La acrobacia discursiva de Milei

Del Macri «repugnante» y «fascista» de ayer, a coincidir hoy «en un 90%».

Por Mar Centenera (El País)

Imagen: El candidato presidencial Javier Milei y la excandidata Patricia Bullrich posan durante su participación en el programa ‘A Dos Voces’, en Buenos Aires (Argentina). Vídeo: EPV.

El expresidente Juan Domingo Perón pasó 17 años sin pisar Argentina. En 1972, cuando se disponía a volver del exilio, el otrora poderoso general anunció que regresaba convertido en «un león herbívoro», un mensaje con el que pretendía tranquilizar a sus opositores, en especial al régimen militar en el poder. La transformación de Javier Milei del león furibundo que rugía contra toda la casta política a uno aparentemente domesticado por el expresidente Mauricio Macri ha sido mucho más veloz.

Durante una entrevista en 2019, un Milei que aun no era siquiera diputado, dijo que el conservador Macri era «repugnante» y que su Gobierno, que llevaba una semana fuera del poder, había sido «socialista». Meses antes lo había acusado también de ser «un tibio, un timorato, un mediocre y un cobarde». El odio duró poco. Una cena secreta con el expresidente al día siguiente de la primera vuelta del domingo 22 de octubre y un abrazo con su exrival Patricia Bullrich ante las cámaras bastaron para el ahora candidato excluyese a ambos de una de las frases estrella de su campaña electoral: «Es imposible hacer una Argentina distinta con los mismos de siempre».

La moderación abarca a gran parte de su programa electoral. Meses atrás, Milei defendía la libre portación de armas como una medida eficaz para reducir el delito — «en los lugares donde la gente anda calzada la delincuencia es menor»— y la libre venta de órganos por ser «un mercado más», pero hoy dice que se lo malinterpretó. Tampoco le parece ya aceptable la idea de que los padres puedan vender a sus hijos.

Según su último anuncio electoral, el 19 de noviembre Argentina elige entre «casta o libertad», pero la casta política se limita ahora a su rival en segunda vuelta, el peronista Sergio Massa, y a quienes lo acompañan en el kirchnerismo. Asegura que en la votación está en juego «la continuidad de este modelo decadente, que es Massa, que es la casta, que está rodeado de políticos chorros [ladrones]; y, por otro lado, está el cambio». Macri, a quien ahora Milei llama presidente aunque hace cuatro años que dejó de serlo, forma parte de ese cambio y asegura que coincide con él «en el 90% de las cosas». Valora además, «el apoyo incondicional que hace la señora Bullrich y el presidente Macri» para su candidatura presidencial, según ha señalado en una de sus últimas entrevistas.

La inclusión del expresidente en las filas de Milei le aporta una vasta red de apoyo político y mediático para la reñida campaña electoral. En caso de llegar a la Casa Rosada, además, abre la puerta a acuerdos políticos tanto en el Gabinete como en las cámaras legislativas. Pero falta saber si sus votantes aceptarán las piruetas discursivas de quien se presentó una y otra vez como el outsider dispuesto a «exterminar a los políticos enquistados» y ahora negocia con uno de los opositores más conocidos y con peor imagen.

En 2018, cuando Milei no había dado el salto a la política, arremetía a menudo contra el entonces presidente Macri. «Macri es un socialdemócrata, o sea, es de izquierda. Vendría a ser como el partido demócrata de Estados Unidos, pero una versión estúpida», respondió Milei en una entrevista televisiva realizada a mitad de noviembre de ese año. En la misma charla lo tildó también de fascista. «Es un fascista Macri, mirá lo que hizo con el bono de fin de año. ¿A vos te parece correcto que venga alguien por la fuerza a alterar un contrato establecido por dos partes?», cuestionó el economista ultraliberal.

En ese momento, aseguraba que nunca se presentaría como candidato porque sentía un gran desprecio por la política. «Creo que es un arte sucio, barato, berreta, de chorros. Sí estaría dispuesto a tomar las riendas del banco central, para eliminarlo», respondió. Tres años después se desdijo y creó el partido de ultraderecha La Libertad Avanza para competir por una banca de diputado.

«Casta de buenos modales»

Este 2023, lanzado a la carrera presidencial, Milei metía en el mismo saco al oficialismo y a la coalición opositora Juntos por el Cambio y aseguraba que ambos defendían un modelo empobrecedor y solo los distinguían las formas. «Este es el modelo al que te quiere llevar la casta política ladrona… tanto los K con su socialismo de malos modales como los de Juntos por el Kargo con su socialismo de buenos modales y su amor por el modelo de Lula», escribía en sus redes sociales a principios de año.

Durante la recta final de la campaña, sus principales dardos fueron para la candidata de Macri, Bullrich. La llamó «montonera asesina» y la acusó de haber puesto bombas en jardines de infantes, declaraciones por las que Bullrich lo llevó ante los tribunales. En paralelo, el candidato ultra hacía guiños políticos a Macri y él se los respondía, jugando a la ambigüedad. «Recibiría a Macri con los brazos abiertos en La Libertad Avanza», había dicho meses antes, cuando ambos sondearon un acuerdo que no prosperó.

Ahora, ya como aliado, Macri defiende la honestidad de Milei. «No lo conocemos y nunca gobernó, pero siempre que lo vi y hablé nunca me mintió», dijo el expresidente en una de las entrevistas concedidas en los últimos días. Bullrich, por su parte, parece haberse contagiado del espíritu destructor del candidato ultra. A diferencia de lo que decía durante la campaña electoral para la primera vuelta—cuando criticó a Milei por «prender más el fuego para que el país explote»— este lunes expresó su deseo de que la economía salte por los aires antes de la cita electoral. «Lo que nos está pasando es el anuncio de la tragedia argentina que el día 19 (de noviembre, fecha de la segunda vuelta) explota. Está explotando antes. Ojalá explote antes», respondió al ser consultada sobre el problema de escasez de combustible.

Milei fue el más votado en las primarias de agosto y buscaba ganar en primera vuelta, pero no lo logró: rozó el 30% y quedó casi siete puntos por detrás de Massa. Ese mismo domingo apagó la motosierra y moderó su discurso. La transformación recién comenzaba.

El País