«El programa de Milei no tiene consistencia ni equilibrios sociales»

Entrevista a Ricardo Aronskind, investigador y profesor de la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS)

«Puede haber programas económicos conservadores que a uno no le gusten pero que tienen una lógica macroeconómica detrás. Esto es una sumatoria de negocios particulares, un casino especulativo», sostiene el profesor de la UNGS Ricardo Aronskind, y agrega que «el paquete que intenta imponer Milei conlleva el desmantelamiento de la capacidad regulatoria estatal en todos los terrenos».

Por Natalia Aruguete

Imagen: Aronskind recuerda que «lo que está por detrás del llamado cepo es la carencia de dólares y eso es lo que hay que resolver».. Imagen: Verónica Bellomo.

«Puede haber programas económicos conservadores que a uno no le gusten pero que tienen una lógica macroeconómica detrás. Esto es una sumatoria de negocios particulares, sueltos, sin consistencia macroeconómica y sin mínimos equilibrios sociales», sostiene el profesor de la Universidad Nacional de General Sarmiento Ricardo Aronskind.

En diálogo con Cash, el autor del reciente libro “Fuga de capitales”, que cuenta con contribuciones de distintos expertos bajo su coordinación, explica cuáles son los mecanismos por los cuales los capitales se van del circuito productivo local y quedan ocultos del sistema impositivo.

En la jerga del establishment, se habla de “paraísos fiscales” en lugar de “guaridas fiscales”. ¿Cuáles son las implicancias simbólicas de ello?

–El término “paraíso fiscal” apunta a disimular la fuga de capitales. Las “guaridas fiscales” están tipificadas como parte de una estructura internacional de delito económico. Las guaridas perforan la idea de que los Estados tienen derecho a cobrar impuestos para fines diversos. Al presentarlo como “paraísos fiscales”, les da una connotación claramente positiva, vinculada a la libertad de movimiento de capitales y a la “inversión” y “optimización” del uso de los recursos. Pero, en verdad, ese término encierra una rebelión fiscal de los grandes capitales en relación a los Estados de todo el mundo, desde los más desarrollados hasta los subdesarrollados.

–La reducción de la capacidad regulatoria de los Estados facilita la fuga de capitales. ¿Hay condiciones de ir hacia un mayor control del sistema o la situación es irreversible?

–En la economía y en las sociedades no hay nada irreversible, porque son normas hechas por los humanos. Sin embargo, la tendencia global desde los años ‘80 del siglo pasado va hacia la desregulación y la eliminación de restricciones al capital, gracias al impulso desde los Estados Unidos y Gran Bretaña en mayor medida, con un fuerte impacto en todo el mundo. Los países subdesarrollados tienen menos capacidades regulatorias, así que los capitales salen por todos lados, pero esto ocurre también en los países centrales. En Alemania, las grandes empresas colocaban fondos en Luxemburgo de forma ilegal. También China suele tener problemas para regular movimientos financieros en su propio país. Este delicado equilibrio invita a la pregunta: ¿para qué existe el Estado en la economía? Para controlar, regular y ordenar, hacer que la vida en sociedad sea vivible. Hoy no hay tal Estado en el mundo. Uno esperaría que hubiera un acuerdo internacional para regular ciertos mecanismos a nivel financiero e impositivo. Pero claro, esta desregulación se adapta bien a las necesidades de los países centrales, aun cuando el propio Estados Unidos está mostrando malestar con las consecuencias de estos mecanismos.

–¿Cuáles son las mínimas herramientas regulatorias que se deben aplicar para evitar la fuga de capitales y la consecuente caída de la recaudación impositiva?

–Estados Unidos se viene salvando de casi todo. Cuando hay una crisis en algún lado, los capitales se fugan hacia Estados Unidos. Esto es algo que parece increíble, porque en 2008 fue el epicentro del desastre. Con la globalización, las multinacionales empezaron a elegir dónde producir y dónde pagar impuestos, lo cual aumenta enormemente sus márgenes de rentabilidad. Estados Unidos empezó a ver que sus propias empresas llevaban sus casas matrices a Irlanda o Luxemburgo, donde pagan muy bajos impuestos. Disney paga impuestos a Luxemburgo. El negocio para las multinacionales es total, no así para los Estados. Por eso, Joe Biden ha autorizado un paquete de medidas enorme para que, por ejemplo, toda la industria de semiconductores vuelva a los Estados Unidos.

En Argentina

–¿Cuál es la situación nacional en relación a la capacidad estatal para frenar el drenaje de recursos?

–Argentina viene ejerciendo un bajísimo grado de control sobre el sector externo. Hay un gran problema con el contrabando y la subfacturación de exportaciones que antecede a Javier Milei. Además, se denunció en su momento con gran detalle que ahorristas ricos fugaron 4.500 millones de dólares. Es decir que aquel que quiera fugar en la Argentina cuenta con un sistema financiero, y en particular con bancos extranjeros, que ayudan a hacerlo sin demasiado problema.

–¿Qué efectos espera que produzca una mayor desregulación del sistema financiero, como promete el Gobierno?

