La batalla de Juncal

La batalla de Juncal fue librada por las escuadras de la Argentina, al mando del almirante Guillermo Brown, y del Imperio de Brasil, bajo el comando del capitán de fragata Sena Pereira, los días 8 y 9 de febrero de 1827, en el curso superior del Río de la Plata.

En las dos jornadas se enfrentaron fuerzas parejas; pero, a resultas de una superior inteligencia militar, conducción, oficialidad y entrenamiento de los artilleros, doce buques fueron apresados, tres incendiados y solo dos pudieron escapar, mientras que la flota argentina no sufrió la pérdida de ningún navío.

La Tercera División brasileña destinada a obtener el control del río Uruguay, de manera de aislar al ejército argentino que operaba en la Banda Oriental y se proyectaba en territorio del Brasil y promover la separación de las provincias del litoral argentino, fue completamente destruida por la escuadra argentina en la que resultó la mayor victoria naval del bando republicano en la guerra del Brasil.

Guillermo Brown, señor de los mares

Por Roberto Bardini

El pequeño poblado de Foxford, en el condado de Mayo, está ubicado en el extremo noroeste de la isla de Irlanda, a 30 kilómetros de las costas del Océano Atlántico. Tiene apenas mil habitantes y muchos de ellos son «hinchas» de River Plate, Boca Juniors, Racing y otros equipos de fútbol argentinos. Además, les gusta escuchar tangos y algunos toman mate.

John J. O’Hara, fundador en 1987 de la Admiral William Brown Society y dueño de un supermercado que posee la más completa selección de vinos argentinos en Irlanda, afirma: «En Foxford los argentinos no son extranjeros».

Fue allí donde el 22 de junio de 1777 nació un personaje cuya vida pudo haber sido escrita por Emilio Salgari, Alejandro Dumas o el polaco de origen ucraniano nacionalizado inglés Jósef Teodor Konrad Nalecz Korzeniowski, más conocido como Joseph Conrad. Los pobladores de Foxford erigieron un busto de bronce en memoria de aquel hombre que se llamó William Brown y fue el primer almirante de la marina de guerra argentina. El poblado aún conserva su casa natal, una típica construcción del siglo XVIII, con techo a dos aguas de paja entretejida.

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Un joven lobo de mar

Entre 1845 y 1849, Irlanda padeció la peor hambruna de su historia al perderse la cosecha de papas, que hasta hoy es el principal alimento de los isleños. A esa calamidad se sumaba el despojo sistemático de sus tierras por parte de los ingleses, la rivalidad con los protestantes del norte del país, la discriminación social y la persecución religiosa. En esos cuatro años, murió de hambre un millón y medio de personas e igual cantidad emigró hacia Argentina, Australia, Canadá y Estados Unidos.

La situación no era mejor a fines del siglo XVII. El pequeño William Brown, llevado por la mano de su padre, se separa de su familia en la aldea de Foxford en busca de una vida mejor. Ambos viajan a Estados Unidos y se establecen en Filadelfia. Al poco tiempo, el progenitor muere víctima de la fiebre amarilla. Huérfano con apenas 10 años de edad, el chico se embarca como grumete en un buque mercante norteamericano. Sin saberlo, apremiado por la necesidad, se iniciaba en un duro oficio que más tarde lo elevaría a la gloria en el otro extremo del continente americano.

Brown navega durante casi una década en aguas del Atlántico y en 1796, con sólo 19 años de edad, logra la matrícula de capitán. Ese año es capturado por un navío británico y obligado a servir a bordo. Ese barco, a su vez, resulta apresado por marinos franceses y el joven capitán termina en la prisión de Metz, en Francia. Allí, intenta fugarse y es trasladado a la rigurosa cárcel de Verdún. Tiempo después, logra escapar rumbo a Inglaterra.

Al servicio de la patria adoptiva

El 29 de julio de 1809 Brown se casa con Elizabeth Chitty en la iglesia anglicana de Saint George, en Londres. El matrimonio tendrá seis hijos, dos nacidos en Gran Bretaña y cuatro en Argentina. A fines de ese año, el curtido hombre de mar llega al Río de la Plata y se establece en Montevideo para dedicarse al comercio. O, mejor dicho, al contrabando. En ese entonces, era una peligrosa pero lucrativa actividad sólo mal vista por españoles e ingleses que detentaban el monopolio mercantil.

