Julio Frondizi y el peso de ser un sobreviviente

El recuerdo de su padre Silvio asesinado por la Triple A en 1974

Tras el asesinato de su padre, Julio se refugió en Italia junto a su hermana y su madre. Los crímenes de la Triple A, el exilio y los homenajes al hermano de Arturo Frondizi.

Por Elena Llorente

Imagen: Este 2024 se cumplen 50 años del asesinato del intelectual marxista, Silvio Frondizi.

Este año se cumplirán 50 años del asesinato en Buenos Aires del abogado, profesor universitario e intelectual marxista Silvio Frondizi, que fue secuestrado por los paramilitares de la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina) en su departamento de la calle Cangallo (hoy Presidente Juan Domingo Perón) y llevado a los bosques de Ezeiza donde fue encontrado muerto con más de 50 balazos. Su yerno, Luis Angel Mendiburu, que tenía sólo 26 años y era militante del Peronismo Revolucionario, intentó impedir el secuestro cuando vio que se lo llevaban. Pero la Triple A lo mató ahí nomás. Julio, uno de los hijos de Silvio, se salvó de aquella matanza y reside en Italia desde 1975. Allí recibió a Página/12 donde recordó aquellos eventos y reconoció que «el único peso que llevo dentro es el de ser un sobreviviente».

Todo ocurrió durante el gobierno de Isabel Perón y su consejero-ministro de ultra derecha José López Rega. El general Perón había fallecido el 1 de julio de ese año. El 27 de septiembre de 1974 fue asesinado. Frondizi era un intelectual reconocido en América Latina. Mantenía contacto con el entonces presidente de Chile, Salvador Allende, e incluso conocía a Ernesto «Che» Guevara.

En memoria de Frondizi y Mendiburu, el próximo 18 de mayo se pondrá una nueva placa recordatoria frente a la casa donde ocurrieron estos hechos y donde ya en 2006 se había colocado una baldosa que los nombraba.

–Teniendo presente todo lo que está sucediendo en Argentina y en el mundo, ¿qué significado tiene hoy, para vos y para tu familia esta nueva placa en memoria de la muerte de tu padre y de tu cuñado?

–El significado que tiene hoy no es solo para mí ni para mi familia, es un significado para todo el mundo; es recordar lo que se vivió, para que no se repita en ninguna parte. Lamentablemente no está sucediendo así.

–Es importante según vos, que se sigan recordando hechos como éste para que los jóvenes puedan entender mejor lo que pasa actualmente a su alrededor?

–Por supuesto que es importante, la memoria es fundamental, como lo hacen las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo cada vez que vienen a Italia. Un ejemplo es Vera Jarach, con sus 96 años, quien va a las escuelas a hablar con los estudiantes. Se consideran, al igual que yo, Militantes de la Memoria.

–¿Y es importante también para los países de América Latina y de Europa que están viviendo situaciones muy particulares, como Italia por ejemplo?

–Sí, recordar es importante no solo para América Latina, sino para todo el mundo. Recordar por ejemplo, Israel/Palestina, las guerras en África, los inmigrantes de estos países que escapan y dejan la vida en el Mediterráneo, los trabajadores en Italia que no vuelven a casa porque arriesgaron sus vidas en el trabajo.

–¿Lograron saber quiénes fueron los que secuestraron a tu padre?

–Sí, yo logré saber quienes fueron porque mi viejo había defendido a varios policías, y no se hacía pagar por nadie. Y a través de estos policías llegué a saber quienes habían sido los que lo mataron. Meses antes yo había encontrado un amigo de mi viejo en el cine que me había dicho: “Decile a tu papá que se vaya del país”. En 1976 los milicos asaltaron de nuevo la casa. Nosotros ya no vivíamos ahí, y la destruyeron. Tal vez porque no se dieron cuenta que existía, no tocaron la biblioteca ni el archivo, ubicados en la parte trasera del departamento. Cuando le devolvieron el departamento a Don Arturo -como muchos llaman a nuestro tío y expresidente Arturo Frondizi- vieron que la biblioteca y el archivo estaban intactos. Los libros y archivos fueron donados después a la Biblioteca Nacional, donde los jóvenes, y no tan jóvenes, pueden consultarlos.

–Yo sé que es muy doloroso para vos. Pero ¿podrías contarme qué paso luego de la muerte de tu padre?

–No puedo reducirlo en pocas palabras. Mi hermana y viuda de Mendiburu se fue a Italia con su hija en enero del 75, mientras yo, medio desconcertado, esperaba a los milicos en mi casa de Buenos Aires, pensando que vendrían a buscarme. Después de algún tiempo, decidí irme a Italia. Viajé solo. Fue en diciembre de 1975. Mi madre, anciana, vino a visitarnos a Roma después. Todos pensábamos que esta locura duraría 6 meses, como máximo un año, y que ella tenía que volver a Argentina. Le pedimos que se quedara un mes más. Y aquí nos quedamos. Mi madre y hermana fallecieron ya.

–¿Y como sobrevivieron en Italia?

–Mi hermana hacía limpieza en las casas. Yo vendía en la calle, artesanías que hacía con mis propias manos, algo que me enseñó mi viejo. En Argentina había estudiado algunos años de abogacía y trabajaba en el estudio de mi padre. Pero me quedé sin trabajo porque incendiaron el estudio de mi padre. Mi madre pagó el precio de no poder volver a su patria. Era muy católica y la fe la ayudó. Mi hermana formó otra familia y crió a sus hijos. Cuando obtuve la ciudadanía italiana, participé en concursos estatales. Y así entré a trabajar en la Agenzia dell’ Entrate (agencia estatal italiana de impuestos) y eso nos permitió vivir dignamente. Me jubilé allí. Quiero subrayar que la gente común, amigos italianos y la sección Ponte Milvio del PCI nos ayudaron mucho. El Estado estaba ausente. Yo también había formado una familia, con dos hijos maravillosos. Una es ingeniera electrónica y gerente de una multinacional, el otro es profesor universitario. El único peso que llevo dentro es el de ser un sobreviviente. Pero cuando veo a mis hijos, doy gracias por estar vivo.

Con información de Página|12