España y los macarras de la moral

Por José Steinsleger

Uno. De 1990 a la fecha, la «madre patria» parece haberse erigido en meca de politólogos, periodistas y escritores necesitados de «un modelo de institucionalidad con autoridad moral para dar lecciones al resto del mundo, y en particular a los países latinoamericanos» («España: discurso y realidad»; https://rb.gy/ormez).

Dos. Antes, la España de la república, con poetas y pensadores que, a brazo partido, luchaban contra los dinosaurios que el catalán Joan Manuel Serrat diseccionó en una canción que a veces, bajo la regadera, canto a grito pelado: «Los macarras de la moral».

Tres. Curiosa sorpresa, entonces, el escrito «La literatura, siempre del lado de la libertad y de la democracia», que a modo de «Manifiesto» fue suscrito por un notable grupo de «abajofirmantes», durante la 82 Feria del Libro de Madrid (26 de mayo/11 de junio; https://rb.gy/lg3dm).

Cuatro. Quedé perplejo. Por vez primera en esta especie de comunicados, los redactores optaron por disociar sujeto y predicado, en aras de la democracia y… ¡la libertad! («uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos», según Pierre Menard, Alonso Quijano o Miguel de Cervantes Saavedera, no recuerdo bien).

Cinco. Bueno, indulgencia y tolerancia. Que muy tedioso y extenso hubiera sido precisar los incontables atropellos que han sufrido y sufren nuestros pueblos. Por esto, un corresponsal amigo me puso al tanto de los muchos anexos al Manifiesto, incluidos por algunos de los «abajofirmantes» presentes (o no), en la Feria de Madrid. Veamos: a) repudio a los organizadores del festival literario «Mercado de la Poesía» (Marché de la Poésie», París, 6/23), el mayor encuentro de poetas, editores y público de Francia), por haber retirado la presidencia de honor que había concedido a la poeta cubana Nancy Morejón, Officier de la Orden las Artes y las letras francesas desde 2013; b) solidaridad con el periodista australiano Julian Assange, a quien el gobierno «democrático» del ex presidente Lenín Moreno, que en 2019 quitó la nacionalidad ecuatoriana otorgada por el ex presidente Rafael Correa, permitiendo que el fundador de Wikileaks agonice hoy en el penal de máxima seguridad de Belmarsh, cercano a Londres; c) solidaridad con la luchadora social argentina Milagro Sala, presa política de los gobiernos «democráticos» de Mauricio Macri (2016-19) y Alberto Fernández (2019-23), así como rechazo al lawfare (persecución judicial), contra la dos veces presidenta y actual vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner; d) condena del golpe parlamentario contra el presidente democrático de Perú, Pedro Castillo, y repudio a la dictadura genocida de Dina Boluarte, quien usurpa el cargo desde el 7 de diciembre pasado; e) condena al presidente de El Salvador, Nayib Bukele, quien se jacta de haber encarcelado, sin juicio previo, a 70 mil supuestos pandilleros del país, en condiciones que hubieran causado vergüenza a los nazis; f) respaldo a la carta firmada el 7 de junio por el politólogo Noam Chomsky y el Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel, en la que advierten que en Colombia se gesta un «golpe blando» contra el presidente Gustavo Petro, con la finalidad de revertir la voluntad popular; g) respaldo a la carta de Pablo Sepúlveda Allende (nieto del gran Salvador), dirigida al joven presidente de Chile, Gabriel Boric, en la que dice: “Es muy sesgado y grosero que equipares –sin el más mínimo argumento– el supuesto ‘debilitamiento de las condiciones básicas de la democracia en Venezuela’, la ‘permanente restricción de libertades en Cuba’, y la ‘represión del gobierno de Ortega en Nicaragua’. […] El que escribas semejante insensatez no ‘significa transformarse en un seudoagente de la CIA’, pero sí denota una importante irresponsabilidad e inmadurez política que puede transformarte en un elemento útil para la derecha o, peor aún, terminar siendo esa ‘izquierda que la derecha ansía: una izquierda sonsa, ambigua, una izquierda inofensiva, que por oportunismo prefiere parecer ‘políticamente correcta’, esa izquierda que no es ni ‘chicha ni limonada’, esa que no quiere quedar mal con nadie».

Seis. Pablo finaliza la misiva a Boric, recordando una obviedad: «Una persona alcanza su nivel más alto de ignorancia cuando rechaza algo de lo cual no sabe nada».

Siete. Oh… ¡sí! Cantemos, todos, «Los macarras de la moral»: “Son la salsa de la farsa / El meollo de un mal rollo / La mecha de la sospecha…»

La Jornada