–La novedad hoy sería transparentar estas prácticas y permitir que se siga fugando sin que eso constituya delito. El paquete que intenta imponer Milei conlleva el desmantelamiento de la capacidad regulatoria estatal en todos los terrenos. Incluso hoy, cuando todavía no se implementaron las reformas, los cargos más altos de instituciones fundamentales como la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) o la Comisión Nacional de Valores (CNV), son ocupados por actores que deberían ser controlados.

Problema de fondo

–Hasta ahora, el llamado “cepo cambiario” impide una de las vías de fuga de capitales. ¿Qué consecuencias implicaría en este sentido la eliminación de esa regulación?

–La palabra “cepo” es, en sí misma, una victoria comunicacional extraordinaria de la “patria fugadora. El cepo era un instrumento de tortura que fue abolido por la Asamblea de 1813. El logro simbólico es extraordinario. Esta regulación es una forma de ordenar una economía que tiene insuficiente cantidad de dólares. Durante la campaña electoral, la entonces candidata Patricia Bullrich decía: “¡Yo desde el primer día saco el cepo!” Si Bullrich hubiese sido presidenta y eliminaba esta regulación cambiaria, los pocos dólares que tiene el Banco Central se habrían vendido en muy poco tiempo y el dólar habría subido “hasta las nubes”. Lo que está detrás del llamado “cepo” es la falta de dólares, y eso es lo que hay que resolver. El problema no es el cepo sino que los fugadores quieren tener todos los dólares que hay y punto. Si no hay dólares para comprar medicamentos en el exterior, ¿por qué les habría de importar a los fugadores? La discusión pública clave es cómo se administran los pocos dólares que hay con un sentido de conjunto.

–¿Qué rol tiene el “cepo” y cómo se resuelve el problema de fondo?

–Es una política que apunta a regular y administrar la cantidad de dólares que tiene nuestro país, para evitar una crisis cambiaria. Se trata de priorizar una serie de actividades económicas fundamentales frente a aquellos que simplemente quieren fugar la plata al exterior y colocarla en guaridas fiscales. Desde el ‘76, cuando la dictadura endeudó a la Argentina, estamos con problemas permanentes de falta de divisas. La forma de terminar con la carencia de divisas es con una inteligente política exportadora, es decir vender en el mundo no solo materias primas sino una serie de productos elaborados en múltiples mercados. Si haciendo eso entra la cantidad suficiente de divisas para pagar compromisos externos, importaciones, los viajes de los argentinos por el mundo y que no falten dólares en nuestro país, se terminaría la necesidad de regular. Por ahora, esa idea no se ve en los planes del actual gobierno. Pareciera que es todo un problema de libertades, pero en los hechos se incrementará la capacidad de fuga.

–Para este año se espera una buena cosecha. ¿Cree que eso, junto a la mejora del balance externo del sector petrolero y la exportación de minerales, podría resolver la falta de divisas en la Argentina?

–Efectivamente, los cálculos indican que habrá un importante saldo exportador este año y que, dada la terrible recesión que empieza a verse en el país, habrá menos importaciones. Entonces, podemos encontrarnos a fin de año con un balance comercial impresionante, cercano a los 30 mil millones de dólares netos a favor de la Argentina. Ahora bien, si los exportadores plantean que no están conformes con un tipo de cambio de 800 pesos y quieren uno de 2000, ¿cómo lograr que traigan los dólares al país con un gobierno que no los obliga a nada? Apuntan a que el país sea un casino especulativo donde se juega con los alimentos, la salud y los ingresos de la población.

-¿Por qué se sostiene que la fuga de capitales no responde solo al factor económico sino que también tiene un componente sociológico?

–¿Qué pasaría con un empresario argentino que opera en Miami? ¿Fuga capitales? En Argentina, donde por múltiples razones se sienten amenazados, ¿hay posibilidad de incidir en ese comportamiento, en esa actitud fugadora? Supongamos que se vota una ley según la cual Milei acapara todos los poderes: el ejecutivo, el legislativo y el judicial. ¿Eso le daría confianza al empresario argentino para dejar de fugar capitales y dedicarse a hacer lo que hacen los capitalistas en otros lugares del mundo, que es invertir, ganar plata en forma productiva, con bienes y servicios? ¿Ocurriría esa revolución capitalista en la Argentina? En el fondo, lo que hay es una desconfianza sobre sí mismos. La seriedad es pura declamación.

–¿A qué se refiere con desconfianza de sí mismos?

–Lo que propone el actual gobierno no es un plan estructurado, organizado, sistemático, como uno podría pensar que tendrían Carlos Melconian o Sergio Massa. Puede haber programas económicos conservadores que a uno no le gusten pero que tienen una lógica macroeconómica detrás. Esto es una sumatoria de negocios particulares, sueltos, sin consistencia macroeconómica y sin mínimos equilibrios sociales. En el libro señalo que hay una racionalidad micro y una racionalidad macro. La racionalidad micro lleva a un empresario a poner el litro de leche a 2000 pesos o llevar el costo del pasaje a 700 pesos. La racionalidad macro indica que la gente no puede pagar esos costos, que la gente tiene hambre y enfrenta problemas irresolubles en ese contexto. Frente a esto, la propuesta oficial es que el Estado no se ocupe. El resultado es una selva de irracionalidades individuales, que no tiene consistencia desde el punto de vista social.

28/01/24 Cash-P/12