Esa sangre derramada

Un perfil de María Moreno

Con su vida, su sangre transmutada en alcohol y aquellas noches de bares y cofradía, María Moreno reinventó un periodismo en extinción, ese que muestra, pero no se deja ver. Quizás haya descubierto la fórmula para que el violento oficio de escribir siga vivo.

Por Alan Benítez*

Foto: Alejandro Santa Cruz/Télam

Cristina Forero ya no existe. Su vida se terminó en el preciso instante en que Rodolfo Walsh y Manuel Puig se cruzaron en la mente de quien nacería como María Moreno: el primero la educó bajo la premisa de que un buen testimonio podía ser mejor que una novela; el segundo le enseñó que las palabras tienen cualidades pictóricas y musicales. No hay una fecha precisa de cuándo ocurrió ese sexo fructífero, pero algunos calculan unos 40 años atrás, con el regreso de la Democracia.

Antes hubo otra vida. Cristina nació en la Buenos Aires de 1947, convulsionada por esa nueva forma de entender la política (y la vida) llamada peronismo. De adolescente, y por las presiones de su madre bioquímica, tenía calificaciones altísimas en el secundario. Pero iniciada la década del 60 y ya en el tercer año, decidió dejar la escuela. Ahí fue cuando empezó a trastocar su vida.

«Contra un fondo de tubos de ensayo por los que circulaba algo en ebullición, mi madre me hacía una prueba de magia. Con un vaso en cada mano, los dos llenos de un líquido transparente -luego supe que era alcohol-, vertía al mismo tiempo los contenidos en una pipeta de vidrio. El color se volvía un carmín traslúcido, que evocaba el color de una prenda ensangrentada que se enjuaga».
Black out(Random House, 2016)

Cristina había empezado a sangrar.

Rompió con la tradicionalidad educativa de su madre, decepcionó a sus docentes que la adoraban y dejó de tener horarios convencionales. En Contramarcha (editorial Ampersand, 2020), Moreno dijo sobre aquella Cristina que supo ser: «después vino una deriva gozosa entre los caídos del sistema escolar, libertarios de poca monta, buscavidas amistosos que tomaban de la cultura lo que les venía bien, sin disciplina impuesta ni peso de los ideales en tiempos en que la palabra ‘bohemia’ ya no se pronunciaba sin ironía. Eran mis compañeros del nocturno en el que terminé la escuela secundaria».

Así podría decirse que Cristina Forero comenzó a transicionar en María Moreno. Hace poco, en la revista Barbarie (2023), reconoció que ese tipo de formación entró en crisis con Internet, porque antes se trataba «no de formarse solo sino formarse en todas partes. Esa cultura era muy de la época (de los ‘60 y ‘70s), con un Enrique Raab, un Rodolfo Walsh, que tenía el secundario incompleto… Gente que tenía maestros a los que elegía, no los de la universidad, pero donde la ciudad en sí misma era una gran usina para aprender». María se metió en eso que algunos llaman lumpenaje y terminó dentro de los bares de noche en Buenos Aires, bebiendo whisky y compartiendo historias con escritores/periodistas como Claudio Uriarte, Miguel Briante, Charlie Feiling y Norberto Soares.

«Mucho más tarde, durante los años en que bebí sin parar, solía tener hemorragias. El diagnóstico de endometriosis no ponía en peligro mi vida y yo era suficientemente fuerte como para conservar un número normal de glóbulos rojos. Tenía un hijo, no pensaba tener otro. Sin embargo, mi imaginación se disparaba cuando creía que el líquido ardiente que me llevaba sin cesar a los labios, me bajaba transformado en sangre, manchándome la ropa».
Black out(Random House, 2016)

Mujer. Madre. Alquimia. Alcohol. Sangre. La profecía estaba cumplida.

