Furia y fragilidad

Pensar el voto argentino: entre la bronca, la furia y la fragilidad.

Por Conrado Yasenza*

El poeta Mastronardi dijo que vivir es un término que nunca debe usarse en sentido figurado. Vivir no es la sombra de la vida, pero, a veces, en el desasosiego se halla la esperanza, o la ilusión de un cambio.

¿Es esa ilusión reprochable cuando el cambio justifica el escepticismo? ¿Cuando del escepticismo se pasa al hartazgo? ¿O expresa el deseo de no ahogarse siempre en el mismo río, aunque el río ya no tenga en su orilla un árbol donde refugiarse de un sol que quema tanto como el que derritió las alas de Ícaro?

Hay una derrota que habla, que grita en medio de la desolación y la angustia. Casi todo está permitido ante ese dolor y es necesario duelarlo. Lo maníaco entorpece la acción siguiente y necesaria: Pensar.

Y pensar es una disposición de ánimo, pero también un ejercicio de plasticidad, tan necesario para la reflexión.

El problema deviene cuando no se quiere pensar. Cuando lo maníaco se vuelve permanente, cuando las categorías de análisis responden a la cerrazón de minorías que durante un largo período de tiempo han hegemonizado el campo del análisis y también el de la construcción política.

Una olla a presión. El sentido figurado impone una aclaración literal para quien no gusta de lo metafórico, porque estamos hablando de la vida, y entonces cobra potencia la idea de Mastronardi.

Y la vida está atravesada por el sentido de realidad abierto al dato. La derrota del 19 de noviembre no es una excepción, sino que viene precedida por una ristra de frutos secos atados a su tallo por casi un ciclo calendario de la ciclotimia política del kirchnerismo. 2015-2017-2021-2023 son las fechas de la derrota, la última, una cachetada al pecado capital de la soberbia.

El cross al mentón nos dejó en la lona por no evaluar a tiempo el funcionamiento del Estado en áreas muy sensibles como salud, educación, trabajo y seguridad. Es cierto que el gobierno de Alberto Fernández padeció una pandemia, la sequía más importante en 60 años y la guerra Rusia/Ucrania. También es cierto que es un gobierno fallido casi desde su concepción, una fórmula electoral pensada para desterrar a Mauricio Macri pero no para afrontar las demandas de una sociedad que ya venía castigada por la inflación, la falta de trabajo y el trabajo con sueldos magros. También es cierto que heredó una deuda histórica con el FMI que, a su vez, fue convalidada en el Congreso por el nuevo gobierno.

Entonces, y trazado el mapa que da contexto, no vamos a pensar en por qué pasó lo que pasó. Por qué no vimos venir el avance de lo siniestro, o acaso es que se eligió lo siniestro en plan construcción de un antagonista a derrotar con relativa facilidad, ya que, en la hipótesis trazada, nuestra sociedad no acepta creaciones horrorosas, pero sí a sus creadores. Terrible error, lo siniestro llama a lo siniestro recargado.

Además, en el festival de lucha libre que protagonizaron ante la sociedad las figuras centrales del Frente para la Victoria, se produjo el fatal distanciamiento entre gobierno, sociedad y demandas. Un ensayo sobre la ceguera que llenó de espanto a los espectadores.

Y de la ceguera, al infierno, y del infierno, a la bomba que estalló.

Pensemos que mientras el Estado proponía, durante la pandemia, encerrarse para cuidarnos, se hizo la fiesta de cumpleaños en Olivos, con foto incluida.

La idea del Estado totalitario esgrimida por los libertarios nace allí.

Pensemos en la bronca que generó una apuesta permanente a agudizar las tensiones dentro de lo que se denomina ampliamente el campo nacional y popular; pensemos en cómo los dirigentes políticos se desentendieron de la calle y sus demandas, en la distancia establecida entre esos dirigentes y el pueblo; las calles comenzaron a poblarse, como en los años ´90, de seres humanos desamparados, muchos de ellos jóvenes, casi en modo zombi, desconectados de todo lo que alimenta la vida en cuerpo y alma. Pero la ceguera seguía allí. Una tragedia anunciada. Nada peor para el peronismo que una galería fantasmal de vidas rotas. Una inflación anualizada del 140% rompe vidas, las corroe, las enfurece, las desasosiega.

Pero la ceguera permanecía allí: Fue más fácil pensar que los abatidos mes a mes por un índice imparable, eran todos fascistas, no seres humanos con sus vidas fracturadas, descompuestas. Un aporte para el debate, en torno a los seres comunes y el fascismo, lo aporta Alejandro Kaufman: todos los fascismos realmente existentes, constituyen sus apoyos masivos con personas comunes y normales, que «no son fascistas», pero que al sumarse a esas lógicas las apoyan y tarde o temprano se vuelven responsables.
La guerra, Antonio Berni

Y pensemos en nosotros también: Quienes tenemos trabajo y comemos cuatro veces por día, y picamos algo rico con el mate, y tomamos algún vino de más de 1000 mangos, y vamos al cine o al teatro, y cada tanto comemos en un restaurante, y tenemos diversidad de plataformas para entretenernos, y aún podemos comprar cada tanto un libro: ¿pensamos en la experiencia dramática de quien no come carne hace meses? ¿de quien va al chino, no al super, y tiene que elegir lo mínimo, menos que lo mínimo e indispensable, para tener algo que comer en algún momento del día? ¿en el que trabaja la diaria y se lleva a su casa con suerte 5 mil pesos y tiene que gastar 3 en comer algo por ahí?

No, es mejor pensar en que todos los demás están equivocados, son fachos, apátridas y entonces sí, levantamos el dedito acusador y adjetivamos a troche y moche, algo así como dividir en trozos absurdos una realidad complejísima.

Hace rato que los militantes populares que trabajan en los barrios del conurbano ven que la situación cotidiana de vivir es literalmente un drama, y el Estado, o lo que queda de él, es deficiente en cuestiones centrales como salud, educación y seguridad. Algún lector de esta nota, imagino, y perdón por el acortamiento en la distancia del yo de autor, sufre los problemas de docentes que no asisten a clases durante largas semanas, o experimentan, cuando acuden al hospital público, a una suerte de fotografía de la catástrofe. Pero si esta descripción resulta incómoda o exagerada, es porque el lector ha realizado el salto progresista del hospital público a la obra social o la prepaga.

El empate entre La Libertad Avanza y Unión por la Patria en la provincia de Buenos Aires, es el dato más contundente de esta fotografía observada a prudencial distancia, y la palmaria bofetada de una derrota categórica, por no hablar de la declamación falaz de federalismo mientras el bacalao se cocina entre CABA y AMBA.

En fin, la vida no puede tomarse en sentido figurado, y esta nota no es nada original, ni pretende serlo, como tampoco contiene la pretensión de la comodidad.

Es un intento de acercarse al que sufre el desasosiego y lo manifiesta con su elección. No de convalidar al que medra en esa furia.

No todo el que grita con el corazón en la garganta y el estómago en la mano es un fascista. A veces, sólo seres humanos desesperados.

Ahora hagamos silencio, que, en ciertas ocasiones, es una muy buena manera de comenzar a pensar, en serio, de nuevo, porque Milei no es la solución.

Avellaneda, 22 de noviembre de 2023.

*Periodista. Docente en UNDAV.

La Tecl@ Eñe