El universo y el coso de un distinto: un documental sobre Federico Peralta Ramos

Néstor Frenkel estrenó su última película: un retrato del tipo que hizo de la otredad su principio fundamental.

Por Daniel Castelo

Imagen: Federico Manuel Peralta Ramos (gentileza prensa)

En 1968 Federico Manuel Peralta Ramos ganó la codiciada Beca Guggenheim, otorgada por la fundación con sede central en Manhattan, donde está encarnada en uno de los museos más interesantes de la ciudad. En cuanto le depositaron el dinero, el artista, portador díscolo de uno de los apellidos patricios de Buenos Aires, quien vivía en el cuarto de servicio de la mansión familiar, se gastó íntegro el dinero conseguido en una cena de lujo y una trasnoche de vidurria en una boite porteña. Cuando desde la Fundación Salomon Guggenheim se contactaron con él y le consultaron sobre el destino de los dólares, contestó textual: «Ustedes me dieron ese dinero para que yo hiciera una obra de arte y mi obra de arte fue esa cena». La carta enviada por el artista a la entidad se encuentra exhibida en el museo ubicado en Nueva York.

Federico Manuel Peralta Ramos – Soy un pedazo de atmósfera | Tengo un algo adentro que se llama el coso (1970)

La anécdota define un poco al personaje pero, lejos de limitarlo a los marcos de esa historia, dispara una galaxia de otras posibles, otras tales como las que forman parte de «El coso», documental de Néstor Frenkel sobre el hombre que había sido diagnosticado por su analista como «psico diferente».

Peralta Ramos en el Di Tella; Peralta Ramos comprando sin fondos un toro campeón; Peralta Ramos como artista invitado permanente del programa de Tato Bores; Peralta Ramos recitando en un bar, en un museo, en una película, en otro bar. Peralta Ramos diciendo «acá, me gusta acá» tanto aquí, como allá como en todas partes. Pero todas partes de Buenos Aires, de acá, acá.

Federico Manuel Peralta Ramos (gentileza prensa)

Frenkel bucea en el universo de uno de los tipos más creativos e incomprendidos de su época y lo hace con la curiosidad intacta, similar a la que puso en juego en trabajos anteriores como Buscando a Reynols (2004), sobre la banda de pop experimental argentina o Todo el año es navidad (2018), en la que pone el ojo sobre un puñado de hombres que trabajan de ser Papá Noel los diciembres de cada año. Hay una mirada que recorre vericuetos, que pone la cámara al servicio del fuera de campo y ahí es donde radica una de las mayores virtudes del cine de Frenkel.

Un puñado de amigos de Federico y su hermano sostienen con sus testimonios el concepto de arte que rigió la vida del retratado. Los recuerdos de los coprotagonistas del documental se cruzan con imágenes de archivo vitales para la historia, la de FMPR y la del arte porteño en su conjunto. Los testimonios viajan en los 73 minutos de relato a bordo de una nube de conceptos disparados por el artista sobre papeles, muestras, entrevistas y diálogos con su gente querida, parte de una memoria colectiva que va mucho más allá del «coso». 

«A los desamorados no hay que darles pelota», escribió alguna vez Federico y ahí hay una posible clave de su vida, su trayectoria y quizá también su muerte, como además la hay en la explicación que alguna vez dio él mismo sobre el porqué del imán que parecía portar en sus performances: «La gente consume un código ondulatriz, o sea, una serie de ondas que salen de mi cuerpo y producen una sensación agradable; por eso no me interesa mucho si la gente entiende o no lo que hago, lo importante es que las ondas funcionen bien». 

El coso. Argentina, 2022. 73´ Guion, Montaje y Dirección: Néstor Frenkel. Fotografía y Cámara: Diego Poleri, Música: Gonzalo Córdoba. Voz en off: Damián Dreizik. Documental.

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