En cuestión

Las brechas entre las encuestas y los resultados electorales ponen en entredicho la validez del método.

Por Josefina Bolis

Un sondeo realizado en Tucumán a mediados de febrero por Zubán Córdoba y Asociados colocó a Javier Milei en primer lugar en intención de voto potencial para Presidente con el 53%, dividido entre quienes afirmaban que lo votarían (22,2%) y los que decían que podrían votarlo (30,8%). El domingo pasado, su candidato a gobernador, Ricardo Bussi, tuvo la magra cosecha del 3,9% de los votos, menos de un tercio de lo que había obtenido en 2019, cuando aún no se referenciaba con el líder libertario.

Este fracaso electoral no sorprende, en tanto es una escala más de los sucesivos traspiés que Milei viene acumulando en las provincias. Pero hay un elemento distintivo: el apoyo expreso y reiterado del libertario hacia Ricardo Bussi, hijo del genocida Antonio Bussi y con quien compartió escenario en territorio tucumano en varias oportunidades. En el último encuentro, pidió «que la gente comprenda que votar a Ricardo» también era votarlo a él.

La primera derrota: Bussi llevó a cabo una campaña focalizada en pegarse a la figura de Milei.

Para el director de Zubán Córdoba y Asociados, Gustavo Córdoba, los medios mainstream proyectan la visión de la Capital Federal como si fuera la de la realidad nacional: «Lo que pasa en las provincias queda en las provincias; y esto me parece que es un karma que nadie entiende porque todo el mundo quiere utilizar lo que pasó para llevar agua para su molino». En cambio, el titular de la consultora Equis, Artemio López, cree que estos resultados ponen en cuestión la presencia de Milei «como fenómeno nacional», puesto que ya votó alrededor del 20% del padrón a nivel ejecutivo: «La marca Menem en La Rioja se comportó peor en esta elección que cuando fue sólo y lo mismo le pasó a Bussi».

Para Gustavo Córdoba, la clave de la proyección nacional de Milei tiene dos componentes identitarios. El primero es ideológico: «La mitad de su voto se corresponde con el votante golpista de la Argentina, el hater de la democracia»; mientras que el segundo «es un votante desencantado con la política tradicional que tiene una mirada muy fuerte de la economía». En esa línea, observó que el libertario es el único que decodificó el tono justo de enojo que tiene la sociedad en torno a la situación económica.

La magnitud de la brecha entre el estudio de las inclinaciones a favor de Milei realizado hace pocos meses y la paupérrima performance electoral de Bussi deja algunos interrogantes: ¿estamos frente a un escenario de extrema volatilidad de las preferencias políticas? ¿Se ha reforzado la adhesión a liderazgos carismáticos en detrimento de la identificación a fuerzas políticas, dificultando el traslado del nivel de intención de voto a Presidente hacia las dirigencias locales? ¿Hay contradicciones entre las mediciones por candidatos y las mediciones por programa electoral?

Pero hay otras preguntas que deberían anteponerse al examinar los resultados de cualquier investigación social. ¿Cómo se construye el método elegido para recolectar los datos? ¿Para qué y para quiénes sirven las encuestas?

No contesta

Para analizar si es válido aplicar un cuestionario para recabar representaciones sobre la realidad o para tener indicios sobre las voluntades individuales hay que, en principio, despejar de la ecuación las técnicas obsoletas y aquellas que, intencionalmente, tergiversan la muestra. Es el caso de las encuestas por sistema IVR (Respuesta de Voz Interactiva), realizadas a través de llamados telefónicos automatizados. Por ser barata, rápida y sencilla de implementar, es una técnica recurrente cuando se pretende que el universo de la investigación tenga escala nacional. No obstante, menos de la mitad de los hogares argentinos tienen telefónico fijo y sus usuarios son, preferencialmente, adultos mayores. Si se circunscribe a la telefonía celular, se pierde el anclaje geográfico, y si se migra hacia el cuestionario online, se excluye gran parte de la población que no tiene acceso a Internet.

Pero el principal riesgo de las técnicas impersonales y aleatorias no es tanto el sesgo en la representatividad como la tasa de rechazo. Es probable que quienes acepten contestar una encuesta digital o por vía telefónica tengan el deseo de incidir en el resultado o, al menos, que sean parte del sector más politizado de los electores, con un mayor nivel de conocimiento respecto a candidatos y más adeptos a expresar su aprobación o rechazo. Para filtrar esta intencionalidad, las consultoras indagan en el nivel de interés en la política del encuestado: mientras que, en los sondeos de opinión domiciliarios, «el promedio da aproximadamente entre un 30 y un 40%», en el «digital o telefónico el interés sube entre el 80 y el 90%», comparó Córdoba y, por eso, consideró que el tradicional cara a cara sigue siendo el método «en el que menos podemos desconfiar».

Artemio López coincidió en ponderar las encuestas presenciales, aunque señaló que «tenés que disponer de un grupo de encuestadores que sepan enfrentar el rechazo de la gente a este tipo de indagaciones porque, sobre todo los sectores populares, creen que es un mecanismo de control social».

