Elon Musk, BlackRock, Marx y los límites del capitalismo

Por Carlos Mendoza*

El acelerado desarrollo simultaneo de la inteligencia artificial y la concentración y centralización del capital, prevé un futuro distópico de un sistema económico automatizado, concentrado en unos pocos propietarios privados, que no requiera del trabajo humano, lo que supone un gran desafío de lucha para los trabajadores y demás sectores populares para revertir esa situación y darle un carácter comunitario, poniéndolo al servicio del conjunto de la sociedad.

Elon Musk y la IA (Inteligencia Artificial)

Los días 1 y 2 de noviembre 2023, el magnate Elon Musk, cuyas inversiones se concentran en empresas de alta tecnología, como Tesla, Starlink, Neuralink y SpaceX, pronunció una sentencia que sacudió al mundo mediático, al afirmar que en unas décadas la Inteligencia Artificial (IA) acabará eliminando la necesidad de mano de obra asalariada, diciendo que “vendrá un punto en el que el empleo ya no será necesario”. Esto lo afirmó en la Primera Cumbre de Seguridad de la Inteligencia Artificial del mundo, realizada en Milton Keynes, Inglaterra, donde participaron representantes de 28 países, la mayoría expertos en alta tecnología, aunque también el primer ministro británico, Rishi Sunak, la vicepresidenta de EEUU Kamala Harris y el ministro de Economía de Alemania Robert Habeck, entre otros. (1)

Como sabemos, la IA viene desarrollándose de manera acelerada y su combinación con la robótica y la automatización de la actividad económica, como parte de la denominada “revolución informacional”, hace prever profundos cambios en la producción y distribución de bienes y servicios, particularmente con el reemplazo de la fuerza de trabajo humana, física e intelectual, por lo que las afirmaciones de Elon Musk, alguien inmerso en el negocio de la alta tecnología, deben tomarse como de alguien que conoce de lo que habla.

Black Rock y la concentración y centralización del capital

En 2020, la organización American Economic Liberties Project, informó que tan solo tres empresas multinacionales de gestión de activos, BlackRock, Vanguard y State Street, concentraban ya, en ese entonces, más de 15 billones (millones de millones) de dólares bajo gestión, lo cual equivalía, ese año, nada menos que al 75 % de PBI nominal de los EEUU. (2)

A su vez, en 2021, solo BlackRock gestionaba ya activos por 10 billones de dólares, equivalentes ese año al 40% del PBI nominal de EEUU. (2)

El gigante multinacional BlakRock, controla la mayoría de las acciones de Microsoft, Amazon, Apple, Coca Cola, Twitter, PepsiCo, Ferrari, Bank of America, JP Morgan, Pfizer, McDonald´s o Uber. Es también el segundo mayor accionista de Facebook. (3)

BlackRock es el mayor inversor mundial en plantas de carbón, y gestiona además la extraordinaria cantidad de tres mil millones de barriles de petróleo, lo que le implica unos 87 mil millones de dólares en energía no renovable. (3)

En cuanto a medios de comunicación, BlakRock posee el 18% de las acciones de Fox News, el 16% de CBS, el 13% de Comcast y hasta el 12% de Disney. También tiene acciones en medios de todo el mundo. En España, por ejemplo, tiene acciones en Atresmedia y el Grupo Prisa. (3)

En Argentina BlackRock tiene muy importantes intereses, no solo como accionista de multinacionales de fuerte presencia local como Coca-Cola, Bayer, Apple, Microsoft, Telefónica o Procter & Gamble (entre otras); sino también como accionista de varias empresas muy importantes como Mercado Libre, Tenaris, Grupo Galicia, Banco Macro, Telecom, Pampa Energía, TGN, Arcos Dorados y Adecoagro. (4)

BlackRock es entonces un buen ejemplo de la acelerada tendencia a la concentración y centralización del capital en pocas manos, a nivel del conjunto del mundo capitalista, y de su consiguiente enorme y creciente influencia en el manejo de la política de los países del capitalismo, al igual que de la creciente capacidad que tienen esos grupos de moldear la opinión pública según sus intereses, utilizado los medios de comunicación cada vez más concentrados en sus manos. Y esto a nivel de todo el sistema capitalista, país por país.

El desarrollo de las fuerzas productivas, la concentración y centralización del capital y Carlos Marx

Veamos que preveía Carlos Marx, ya en el siglo IXX, en épocas de revolución industrial, en cuanto al simultáneo desarrollo de las fuerzas productivas y de la concentración y centralización del capital en pocas manos, y sus consecuencias.