Si uno fuera amante de los datos cronológicos diría que Moreno comenzó como redactora en el diario La Opinión; luego colaboró en Sur y las revistas Babel y Fin de Siglo. Pero no está del todo claro cuándo Cristina terminó de convertirse en María. El escritor Alan Pauls dio una pista: fue en aquella década del ‘73 al ‘83, que uno podría decir que estuvo marcada por la violencia y la sangre de un país que arreglaba sus conflictos puertas afuera y a los tiros. Pero en el caso de Moreno, la procesión fue por dentro. Mientras todavía reflexionaba sobre si era realmente una periodista, sufrió endometriosis, a la que supo describir como «una enfermedad sin tragedia», con la que sangraba constantemente y ese era el momento de la sangre derramada: había desapariciones, fusilamientos, atentados… y aparte estaba la expresión ‘la sangre derramada no será negociada’» (Rodríguez, 2019). Se liberó de la enfermedad con una operación en 1983, con el regreso de la Democracia.

Durante ese tiempo, y a pesar de la censura impuesta por la Dictadura, Moreno forjó una escritura híbrida, entre ebria y sobria. Para eso fue clave el alcohol y el feminismo, un tema del que se hablaba poco pero que ella lograba meter entre líneas. La periodista dirá que lo que más hacía era micro ensayos o epifanías (Rodríguez, 2019) donde fue pasando de un feminismo de la diferencia (que reconoce que no solo existen diferencias con los hombres sino entre mujeres) a otro más político y de intervención crítica (Lezcano, 2020). Para hacerlo más sencillo: Moreno sabía que se venía de un feminismo blanco que había dejado de lado a las lesbianas y a las negras, y que la única manera de dejarlas entrar a escena era revelando que, incluso dentro de ellas, existía la discriminación. Lo mismo hará a mediados de los ‘80s con las travas.

Pero antes de eso, y para los fanáticos del orden normal de las cosas, en 1982 inventó el suplemento Mujer en el diario Tiempo Argentino (luego de que se le ordenara crear un suplemento para hombres) y en 1984 sacó a la luz la revista Alfonsina, dirigida a un público que recién en los años ‘90 se llamará queer. Así y todo, dirá de esos años que no se consideraba periodista, que lo que hacía eran ensayos laicos (Lezcano, 2020). Pero ya era ella, «hija de un matrimonio muy igualitario imaginario entre Puig y Walsh» (Rodríguez, 2019). Era ella, erótica y tóxica, conquistando la literatura de la libertad sexual.

¿Por qué tanta congoja, tanta pena?
Ella es tan pero tan atroz
como una mente afiebrada,
piensa que es el amor
antes de conocerlo y se resguarda.
Yo, la dama del rickshaw,
con otra dama
que no conoce el camino pero tiene un látigo.

La bailarina – El affair Skeffington (Mansalva, 1992)

A pesar de este recorrido, María Moreno no era lo que se dice «una persona conocida». Pero algo de eso cambió en 1992 cuando publicó la novela y poemario «El affair Skeffington», que relataba la historia ¿real? de una mujer casada que a principios del Siglo XX llega a París y descubre una sexualidad tan caliente que por momentos siente que se quema.

«Trizas,
hecha trizas.
Que cada cual
tome una
y suba al tiovivo,
ávidos, amantes, montones míos.
ENFERMERA
PRENDA FUEGO A ESA IDEA
Nadie hará un memorándum:
en la mente
el fuego no quema la carne».

1914 /1918 – El affair Skeffington (Mansalva, 1992)

Luego vino el libro de no ficción «El petiso orejudo» (1994), que recupera la historia de un niño criminal a comienzos del siglo XX. Y muchas notas en Página 12. «La verdad es que me cuesta reconocer una identidad como novelista y poeta, aunque en esa época tampoco me pensaba como ‘periodista’ porque asociaba el periodismo con acudir al lugar de los hechos, al ‘periodismo del pisotón’, como decía Tom Wolfe. Hasta que a Ricardo Piglia se le ocurrió decir que eran crónicas. Que tampoco son crónicas, porque yo no voy a ninguna parte, lo que hago son operaciones de escritorio», dijo a la periodista Hinde Pomeraniec (2022), el año pasado, mientras se recuperaba del ACV que sufrió en julio del 2021 y afectó a todo su lado derecho, donde se ubica el brazo con el que escribe.

