Joaquín Torres García, el hombre para el que el Sur era nuestro Norte

80 años de la creación del mapa de América del Sur invertido

Su mapa se popularizó tanto que hoy se lo estampa hasta en las remeras. En su condición de artista reivindicaba el Sur como epicentro del arte y desdeñaba el elitismo que importaba modelos artísticos de otras latitudes que nada tenían que ver con nuestra realidad.

Por: Mónica López Ocón

«He dicho Escuela del Sur porque en realidad nuestro Norte es el Sur. No debe haber Norte, para nosotros, sino por oposición a nuestro Sur. Por eso ahora ponemos el mapa al revés, y entonces ya tenemos justa idea de nuestra posición, y no como quieren en el resto del mundo. La punta de América, desde ahora, prolongándose, señala, insistentemente el Sur, nuestro Norte», decía en 1943 el artista uruguayo Joaquín Torres García (Montevideo, 28 de julio de 1874-Montevideo, 8 de agosto de 1949).

Se cumplen 80 años de la creación de este mapa que se popularizó como una reivindicación de América Latina y alcanzó una difusión y una adhesión tan enorme como pocas veces logra una obra plástica. Un índice de su difusión a nivel popular es que se convirtió en remera mucho tiempo después de que fuera creado. Hoy el mapa puede verse estampado en esas prendas del mismo modo que la frase de Lionel Messi «Qué mirás, bobo. Andá pa’ allá.»

En cierto modo, el artista se adelantó al conocido poema de Mario Benedetti, también uruguayo, que popularizó Serrat, El Sur también existe. Y para Benedetti existe «con su corno francés / y su academia sueca / su salsa americana / y sus llaves inglesas / con todos sus misiles / y sus enciclopedias / su guerra de galaxias y su saña opulenta /el Norte es el que ordena.»

Joaquín Torres García

Torres García buscaba dar el mensaje de que Sudamérica también era un epicentro de arte, del mismo modo que lo eran ciudades como París o New York, aunque se la reconociera menos por razones obvias. Su objetivo era proponerla como «escuela del Sur» por la calidad y originalidad de su producción artística.

Es difícil o casi imposible, no darle a este intento carácter político, más allá de que lo político estuviera o no en las intenciones del artista constructivisa. Ese mapa fue concebido en su taller, la Escuela del Sur, para ilustrar sus ideas sobre el arte. Según entendía, los mapas eran modeladores de gran parte de la concepción sobre el mundo. El reivindicaba el arte originario de estas latitudes como una fuente riquísima de creación en las cuales podían basarse las nuevas generaciones de artistas en vez de dejarse influir por las elites europeas y de América del Norte que marcaban tendencias artísticas que nos eran ajenas, pero que se imponían por un dominio político y económico que no tenía que ver con el arte en sí.

Los mapas, según parece, desde siempre reflejaron las ideologías dominantes del mundo. Eolos mofletudos que exhalaban vientos para empujar los barcos, un lugar geográfico preciso donde estaba instalado el Paraíso cuya existencia sostenía y sigue sosteniendo la Iglesia Católica aunque ya no le asigne un lugar geográfico y una vasta región inexplorada que figuraba en los mapas como la zona de la «tierra incógnita» son vistos hoy como ingenuas y bellas imágenes que rozan más el arte que la cartografía científica, aunque son expresiones ideológicas.

Las representaciones cartográficas son también representaciones políticas. El tema planteado por Torres García a través de su dibujo reaparece en otro dibujante, nada menos que Quino y nada menos que una de las tiras de Mafalda. Allí es la pequeña y politizada Libertad la que «baja línea» al poner al revés un planisferio. Al preguntarle Mafalda por qué pone el mapa al revés, Libertad le contesta: «Al revés respecto de qué. La Tierra está en el espacio y el espacio no tiene ni arriba ni abajo. Eso de que el hemisferio Norte está arriba es un truco psicológico inventado por los que creen que están arriba para que los que creemos estar abajo sigamos creyendo que estamos abajo. Y lo malo es que si seguimos creyendo que estamos abajo, vamos a seguir creyendo que estamos abajo. Pero desde hoy, san se acabó. La voz de un personaje que no aparece dibujado en la tira le pregunta a Mafalda dónde estaba, a lo que ella contesta: no lo sé, pero algo acaba de sanseacabarse. «

Nobleza obliga, desde la cartografía científica hay quien no acuerda con la intencionalidad política de los mapas. Jorge Horacio Machuca, presidente del Centro Cartográfico Argentino, le dice a Tiempo: «Es una gran falacia y quien lo considera así desconoce profundamente el tema cartográfico. Como cartógrafo me pongo mal cuando escucho eso. El Norte no siempre estuvo arriba. Estoy hablando de los egipcios, los mahometanos, los chinos que ponían el norte donde a ellos les parecía. En la época de los exploradores como Colón o Magallanes, los navegantes se guiaban por la Estrella Polar y la Estrella Polar está en el Norte. Todo se comenzó a complicar cuando Mercator hace su planisferio en el que aparecen más grandes ciertos países, pero ese mapa es una proyección, lo que se significa que la esfera es llevada al plano a través de un algoritmo matemático. El mapa de Mercator tenía la particularidad de que se podía trazar una línea entre dos puntos y daba un rumbo que no se modificaba. Ese mapa estaba deformado y lo que estaba arriba quedaba más grande que lo que estaba abajo, pero era una necesidad. El mundo conocido hasta ese momento era la parte de Europa. Para navegar los exploradores necesitaban una herramienta y fue ésta, el mapa de Mercator. Hoy día es posible cambiar el Norte por el Sur. Este es un instituto geográfico y se hizo un planisferio dado vuelta con la Argentina en el centro. A mí me parece todo bárbaro, pero hay que recordar que la idea original de los mapas era ir a un determinado lugar y poder recordar el camino. Por eso se desarrollaron determinadas formas, para recordar, precisamente, ese camino.»

Lo cierto es que el mapa e Torres Garcia que apareció en el libro Universalismo constructivo adquirió un carácter simbólico independientemente de que la cartografía tenga o no una intención política. Tan fuerte es ese carácter simbólico que a 80 años de su creación, parece cobrar cada día mayor vigencia.

Tiempo Argentino

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