Hoy es peor que ayer

Por Rodolfo Bueno

Imagen: Tropas alemanas marchan bajo el Arco del Triunfo en Paris, en junio de 1940.

La entrega de Checoslovaquia se produjo mediante el Pacto de Münich, donde casi se firma la alianza entre Inglaterra y Alemania; la finalidad la devela el historiador británico John Wheeler Bennet: «Existía la oculta esperanza de que la agresión alemana, si se la lograba encauzar hacia el Este, consumiría sus fuerzas en las estepas rusas, en una lucha que agotaría a ambos beligerantes». Tras la obtención de Checoslovaquia, Hitler exigió la devolución del Corredor Polaco y el puerto Dánzig y que Polonia le cediera facultades extraterritoriales para construir autopistas y líneas férreas por el territorio polaco. Luego anuló el pacto de no agresión firmado con Polonia, renunció al convenio naval anglo-alemán y reclamó la devolución de las colonias que Francia e Inglaterra arrebataron a Alemania después de la Primera Guerra Mundial. Finalmente, el 1 de septiembre de 1939, Alemania invadió Polonia. Así, oficialmente, comenzó la Segunda Guerra Mundial.

El 14 de mayo de 1940, los tanques alemanes rompieron las líneas defensivas francesas en la región de Sedan y se precipitaron en dirección a occidente. El 18 de mayo, el 9° ejército francés fue derrotado; la mañana del 14 de junio, las tropas nazis entraron en París y desfilaron por los Campos Elíseos. El 21 de junio de 1940, en el bosque francés de Compiègne, en el mismo vagón en el que 22 años atrás Alemania se habían rendido a Francia, bajo los acordes de «Deutschland Uber Alles» y el saludo nazi hecho por Hitler, Francia se rindió a Alemania.

El 18 de diciembre de 1940, Hitler ordenó desarrollar el Plan Barbarrosa, que contemplaba la destrucción de la URSS en tres o cuatro meses; la orden de ponerlo en ejecución la dio cuando trabajaban para la Wehrmacht cerca de 6.500 centros industriales europeos, en las fábricas alemanas laboraban 3’100.000 especialistas extranjeros y Alemania poseía cerca de dos veces y media más recursos que la URSS, lo que la convertía en la más poderosa potencia imperialista del planeta.

El 22 de junio de 1941, a las cuatro de la madrugada sin declaración de guerra, Alemania nazi atacó a la Unión Soviética; la acompañaron en esta mortífera aventura la mayor parte de países europeos y cientos de miles de voluntarios del resto del mundo. Así comenzó la Gran Guerra Patria. Un ejército, jamás visto por su magnitud, experiencia y poderío, se lanzó al ataque en un frente de más de 3.500 kilómetros de extensión, desde el mar Ártico, en el norte, hasta el mar Negro, en el sur. Era un total de cinco millones y medio de soldados, 4.000 tanques, 4.980 aviones y 192 buques de la armada nazi.

Viacheslav Mólotov, Ministro de Relaciones Exteriores soviético, fue el encargado de informar sobre este trágico acontecimiento; parte de su discurso se convertiría en las consignas de guerra: «Nuestra causa es justa. El enemigo será derrotado. La victoria será nuestra». Eso mismo pasó luego de 1.418 jornadas de batallas sangrientas, cuando las tropas del Ejército Rojo entraron a Berlín e izaron la bandera soviética en el Reichstag; finalmente, Alemania capituló ante los Aliados el 9 de mayo de 1945.

El conflicto que Alemania desató contra la URSS, a diferencia del que se dio en el resto de Europa, fue una guerra de exterminio contra los pueblos eslavos, gitanos y judíos, a los que los alemanes catalogaron de seres de raza inferior que ocupaban el espacio vital que le pertenecía a ellos, que se creían de raza superior. Los nazis inculcaron en el pueblo alemán y en sus fuerzas armadas la doctrina de que ellos descendían de arios, cuya raza madre fue corrompida y debilitada por la mezcla con razas inferiores y que ellos estaban destinados a conquistar Rusia y Asia Central. Alemania nazi creyó innecesario alimentar a los prisioneros soviéticos, eso y los bombardeos indiscriminados de los territorios de la URSS explican el elevado número de civiles muertos.

Durante la Gran Guerra Patria, en la parte occidental de Ucrania se desarrolló un amplio movimiento colaboracionista, dirigido por Stepán Bandera, quien proclamó que luchaba junto a la «Gran Alemania bajo el liderazgo del líder, Adolf Hitler, que quiere crear un nuevo orden en Europa y el mundo». Los Einsatzgruppen, equipos de matones de las SS, y las milicias de Bandera, declarado criminal de guerra en los juicios de Núremberg, asesinaron a cerca de ‎‎1,5 millones de ucranianos en las zonas ocupadas por Alemania. Bandera participó en la matanza de los maestros judíos de la Politécnica de Lvov, las listas de los profesores que debían ser eliminados fueron confeccionadas por él; también participó en la matanza de Babi Yar, en la que 33.771 prisioneros soviéticos, comunistas, judíos y gitanos fueron asesinados el 30 de septiembre de 1941.