Ya fue bastante amarte,
reposar un sin fin en tu regazo
–cuarenta años para un minuto
no deja de ser un trato justo–,
tu mano en la noche del hospital también
aunque no pudieras escuchar el murmullo
oculto bajo el rebozo de la mascarilla:
«He atrapado el secreto, querida,
la muerte no nos dice nada».

Sobreviviente -El affair Skeffington (Mansalva, 1992)

Sus crónicas, ensayos y entrevistas han sido recopilados en A tontas y a locas (2001), El fin del sexo y otras mentiras (2002), Vida de vivos (2005), Banco a la sombra (2011), La comuna de Buenos Aires. Relatos al pie del 2001 (2011), Teoría de la noche (2011), Subrayados, Leer hasta que la muerte nos separe (2013), Panfleto: erótica y feminismo (2018) y Contramarcha (2020). Pero aparte hay dos libros que la pusieron en la élite de la escritura latinoamericana: Black out (2016) y Oración (2018).

¿Cuál es el secreto que guarda Maria Moreno? Una pista: «No intento reescribir sobre lo mismo, utilizo textualmente a veces. Autoplagio en tanto y en cuanto reciclo párrafos enteros, cuando retomo el tema y coloco esos textos antiguos dentro de otro contexto, incluso con otra intención, también cambia el sentido. Es como una especie de perversión: me encargan algo y yo inmediatamente quiero robarme a mí misma» (2019, Rodríguez).

Reutilizarse, transicionar y trasvertise en palabras. María Moreno hizo de su prosa un estilo único, donde sus crónicas se acercan y se alejan como cuerpos que se ponen labio a labio para al final no darse besos. Así se ha consolidado como una escritora que provoca y evoca: «Lean a Marx, a Freud, a Mariátegui, a Perón y a Simone de Beauvoir, los textos teóricos feministas producidos en Francia, Italia, Inglaterra y EE.UU. en los ‘70, los de afrofeminismo, a Silvia Federici, Rita Segato, a María Pía López y todo lo que puedan de ficción. ¡No lean periodismo!» (2020, Lezcano).

Con esta vida, estos tragos, esa sangre y aquellas noches, Moreno re-inventó (¡o plagió!) a un periodismo en extinción, ese que muestra pero no se deja ver. Quizás haya descubierto la fórmula para que el violento oficio de escribir siga vivo.

Referencias:

Pomeraniec, H. (9 de diciembre del 2022). María Moreno: «Si no hubiera bebido me habría suicidado». En Infobae. Recuperado el 17 de noviembre del 2023 en https://www.infobae.com/leamos/2022/12/09/maria-moreno-si-no-hubiera-bebido-me-habria-suicidado/

Hopenhayn, D. (9 de mayo del 2023). María Moreno, escritora argentina:»Las palabras de la política te cagan el estilo» en Revista Barbarie. Recuperado el 18 de noviembre del 2023 en https://www.barbarie.lat/post/mar%C3%ADa-moreno-escritora-argentina-las-palabras-de-la-pol%C3%ADtica-te-cagan-el-estilo

Lezcano, W. (julio de 2020). María Moreno: «Me interesa la fuerza performática de la protesta» en Revista Almagro. Recuperado el 17 de noviembre del 2023 en https://www.almagrorevista.com.ar/maria-moreno-me-interesa-la-fuerza-performatica-de-la-protesta

Rodríguez, A. (22 noviembre 2019). Entrevista a María Moreno: «El alcohol me salvó de experiencias que me parecen más terribles» en Revista Letras Libres. Recuperado el 18 de noviembre del 2023 en https://letraslibres.com/libros/entrevista-a-maria-moreno-el-alcohol-me-salvo-de-experiencias-que-me-parecen-mas-terribles/

Buenos Aires, 16 de diciembre de 2023.

*Periodista (TEA) y estudiante de la Licenciatura en Periodismo (UNDAV). Este texto surgió en el marco de la materia Periodismo y Literatura-UNDAV

La Tecl@ Eñe. Revista Digital de Cultura y Política. Editor/Director: Conrado Yasenza