El rostro del fascismo

Por: Claudio Altamirano

Los resultados de la primera vuelta electoral han traído un alivio momentáneo, al frenar la avanzada de la ultraderecha y su proyecto de desmantelamiento social, personificado por Javier Milei y su partido, La Libertad Avanza.

El voto popular evitó la consagración de un presidente anarcocapitalista que, entre otras cosas, apoya la venta de órganos y afirma comunicarse con su perro muerto a través de un médium. Milei, bajo una retórica incendiaria, se autodenomina liberal o libertario, pero hay argumentos sólidos que sugieren que sus posiciones son más cercanas al fascismo y representan una amenaza para las instituciones democráticas. En su libro «La batalla cultural por la libertad», Milei aboga por un enfoque económico extremadamente liberal considerablemente insensible a las necesidades sociales.

Su participación en la tendencia global de la nueva derecha, caracterizada por posturas ultraconservadoras, autoritarias y ultranacionalistas, es innegable. Esta tendencia ha sido ampliamente documentada en trabajos académicos, como el libro «The New Right in Europe» de Cas Mudde.

Es conocida su relación con Santiago Abascal de Vox en España, quien abiertamente reivindica el falangismo y el franquismo. Milei ha participado en actos en España bajo la consigna «volver al 36», un llamado a regresar a la época previa a la Guerra Civil Española, un conflicto devastador que resultó en más de un millón de muertes y marcó el fin de la República Española.

Además, ha establecido vínculos con figuras políticas internacionales, como Giorgia Meloni en Italia, miembro del Movimiento Social Italiano fundado por Giorgio Almirante, un ministro en el gobierno de Benito Mussolini. Meloni representa una faceta del fascismo en Italia. Milei también mantiene una relación amistosa con Jair Bolsonaro, que expresa un pensamiento reaccionario, conservador y fascista en América Latina.

El candidato de la extrema derecha promueve una narrativa bélica que distorsiona la historia argentina, aludiendo a una «guerra» en la década de 1970, a pesar de la evidencia de crímenes sistemáticos, como los centros clandestinos y los vuelos de la muerte. Esta teoría de «excesos» minimiza la sistematicidad de los crímenes, aunque la justicia argentina ha establecido lo contrario durante décadas. Esta narrativa comparte similitudes con la postura de Jorge Rafael Videla, el dictador, al que frecuentaba Victoria Villaroel, candidata a vicepresidenta.

Este personaje mediático, nacido de la extravagancia televisiva y claramente moldeado por los medios, se revela al mundo como un lunático que aparentemente carece de la habilidad para administrar incluso un negocio tan modesto como un quiosco.

En esta primera instancia electoral nos hemos liberado del experimento político fundamentalista del mercado impulsado por youtubers y generadores de opinión adictos a las bebidas energéticas, la misoginia y la evasión fiscal.

No obstante, no podemos ignorar la influencia de los memes y la capacidad de la ultraderecha para imponerse en el submundo de internet y en lugares clave de la política contemporánea, como los medios audiovisuales y las plataformas digitales

La potencial presidencia de Milei plantea la necesidad imperante de replantear nuestro enfoque y luchar por una victoria amplia en segunda vuelta. Debemos unirnos con todos aquellos que defienden la democracia, la justicia social y un futuro compartido para asegurar que ideologías extremas no prevalezcan en nuestra sociedad. El desafío es real, y el trabajo por delante es crucial para el bienestar de nuestra nación.

Tiempo Argentino