El susto

Por David Brooks

Pese a que Donald Trump es el primer ex mandatario en ser arrestado, en enfrentar cargos federales que incluyen violar la Ley de Espionaje, entre una larga lista de delitos, millones le aplauden y líderes de EU y otras partes lo defienden, como se observa en la imagen, del fin de semana, durante un acto del magnate en Carolina del Norte. Foto Ap

La bestia goza ofender a todo y todos los que percibe como sus enemigos, los ataca con su astuta ignorancia, su misoginia, su machismo hueco y cobarde. Es un violador sexual, un mentiroso, un mandatario responsable de unas 400 mil muertes innecesarias por su manejo del covid, un instigador de la violencia racista que llegó hasta poner en riesgo las vidas de su propio vicepresidente y líderes legislativos, es un comandante en jefe que jugaba con disparar misiles contra México, y conquistar el petróleo venezolano. Es el primer ex mandatario en ser arrestado, el primer mandatario en enfrentar cargos federales, incluyendo violar la supuestamente sagrada Ley de Espionaje, y, sin alargar esta lista, señalar que con todo esto y mucho más, millones le aplauden y líderes de aquí y otras partes lo defienden. Eso es lo que más asusta.

Algunos dicen que es víctima del uso político del Poder Judicial, él dice que es víctima de una cacería de brujas, pero ante los detalles de los cargos ya formulados en casos locales y federales, como los 37 presentados a finales de la semana pasada sobre su manejo ilegal de documentos secretos y su obstrucción de justicia, junto con la abrumadora documentación y testigos en las mútiples investigaciones que aún no concluyen, se tendría que hacer un enorme esfuerzo para no ver lo que está a la vista de todos. Asusta ese tipo de ceguera voluntaria, y la historia está repleta de las consecuencias.

Él acusa que esta «persecución» es un intento de la «extrema izquierda», de «comunistas» y «marxistas» para descarrilar su regreso a la Casa Blanca. El fin de semana declaró: «tenemos un Estado comunista», y afirmó que lo que está en juego ahora es que “al final del día, o los comunistas destruyen a America, o nosotros destruimos a los comunistas”. Su público lo ovacionó, algunos con gorras que llevaban la consigna: «Dios, armas y Trump».

Que la «izquierda radical» esté ocupando la sede del poder en Washington es una gran novedad para la mayoría de la humanidad, y hasta algunos podrían tener ganas de festejar y cantar La Internacional al enterarse del triunfo del socialismo en el país más poderoso del mundo. Qué desafortunado que el tipo que lo anuncie sea el campeón de la mentira, pero millones le creen. Eso es lo que sigue asustando.

En sus discursos llenos de las mismas fórmulas retóricas que ha usado efectivamente durante más de 7 años, siempre incluye un autoelogio como campeón de todos, y por lo mismo, como la mayor víctima del «sistema». Una y otra vez ofrece el mensaje de que él es sólo un defensor de los patriotas, como este fin de semana: «al final, no vienen detrás de mí, vienen detrás de ustedes, y yo sólo los estoy obstaculizando».

Entre los logros que mencionó en sus mítines este fin de semana, comentó: «nosotros logramos que México nos diera 28 mil soldados sin costo», gracias a que se llevaba con el presidente mexicano «socialista».

Prometió «la mayor operación de deportación en la historia» del país, y anular el derecho a la ciudadanía por nacimiento para los indocumentados.

Tambien lamentó que «cuando yo me fui (de la presidencia), Venezuela estaba por colapsar. Hubiéramos tomado el control, y habríamos conseguido todo ese petróleo, estaría aquí al lado».

Mañana, cuando la bestia se presente a su cita en un tribunal federal para ser formalmente informado de los cargos, hay mensajes de que él y sus seguidores amenazan con violencia y casi una invitación a una sublevación para defender al salvador del Estados Unidos libre de izquierdistas, migrantes, y donde todas las minorías entienden su lugar (secundario).

Que se tenga que tomar en serio todo esto asusta, que el proceso político y social se haya deteriorado a este punto, asusta. Da susto que no se puede descartar que habrá cada vez más violencia derechista, que huele cada vez más a fascismo, que hay mayor complicidad y que puede ganar.

La resistencia sigue, crece, insiste, da esperanza de que este antídoto al susto logre frenar a la bestia y su veneno.

La Jornada