En cuanto al previsible desarrollo científico- tecnológico, o de las fuerzas productivas, impulsado por el capitalismo, Marx dice:

“En la medida, sin embargo, en que la gran industria se desarrolla, la creación de la riqueza real se vuelve menos dependiente del tiempo trabajado y del cuanto de trabajo empleado que del poder de los agentes puestos en movimiento durante el tiempo de trabajo, y cuya poderosa eficacia por su parte no guarda relación alguna con el tiempo de trabajo inmediato que cuesta su producción, sino que depende más bien del estado general de la ciencia y del progreso de la tecnología.” (5)

La riqueza real se manifiesta más bien -y esto lo revela la gran industria- en la enorme desproporción cualitativa entre el trabajo, reducido a una pura abstracción, y el poderío del proceso de producción vigilado por aquél. El trabajo ya no aparece tanto como estando incluido en el proceso de producción; el hombre se comporta más bien como supervisor y regulador con respecto al proceso productivo (…) Se presenta al lado del proceso de producción, en lugar de ser su agente principal. En esta transformación lo que aparece como pilar fundamental de la producción y de la riqueza no es ni el trabajo directo ejecutado por el hombre ni el tiempo por él trabajado, sino la apropiación de su propia fuerza productiva-general, su comprensión de la naturaleza y su dominio de la misma, gracias a su existencia como cuerpo de la sociedad; en una palabra, el desarrollo del individuo social.” (5)

“…esa laboriosidad general (habrá) prosperado tanto que la posesión y conservación de la riqueza general, por una parte exigen tan solo un tiempo de trabajo menor para la sociedad entera, y que por otra parte la sociedad laboriosa se relaciona científicamente con el proceso de su reproducción en magnitud cada vez mayor; por consiguiente ha cesado de existir el trabajo en el cual el hombre hace lo que puede hacer que las cosas hagan en su lugar.(el destacado es por mi cuenta). (5)

Y en cuanto al simultaneo proceso de centralización y concentración del capital en pocas manos, Marx señala:

“Esta expropiación (de unos capitalistas menores por otros más grandes) la lleva a cabo el juego de las leyes inmanentes de la propia producción capitalista: la centralización de los capitales. Cada capitalista desplaza a otros muchos. Paralelamente con esta centralización del capital o expropiación de muchos capitalistas por unos pocos, se desarrolla en una escala cada vez mayor la forma cooperativa del proceso de trabajo, la aplicación técnica consciente de la ciencia, la explotación sistemática y organizada de la tierra, la transformación de los medios de trabajo en medios de trabajo utilizables solo colectivamente, la economía de todos los medios de producción al ser empleados como medios de producción de un trabajo combinado, social, la absorción de todos los países por la red del mercado mundial y, como consecuencia de esto, el carácter internacional del régimen capitalista. (…). El monopolio del capital se conviene en grillete del régimen de producción que ha crecido con él y bajo él. La centralización de los medios de producción y la socialización del trabajo llegan a un punto en que se hacen incompatibles con su envoltura capitalista…Ha sonado la hora final de la propiedad privada capitalista. Los expropiadores son expropiados. (6)

El método objetivo, científico y dialéctico, de análisis del capitalismo, empleado por Marx, le permitía, aun dos siglos atrás, prever las tendencias inmanentes de la evolución capitalista hacia un desarrollo de las fuerzas productivas que, como límite, provocarían una automatización tal de la producción y distribución de bienes y servicios, que ya no necesitaría de la fuerza de trabajo humana, física e intelectual; y que esas fuerzas productivas fueran producto de medios de producción y distribución de bienes y servicios cuya propiedad estuviera concentrada en unas pocas manos. Generando así condiciones objetivas para que esa enorme concentración de propiedad, de un sistema económico altamente automatizado, pasara a manos del conjunto de la sociedad, que las autogestionaría en beneficio común, utilizando los crecientemente sofisticados medios de comunicación y métodos de gestión colectiva.

Claro que, como el propio Marx advertía, esa transformación comunitaria de la propiedad y la gestión, no se produciría por autodecisión de los pocos propietarios privados de esa fenomenal riqueza productiva acumulada, que renunciarían así espontáneamente a sus extraordinarios privilegios, sino por la acción consciente de los únicos objetivamente interesados en ello, es decir, principalmente los trabajadores; pero también los demás sectores populares (clase media, campesinado pobre y pequeños empresarios). Pero es previsible que antes de llegar al señalado límite del sistema, donde ya no se necesitaría el trabajo humano, los trabajadores y demás sectores populares, en la medida en que tuvieran crecientemente consciencia de tal objetivo proceso evolutivo del capitalismo, pudieran democráticamente lograr contrarrestar y revertir dicho proceso en favor del conjunto de la sociedad, mediante su organización y acción conscientes, logrando controlar y utilizar para ello la herramienta  institucional de que pueden disponer para ello que es el Estado.

Precisamente para evitar tal posibilidad es que los grupos multinacionales cada vez más concentrados de la economía, a través de los medios de comunicación hegemónicos que les pertenecen, y los políticos que, conscientemente o no, sirven a esos intereses, pregonan ideas neoliberales de libertad económica irrestricta en esta época de creciente oligopolización, utilizando la “pobre inocencia de la gente”, como dice la canción, para hacerles creer que eso aumentará sus libertades, siendo que en realidad no hará más que consolidar profundamente el control oligopólico de la economía, los medios de comunicación, de educación y de cultura, en un régimen cada vez más distópico y objetivamente opresivo y represivo, donde, en el límite, no se necesitará más del empleo de personas y el producido y distribución del sistema automatizado de economía será decidido solo por un puñado de oligarcas según sus propios intereses.

Es el dramático desafío al que están crecientemente confrontados los pueblos, particularmente los trabajadores y demás sectores populares.

*Carlos Mendoza, ingeniero, escritor, especializado en temas políticos y de economía política, miembro del Consejo Editorial de Tesis 11.

Revista Tesis 11