El contexto de crisis política y representacional desafía a los analistas políticos, que deben reforzar sus mecanismos de interpelación para quebrar la barrera del hartazgo inicial. «Esa es la dificultad de las empresas de opinión pública en registrar la opinión de la gente, no le echemos la culpa al enojo», evaluó Córdoba, aunque reconoció que los sentimientos negativos hacia la política son un «fenómeno masivo transversal» y que en encuestas domiciliarias alcanza al 65% de los consultados, mientras que en las telefónicas o digitales se eleva al 80%.

No sabe

El gran meollo para las encuestadoras no es transparentar su ficha técnica, sino revelar quiénes fueron sus financistas. Un etiquetado frontal que revele quién la pago y quién decidió publicarla sacudiría los cimientos del negocio.

Hace una década, el ex Presidente Rafael Correa impugnaba las pretensiones de neutralidad de una periodista: «Ustedes se creen propietarios de la opinión pública… No, ustedes son propietarios de la opinión publicada. La opinión pública es la de nuestros pueblos». Al igual que los medios de comunicación, las consultoras son actores políticos que forman parte de grupos económicos o de interés. Pero cuando aquello que se publican son números y porcentajes, se refuerza la apariencia de objetividad.

En muchos casos, las encuestas no buscan comunicar tendencias, sino construirlas. En este punto, abundan las hipótesis sobre la capacidad de los sondeos de opinión de producir un «efecto arrastre», induciendo a los electores a volcarse hacia las tendencias mayoritarias para tener un «voto útil». A la inversa, los grupos que se perciban minoritarios se someterían a una espiral de silencio y a la autocensura.

«Lo que está en crisis es la utilización de encuestas como parte de la campaña electoral de los candidatos porque no producen efectos de verosimilitud como lo producían hace tiempo atrás. Ese recurso de publicidad está agotado», puntualizó Artemio López y agregó que eso no habla mal del método en sí, sino de una malversación en su uso para incorporarlos como parte del «cotillón electoral». Para el analista político, esto implica que «hay que leer las encuestas que se publican con el mismo espíritu de una nota de opinión».

Pulir las herramientas, evitar generalizaciones, triangular métodos cuantitativos y cualitativos, construir equipos de investigación interdisciplinarios y especializados no es otra cosa que un acto de rigurosidad científica. Prevenir al destinatario de las encuestas de la insalvable parcialidad de los resultados, es un acto de honestidad intelectual. Ello no significa que debería abandonarse la tarea de construir un termómetro sobre sentires y demandas de la comunidad. Sencillamente, hay que asumir que la sociedad es compleja y, por tanto, no debería simplificarse el proceso de hablar sobre ella.

No dialoga

Con los anteriores reparos, cabe preguntarse si un uso profesionalizado de este tipo de relevamientos de opinión puede contribuir a fortalecer el diálogo entre los decisores políticos y la ciudadanía, aumentando la representatividad de sus programas electorales.

Zubán Córdoba y Asociados se propuso conocer los niveles de adhesión a las propuestas de Milei, al contemplar que estas logran mantener centralidad en la agenda de debate público. El procedimiento fue un cuestionario domiciliario estructurado que aplicaron del 26 de mayo al 1 de junio sobre 1.300 casos en conglomerados urbanos. La conclusión fue que la sociedad rechaza la mayoría de sus ideas.

Los encuestados no se autoperciben como posibles ajustados: «Lo que la gente necesita son medidas urgentes que cambien la situación. Cuando le explicás que la medida de shock es bajar el sueldo, bajar la jubilación, aumentar la luz, aumentar el gas, ahí empiezan: ‘No, con la mía, no’. Entonces, lo que falta es más profundidad en el debate político argentino», sostuvo Gustavo Córdoba. También juzgó que no es de extrañar que Milei capitalice los altos niveles de imagen negativa, que son comunes a todo el arco político, «lo raro es que la política no reaccione de otra manera, tratando de fidelizar la mitad del voto que todavía ve al Estado con algo de centralidad para cambiarle su propia vida». A la vez, estimó que «hay un tremendo error de la política a la hora de hablarle a la gente», que hace que «nadie pueda apropiarse de políticas públicas que tienen alto grado de aceptación». Reafirmar la propia identidad cobra especial relevancia en comicios que ponen en juego los pisos electorales.

A la hora de decidir el voto, la pertenencia ideológica es más fuerte que la aprobación o desaprobación de medidas concretas. Como la deserción electoral es más elevada en mayores de 40 años, las personas que tienen menos de 35 representan el 50% de la gente que efectivamente va a votar: «Eso significa que definen las elecciones y son los que menos sentimientos partidarios tienen». A entender del analista, los déficits en la comunicación política se profundizan porque esta quedó desfasada en términos generacionales: «¿Cómo hace la política que está en blanco y negro para hablarle en términos entendibles a un segmento de población que está discutiendo con los algoritmos y con la inteligencia artificial?»

No reemplaza

Si se contemplan las particularidades locales, sociales y generacionales, las encuestas pueden contribuir a arrimar las agendas políticas con las demandas sociales. Pero, para Artemio López, «la patria consultora te hace tomar decisiones equivocadas». Para combatirla, hay dos fuentes de información que son irremplazables. La primera es la visión del dirigente que transita el territorio. Confinada al Palacio, la política está condenada a la egolatría.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que la peor quebradura no es la dirigencial, sino la de la base de representación. «Hay que gestionar en favor de los sectores que te votan», sintetizó el analista. La segunda fuente de información son los pactos electorales. Hay que recordarlos y cumplirlos.

El Cohete a la Luna