En uno de esos viajes «comerciales», Brown desembarca el 18 de abril de 1810 en Buenos Aires y permanece durante dos meses. Le toca ser testigo de la Semana de Mayo y la independencia argentina. Se pone a las órdenes de las nuevas autoridades de las Provincias Unidas del Río de la Plata y parte a combatir a los realistas españoles establecidos en la Banda Oriental. Apresa una goleta y una balandra, transporta armas y provisiones para los patriotas uruguayos, lleva mensajes de una orilla a otra.

En marzo de 1814, el gobierno argentino le otorga el grado de teniente coronel y lo designa al frente de la recién creada escuadra naval. En aquella época, los oficiales de la Armada tenían los mismos grados que el ejército, con el agregado «de marina», costumbre que perduró hasta 1880.

El bautismo de fuego de la flamante escuadra naval se lleva a cabo el 11 de marzo de 1814 al atacar la isla Martín García, en poder de los españoles, y capturarla cuatro días después. En Montevideo los realistas resistían desde hacía cuatro años el asedio terrestre. Brown convence a las autoridades argentinas de atacar por río la capital de la Banda Oriental. Inicia las acciones el 14 de mayo y toma la ciudad el 23 de junio.

Desde fines de 1815 hasta mediados del año siguiente, Brown navega a bordo del buque Hércules por aguas de Chile, Perú, Ecuador y Colombia. El marino lleva a esos países las ideas de la Revolución de Mayo y, en cierta forma, abona el terreno para las posteriores campañas libertadoras del general José de San Martín. De regreso a Buenos Aires, Brown se aparta de las pugnas internas por el poder y retorna a sus actividades comerciales. Menos de diez años después, sin embargo, volvería a vestir el uniforme y a permanecer de pie en el puente de mando mientras tronaban los cañones.

En 1825, el Imperio de Brasil ocupaba parte de Uruguay. El 10 de diciembre de ese año le declara la guerra a las Provincias Unidas del Río de la Plata por su apoyo a la invasión de «los 33 orientales» y el 21 una escuadra imperial sitia el puerto de Buenos Aires. El gobierno argentino convoca nuevamente a Guillermo Brown. El 12 de enero de 1826 lo asciende a coronel mayor y le otorga el mando de la escuadra. El 9 de febrero ataca a los sitiadores y los pone en dificultades.

El 10 de junio llegan 31 barcos enemigos equipados con 266 cañones. Con sólo cuatro buques y siete lanchas cañoneras, Brown los enfrenta en el Combate de Los Pozos y los obliga a retirarse. La población de Buenos Aires, que observa el enfrentamiento desde la costa, estalla en gritos de júbilo. A esta acción le siguieron los combates de Quilmes (30 de julio de 1826) y El Juncal (8 y 9 de febrero de 1827).

El 8 de abril, la flota patriota encalla en el paraje conocido como Monte Santiago, y es atacada por los adversarios imperiales. Allí pierde la vida el joven comandante Francisco Drummond, lugarteniente de Brown y prometido de su hija Elisa, de 17 años de edad. (El 27 de diciembre de 1827, Elisa se sumergió en aguas del río y se ahogó. Hay quienes sostienen que fue un accidente, aunque otros aseguran que la muchacha se suicidó por amor. Desde entonces, nació la leyenda y ella fue llamada «la novia del río» y «la Ofelia del Plata»).

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El primer almirante

En agosto de 1828 concluye la guerra con Brasil. Brown retorna a la vida civil y prefiere no participar en los enfrentamientos entre unitarios y federales, que se prolongarán durante 20 años. Sin embargo, cuando una flota naval de Francia e Inglaterra bloquea Buenos Aires en 1838, el viejo lobo de mar regresa al servicio activo. Sitia Montevideo, se enfrenta a los orientales enemigos del brigadier general Juan Manuel de Rosas y derrota al célebre Giuseppe Garibaldi, a quien le permite huir porque lo considera «un adversario valiente».

Cuando Rosas cae y parte al exilio, muchos militares son suspendidos del escalafón. La excepción es Guillermo Brown, a quien el nuevo ministro de Guerra y Marina le escribe: «V. E. tiene títulos por sus viejos y leales servicios a la República Argentina en las más solemnes épocas de su carrera».

Brown fallece el 3 de marzo de 1857, a los 80 años de edad, en su quinta de Barracas.

Mucho antes de que la armada argentina creara en 1880 sus propios grados diferenciados del ejército, cuando Brown alcanzó las insignias de brigadier general de marina fue el primero en ser conocido como almirante. La palabra deriva del árabe: Amir al Bahr, «señor de los mares».