente el flagelo de la desocupación y poner en marcha la reactivación de la economía argentina. Este plan de construcción tendrá dos componentes fundamentales: el primero consiste en la construcción de viviendas populares y el apoyo a planes de auto-construcción, mientras que el segundo está basado en la obra pública, especialmente en la construcción vial. Este último componente implica dar por terminadas las concesiones de los corredores viales al capital privado que tienen un elevadísimo costo fiscal, escasa inversión y un régimen que ha sido sistemáticamente manipulado a favor de los concesionarios.

Los fondos están en poder del BCRA que los retiene en LELIQ y NOTALIQ por más de 11 billones de pesos (equivalentes a unos 40.000 millones de dólares). Además se debe financiar con impuestos a la tierra y a las súper ganancias y, fundamentalmente, con la investigación de la deuda contraída por el gobierno de Cambiemos que ni los Ick, ni los Eskenazis, ni los Luque, ni los Filiberti declararon ni tampoco las empresas como Telefónica Argentina, Pampa Energía, Western Union, American Express, General Motors, etcétera, para que demuestren en sus balances de dónde detrajeron los cuantiosos fondos para comprar las millonadas de dólares que compraron en esos cuatro años.

[1] En la Batalla naval de Trafalgar del 21 de octubre de 1805, la coalición de naciones, encabezada por Inglaterra y bajo las órdenes del Almirante Nelson que murió en el combate, derrotó a la armada franco-española, con lo cual sus buques y corsarios consiguieron el predominio sobre los mares.
[2] El Territorio de los Pueblos Libres conformado por lo que hoy representan Misiones, Corrientes, Entre Ríos, Santa Fe, parte de Córdoba, Uruguay y sur de Brasil, promovió la reforma agraria, formó parte de las gaucherías y montoneras. También, peleó contra los españoles, el centralismo de Buenos Aires y los portugueses. Declaró la primera independencia del Río de la Plata en el Congreso del Oriente, realizado el 29 de junio de 1815 en la hoy denominada Ciudad de Concepción del Uruguay (Entre Ríos). En el mandato presidencial de Cristina Fernández de Kirchner, el gobierno nacional declaró «2015 – Año del Bicentenario del Congreso de los Pueblos Libres».
Ese Congreso dictó el Reglamento Provisorio de la Provincia Oriental para el fomento de su campaña y seguridad de sus hacendados del 10 de septiembre de 1815, que fue la primera reforma agraria de América Latina, ya que expropiaba las tierras a los españoles y las repartía entre los que la trabajaban (que los más infelices sean los más beneficiados). Mientras que, en las amplias llanuras del oeste del Río de la Plata, se decretaba para la misma fecha la llamada «Ley contra la Vagancia»: «Todo hombre de campo que no acreditara ante el juez de paz local tener propiedades, será reputado sirviente y queda obligado a llevar papeleta de su patrón. Igual trato se le da al que transite el territorio sin permiso del mismo juez» y de esa manera constituir la primera unidad capitalista en estos lares, la estancia.
[3] Casos como el de José Carlos «Kily» Rivero —un niño correntino de cuatro años que murió en el paraje Puerto Viejo por una intoxicación aguda producto de las fumigaciones— se tratan en el Tribunal Oral Penal de Goya.
[4] Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, creada en 1957, es un organismo internacional, de carácter regional, autónomo, académico y plural, constituido por 18 Estados de la región, para promover la enseñanza e investigación en el campo de las Ciencias Sociales.

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