Geotransas y remedios

Por Luis Linares Zapata

Hace ya algunos meses, en medio de alegatos y campañas de ocultamiento, dinamitaron los gasoductos rusos bajo el mar Báltico. De inmediato circularon versiones sobre los autores y sus razones para explicar tan crucial suceso. Se trató, por varios medios influyentes, de culpar a los mismos rusos en venganza por los castigos que varias naciones le impusieron.

Insostenible rumor desechado casi de inmediato. Últimamente, apareció una tercera versión que incluye a personajes ucranios en una trama apadrinada por influyentes medios estadunidenses. Se notó, tan pronto fue difundida, que perseguía diluir la intervención de agentes secretos estadunidenses que publicó el periodista (Pulitzer) Seymour Hersh.

Por medio de esos tubos se surtía a los alemanes el gas para su industria, servicios y viviendas. Todas estas modalidades usaban gas en cantidades mayores y Rusia recibía, en pago, enormes sumas de dinero. En verdad, la misma industrialización alemana, después de la devastación sufrida por la Segunda Guerra Mundial, se basó en la adquisición ilimitada de gas ruso barato. Para hacer más fácil la compra y uso del fluido, se construyeron dos grandes ductos (Nord Stream I y II).

Desde el principio de tal proyecto los dirigentes estadunidenses estuvieron en desacuerdo con la negociación europea-rusa. Alegaron la inconveniencia de la inevitable dependencia que aquejaría a toda Europa. Hubo influyentes voces de élite que pidieron, abiertamente, destruirlos. El mismo presidente Joe Biden se sumó en apoyo de esa opinión. La voladura, tiempo después y con explosivos especiales, los puso fuera de servicio.

Alemania se vio en la necesidad de recurrir, dada la emergencia, a comprar gas donde fuera factible encontrarlo. Regresó incluso al uso del carbón para paliar apremiantes necesidades sociales ante el frío invernal. La marcha de sus enormes empresas petroquímicas quedaban desamparadas y había que encontrar soluciones perentorias. Se comenzó a comprar todo el gas que los estadunidenses pudieran proveerles. Ni tardas ni perezosas, varias gaseras del vecino del norte empezaron a enviar cuanto extraían de sus pozos.

El problema para los europeos ha sido que este gas, a bordo de enormes buques, sale tres o cuatro veces más caro que el ruso. Aún así, los alemanes aceptaron pagar tales facturas con tal de asegurar el conflictivo presente. Es poco entendible el porqué tal aceptación germana, dado el prohibitivo precio que implica para sus ciudadanos y economía completa. Sus mismas exportaciones corren riesgos adicionales porque la energía eleva sus costos de inmediato.

El descontento se hizo notable en cuanto comenzó el invierno europeo y en varios países de la comunidad no ha hecho otra cosa que aumentar. Los gobiernos los han podido controlar, no sin dificultades sociales, económicas y políticas crecientes. Los estadunidenses han expresado preocupaciones por las posturas del gobierno alemán, pues juzgan vital su colaboración para la guerra.

¿A qué se debe el hasta ahora firme apoyo europeo a la guerra en Ucrania, sobre todo si se piensa que poco o nada podrán sacar de provecho de ella? Para los estadunidenses es una lucha por asentar su hegemonía mundial, que ha entrado en notorio declive. Fueron, y son ellos, los que han propiciado el estado presente del conflicto. Primero forzaron la amenazante expansión de la Organización del Tratado del Atlántico Norte hacia las fronteras con Rusia. Y alentaron la rusofobia actual. Tratan, por los medios necesarios, de contener y someter a los rusos y, después, si pueden, a los chinos.

La reciente reunión y compromisos sinorrusos aplaca tal pretensión de dominio. La capacidad de enfilar, al llamado Occidente, tras Estados Unidos, hasta ahora ha funcionado, pero no se piensa que sea muy duradera. Las adiciones y pretensiones de muchos países del Sur y Oriente globalizado expresan serias intenciones de formarse en coaliciones alrededor de los países del BRICS. Mientras, se han redoblado las entrevistas, planes de desarrollo, financiamientos y acuerdos políticos con muchas de estas naciones. Las monedas como el yuan o el rublo, la rupia india u otras adicionales dan cuenta del quiebre de la supremacía del dólar. La creación del Banco del BRICS es un paso de importancia estratégica. El nombramiento de Dilma Rousseff (Brasil) imprime un sello que será trascendente para el futuro. Mientras, las posturas adoptadas por el brasileño Lula da Silva deben tomarse en cuenta para orientar los sucesos latinoamericanos.

Brasil se ha negado a suministrar armas a la guerra en Ucrania. También apoyó la medida (en la ONU) de llevar a cabo una investigación independiente sobre la voladura de los gasoductos. Y, además, se ausentó de la reciente reunión iberoamericana con sede en República Dominicana. Su no asistencia, junto con el poco nivel otorgado a la representación de México, apunta hacia una corta vida de ese tipo de trasteos españoles neocoloniales.

La Jornada