Europa camina sonámbula a la guerra

Por Alberto Betancourt*

La guerra en Ucrania es resultado de las derrotas del movimiento popular en Estados Unidos, Europa y Rusia. Ernst Mandel en su libro El significado de la Segunda Guerra Mundial explica dicha conflagración como consecuencia de dos décadas de derrotas de los movimientos revolucionarios, progresistas y sindicalistas: la matanza de comunistas y militantes obreros en Shanghái, China, el fracaso del Frente Popular, en Francia, la derrota de la huelga británica, la burocratización forzada del movimiento obrero en EU y el aplastamiento de la república española. La represión minó a los actores políticos capaces de oponerse a una carnicería interimperialista. En la actualidad la tragedia de Ucrania, convertida en escombros, con un tercio de su población en el exilio y endeudada en más de 600 por ciento de su PIB por la compra de armamento, es el resultado del reflujo (espero provisional) de los movimientos progresistas y el ascenso de fuerzas de derecha el trumpismo y la nueva guerra fría de Biden, en EU, el ascenso de gobiernos xenófobos en Europa y una fuerte oleada de nacionalismo con visos religiosos, en Rusia

Europa parece caminar sonámbula hacia la guerra, como señala José Pardo de Santayana en «La guerra en Ucrania» (Instituto de Estudios Estratégicos de España, Panorama de conflictos geopolíticos, 2022). La injerencia de Alemania en el conflicto es uno de los elementos más emblemáticos de la situación generada a partir de la invasión rusa. El 17 de febrero de 2023 en el marco de la Conferencia de Seguridad de Munich, el canciller Olaff Sholz anunció el desplazamiento de tropas alemanas a Lituania, Eslovaquia y Polonia. Alemania, afirmó, asumirá su responsabilidad en la seguridad europea: aumentará a 2 por ciento de su PIB su presupuesto militar; cumplirá su responsabilidad de manera rotativa en la OTAN de vigilar el espacio aéreo regional; aumentará la presencia de la armada alemana en el Báltico; aportará 30 mil soldados a la OTAN para 2025; adquirirá aviones F35 y dispondrá lo necesario para un eventual intercambio nuclear. La presión estadunidense sobre Alemania ha sido extraordinaria. De acuerdo con el periodista Seymour Hersch, en «EU ataca a sus aliados», un equipo del Centro de Buceo y Salvamento de la Marina, en Panamá City, Miami, aprovechó la operación Baltop22 en el mar Báltico, para colocar explosivos en el oleoducto Nord Stream, cuyos detonadores fueron activados tres meses después. Habrá que esclarecer lo ocurrido, pero si fuera cierta la versión del premio Pultizer, Washington no sólo dinamitó el ducto que abastecía a Alemania y le permitía transferir energía a 14 países de Europa, también reventó la búsqueda de una solución negociada que había planteado Scholz al inicio del conflicto. Junto con el ducto voló la idea de una gran Europa incluyendo a Rusia, acariciada en ciertos momentos por Angela Merkel. ¿Dónde está Rosa Luxemburgo? La presencia crítica del movimiento social alemán es urgente y podría cambiar el curso de los acontecimientos.

El conflicto se tornó muy peligroso por varias razones. Las dos partes creen que pueden ganar en el campo de batalla. Los acuerdos para la cooperación y la seguridad en Europa están hechos añicos. El orden nuclear mundial está roto. Moscú ha amenazado con emplear armas nucleares. Las posibilidades de ello, por escalamiento, accidente o mal entendido se han multiplicado. Rusia suspendió su participación en el Nuevo Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (New START) que limitaba a mil 700 las cargas nucleares emplazadas. La suspensión del tratado es grave porque ambas potencias tienen más armas nucleares almacenadas que emplazadas, lo que podría incrementar rápidamente las ojivas disponibles y listas para combate (Francois Diaz Maurin, «Rusia Suspends New Start», en The Bulletin of Atomic Scientists, 21/2/23).

La paz es deseable y posible. Existen actores relevantes que contribuyen a construirla. Quizá no lo logren en lo inmediato, pero plantean la importancia de frenar el conflicto. Turquía y la ONU lograron un acuerdo exitoso sobre comercio de cereales. El canciller de la República Popular China, Wang Yi, ha sostenido tres reuniones importantes con Dimitri Kuleva, secretario de Relaciones Exteriores de Ucrania, con el presidente Vladimir Putin y con Alexander Lukashenko, presidente de Bielorusia. India también ha hecho un intento de mediación. Por su parte, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva resistió durante su visita a la Casa Blanca la presión para que América Latina se sume al conflicto, y en contrapunto anunció la promoción de un club de paz. El avance de movimientos progresistas ha convertido a América Latina en un agente que puede hacer importantes contribuciones a la paz. México debe resistir la presión, mantener su tradición en favor del desarme nuclear y seguir sumando fuerzas con los países promotores de un cese al fuego antes de que se incendie Europa.

  • Doctor en historia. Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM

La Jornada