‎Los nacionalistas ‎ucranianos hacían el siguiente juramento: ‎»Yo, hijo fiel de mi patria, me uno voluntariamente a las filas del Ejército de Liberación ‎ucraniano y con alegría juro que combatiré fielmente el bolchevismo, por el honor del ‎pueblo. Este combate lo libramos junto a Alemania y sus aliados contra un enemigo ‎común. Con fidelidad y sumisión incondicional, yo creo en Adolf Hitler como dirigente y ‎como comandante supremo del Ejército de Liberación. En todo momento, estoy dispuesto ‎a dar mi vida por la verdad».‎ El expresidente ucraniano, Yúshchenko, otorgó a Bandera el título de Héroe de Ucrania.

Los partidarios de estos criminales son los que a partir del sangriento golpe de Estado de 2014, auspiciado por EEUU, ocupan los más altos cargos del régimen de Kiev, que, entre sus tantas fechorías, prohibieron la lengua rusa, el idioma más hablado de Ucrania; asesinaron niños, mujeres y ancianos; con ‎amenazas a jueces,‎ ‎alcaldes y gobernadores, impusieron sus leyes; asesinaron a periodistas y escritores; proscribieron partidos políticos; cometieron la masacre en la Casa de los ‎Sindicatos de Odesa, donde quemaron vivos a cerca de cincuenta personas; persiguen a los cristianos ortodoxos y clausuran sus templos; además, han asesinado a más de veinte mil rusos de Ucrania.

Lo malo de esta historia es que quienes dirigen Occidente la conocen al dedillo, pero les importa un bledo las víctimas. Para ellos, todo vale en el intento de aniquilar a Rusia, razón medular del actual conflicto mundial, que ojalá, para la tranquilidad del planeta, termine arrojando al basurero de la historia a esta sarta de políticos, en primer lugar, a Joe Biden, Victoria Nuland y todo neocon, sector de ultraderecha que controla los resortes del poder de EEUU y que busca iniciar la guerra contra Rusia, con una coalición mayor que la que conformó Hitler, y que son el sustento del régimen nazi establecido en Ucrania.

Lo que pasó en la URSS permite comprender lo que sucede en Rusia y su intolerancia respecto al nazismo ucraniano. No opina así Mijaíl Brodski, embajador de Israel en Kiev, para quien la glorificación de los banderistas y su reconocimiento como héroes nacionales es un proceso que, aunque no le guste a Israel, «no se puede detener, si se consideran las cosas con objetividad, pues los ucranianos se encuentran en la búsqueda de su identidad y sus héroes, que lucharon por la independencia. Lo que no debe afectar el apoyo a Ucrania por parte del Estado judío».

«¡Ey! ustedes, que reciben miles de millones para mantener el tema del Holocausto a flote, ¿están seguros de que no han perdido nada?, le cuestionó indignada María Zajárova, portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia y subrayó que «el Holocausto se debe recordar no solo porque ocurrió en aquel entonces, sino para que nunca vuelva a ocurrir. Y no solo con respecto a una nacionalidad o religión, sino con respecto a todas». Le asombró que tales declaraciones provengan de un diplomático israelí nacido en Leningrado, una ciudad que sobrevivió al trágico bloqueo de las fuerzas nazis y sus aliados durante la Segunda Guerra Mundial. «¿De qué ‘héroes’ hablas Mijaíl Brodski?», y le recordó la segunda resolución de la Asamblea General de los banderistas de abril de 1941, en la que afirman que luchan contra los judíos para derrocar al régimen bolchevique. Asimismo, rememoró la cita de Yaroslav Stetsko, líder de los banderistas: «Estoy a favor de la eliminación de los judíos y de la conveniencia de llevar a Ucrania los métodos alemanes de exterminio de los judíos, excluyendo su asimilación».

En el Foro de San Petersburgo, el Presidente Putin, antes de exponer un documental sobre los crímenes de los banderistas contra niños, mujeres y ancianos, reprodujo las declaraciones de un seguidor de Bandera, quien explicó cómo él, junto a otros nazis, asesinó a una familia judía, compuesta por un padre inválido, una madre y dos niñas, de 7 y 11 años. «Este hombre inválido, cuando salió de casa, y todos entendían que los llevaban a fusilar, abrazó con el único brazo que tenía a su perro y se puso a llorar». Se los llevaron y los fusilaron; 1,5 millones de judíos fueron exterminados en aquella época, terminó su exposición Putin.

De lo antedicho se concluye que fomentar la paz y evitar las guerras son las más importantes tareas para las presentes y futuras generaciones.

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