Fervor argentino en… ¡Bangladesh!

Por José Steinsleger

Buenos Aires, hora cero. Apretujado en torno al fálico Obelisco que simboliza a esta hermosa ciudad, la multitud grita: «¡Somos-el-mejor-país-del-mundo!» y «¡Argentina campeón!»

Uno. Complicado nacionalismo y patriotismo de un convencido de que la patria grande es nuestro país verdadero. Aunque, si usted pregunta qué intento transmitir, propongo un brindis por las hinchadas pro argentinas de Dacca, Chittagon, Narayangani, Khulna, Rajshahi, Sylhet, Mymensingh, Comilla, Rangpur, Barisal, Bogra, Jessore y otras de Bangladesh.

Dos. Me explico: que los italianos hayan celebrado al formidable equipo de Leo Messi tiene su lógica: el estadio más grande de Nápoles se llama Diego Armando Maradona y en sus calles El Pibe de Oro cuenta con altar propio, murales, estampitas religiosas y todo eso. Pero… ¿Bangladesh?

Tres. Durante años publiqué textos acerca de los países otrora llamados «tercermundistas», y… nada de Bangladesh. Recuerdo, apenas, el emotivo documental Concierto para Bangladesh (con Bob Dylan, Eric Clapton, Ringo Starr), organizado por George Harrison para recaudar fondos destinados a esta sufrida nación asiática, azotada por invasiones coloniales, guerras civiles, magnicidios, hambrunas, monzones, ciclones y tsunamis. Recordemos, de paso, que Rabindranath Tagore (1861-1941) era bengalí y en 1913 recibió el Nobel de Literatura.

Cuatro. Con 4 mil años de historia, Bangladesh se encuentra a orillas del Índico, colinda con India (una pequeña franja con Birmania o Myanmar) y ocupa 148 mil 460 kilómetros cuadrados. Pero allí viven (o sobreviven) 167 millones de personas (México y Argentina juntos), en una superficie levemente inferior a la del estado de Coahuila, con 3 millones de habitantes.

Cinco. Hasta la llegada de los ingleses (1757), Bangladesh fue colonizada por mogoles y portugueses (siglos XVI y XVII). Pero cuando India fue dividida por los ingleses (1947), el estado de Bengala quedó separado por tendencias religiosas. El lado occidental se integró a India y el oriental se unió a Pakistán (Pakistán oriental).

Seis. Luego, Bangladesh se independizó de Pakistán (1971) e India, gobernada por Indira Gandhi (aliada de la ex Unión Soviética), tuvo que intervenir a causa de los monstruosos genocidios cometidos por las tropas de Islamabad. En 1973-74, Bangladesh padeció una hambruna que se cobró 3 millones de vidas, cifra similar a la hambruna de 1943, durante la Segunda Guerra Mundial.

Siete. En 1998, Bangladesh padeció una de las inundaciones más grandes de la historia del mundo moderno (300 mil casas destruidas, 30 millones sin hogar, 135 mil cabezas de ganado muerto). La última inundación tuvo lugar en 2017 (6 millones de damnificados). En este sentido, Bangladesh es una de las regiones más adversamente castigadas por el cambio climático en curso. Organismos internacionales calculan que si el nivel del mar subiera tan sólo un metro, 50 por ciento del territorio será devorado por el océano.

Ocho. En lo político y social, la tragedia bengalí no es menor. Las grandes marcas textiles del mundo operan allí, en fábricas que pagan salarios de hambre. Nike, Adidas y otras donde las mujeres, orgullosas, dicen que confeccionan las camisetas de la selección argentina. Según la OIT, 7.9 millones de mujeres laboran en condiciones infrahumanas, en jornadas completas y sin descanso (93.3 por ciento trabaja informalmente, por salarios entre 10 y 20 euros al mes).

Nueve. Finalmente, la tragedia de las tragedias. En varias ciudades de Bangladesh abundan inmensos prostíbulos que, rodeados de altas murallas, funcionan como verdaderas prisiones de niñas y mujeres esclavas sexuales. Nacen y mueren sin haber conocido la libertad. Y de conseguirla, difícilmente podrán insertarse en un mundo que las estigmatiza y desprecia, forzándolas a regresar a su anterior forma de vida.

Diez. Los grandes burdeles fueron construidos por los ingleses durante la dominación colonial y hasta hoy miles de niñas son obligadas a tomar esteroides y todo tipo de drogas para que parezcan mayores y sean dóciles frente la violencia sexual a la que son sometidas.

Once. ¿De dónde, entonces, el fervor bengalí (o bangladesí) por Argentina? Porque en Dacca y Buenos Aires no existen entidades que promuevan el intercambio cultural entre ambos pueblos. Y tampoco Bangladesh ha sido un país estratégico de la política exterior argentina. ¡Ni siquiera hay embajada!

Doce. No obstante, Argentina fue uno de los primeros países en reconocer la independencia de Bangladesh y dos años después el presidente Juan D. Perón habilitó la primera representación diplomática en Dacca. Oficina que fue cerrada en 1978, durante la dictadura cívico-militar de Videla.

Trece. Desconcierta, por último, que sin ser una potencia futbolera (Bangladesh jamás participó en la Copa del Mundo) y siendo sus deportes favoritos el cricket y el exótico kabaddi (que se juega sin pelota), los bengalíes sientan devoción por Argentina. ¿O el par de goles que Maradona le metió a Inglaterra en el Mundial de 1986, tendrá que ver con este fenómeno de internacionalismo nacional?

La Jornada