La batalla de la Vuelta de Obligado: Un combate por la soberanía

20 de noviembre: Día de la Soberanía Nacional

Por Pacho O’Donnell

Imagen: La batalla de La Vuelta de Obligado, obra de Rodolfo Campodónico

El Combate de la Vuelta de Obligado es la expresión a cañonazos de un conflicto que recorre la historia argentina: la disputa entre las ambiciones de las dirigencias vendepatrias asociadas con las potencias exteriores del momento, enfrentadas con los intereses de los sectores populares que encontraron la fuerza de su expresión con Rosas, Yrigoyen, Perón y los Kirchner. El combate de la Vuelta de Obligado es, junto al Cruce de los Andes, una de las dos mayores epopeyas de nuestra Patria. Una gesta victoriosa en defensa de nuestra soberanía, que puso a prueba exitosamente el coraje y el patriotismo de argentinas y argentinos, que se pretendió silenciar por la historiografía liberal escrita por la oligarquía porteñista, antipopular y europeizante, vencedora de nuestras guerras civiles del siglo XIX.

Corría 1845. Las dos más grandes potencias económicas, políticas y bélicas de la época, Gran Bretaña y Francia, se unieron para atacar a la Argentina, entonces bajo el mando del gobernador de Buenos Aires, don Juan Manuel de Rosas. El pretexto fue una causa humanitaria: terminar con el gobierno supuestamente tiránico de Rosas, que los desafiaba poniendo trabas al libre comercio con medidas aduaneras que protegían a los productos nacionales, y fundando un Banco Nacional que escapaba al dominio de los capitales extranjeros.

Los reales motivos de la intervención en el Río de la Plata, como la llamaron los europeos, fueron de índole económica. Deseaban expandir sus mercados a favor del invento de los barcos de guerra a vapor que les permitían internarse en los ríos interiores sin depender de los vientos y así alcanzar nuestras provincias litorales, el Paraguay y el sur del Brasil. Dichas intenciones eran denunciadas por los casi cien barcos mercantes que seguían a las naves de guerra.

Otro objetivo de la gigantesca armada era desnivelar el conflicto armado entre la Argentina y la Banda Oriental (hoy República del Uruguay) a favor de ésta, que los franceses consideraban entonces protectorado propio. También independizar Corrientes, Entre Ríos y lo que es hoy Misiones, formando un nuevo país, la República de la Mesopotamia, que empequeñecería y debilitaría a la Argentina y haría del Paraná un río internacional de navegación libre.

Los invasores contaron con el antipatriótico apoyo de argentinos enemigos de la Confederación rosista, que se identificaban como unitarios, muchos de ellos emigrados en Montevideo. Fueron ellos los que, vencedores del federalismo popular, escribieron nuestra historia oficial, lo que explica que la epopeya de Obligado haya sido ominosamente ignorada hasta el 20 de noviembre del 2011, cuando la Presidenta la reivindicó en un inolvidable acto en el que inauguró un bello monumento y declaró feriado nacional ese día.

Ingleses y franceses creyeron que la sola exhibición de sus imponentes naves, sus entrenados marineros y soldados, y su modernísimo armamento bastarían para doblegar a nuestros antepasados, como acababa de suceder con China. Pero no fue así: Rosas, que gobernaba con el apoyo de la mayoría de la población, sobre todo de los sectores populares, decidió hacerles frente.

Encargó al general Lucio N. Mansilla conducir la defensa. Su estrategia fue la siguiente: dado que se trataba de una operación comercial encubierta, el objetivo era provocarles daños económicos suficientes como para hacerlos desistir de la empresa y lograr así una victoria estratégica que vigorosas negociaciones diplomáticas harían luego contundente.

Mansilla emplazó cuatro baterías en el lugar conocido como Vuelta de Obligado, donde el río se angosta y describe una curva que dificultaba la navegación. Allí nuestros heroicos antepasados tendieron tres gruesas cadenas sostenidas sobre barcazas y de esa manera lograron que durante el tiempo que tardaron en cortarlas, los enemigos sufrieran numerosas bajas en soldados y marineros y devastadores daños en sus barcos de guerra y en los mercantes. El calvario de las armadas europeas y los convoyes mercantes que las seguían continuó durante el viaje de ida y de regreso, siendo ferozmente atacadas desde las baterías de Quebracho, del Tonelero, de San Lorenzo y, otra vez, desde Obligado, por lo que el nombre popularizado de tamaña gesta se refiere en realidad a La Guerra del Paraná.

Lucio N. Mansilla se puso valientemente al frente de sus tropas para rechazar el desembarco de los enemigos y resultó gravemente herido. La estrategia fijada por Rosas y Mansilla tuvo éxito y las grandes potencias de la época finalmente se vieron obligadas a capitular, aceptando las condiciones impuestas por la Argentina y cumpliendo con la cláusula que imponía a ambas armadas, al abandonar el Río de la Plata, disparar veintiún cañonazos de homenaje y desagravio al pabellón nacional. Desde su destierro en Francia, don José de San Martín, henchido de orgulloso patriotismo, escribió a su amigo Tomás Guido el 10 de mayo de 1846: “Los interventores habrán visto por este échantillon (muestra, en francés) que los argentinos no son empanadas que se comen sin mas trabajo que abrir la boca”, y más adelante felicitaría al Restaurador: “La batalla de Obligado es una segunda guerra de la Independencia”. Y al morir le legó su sable libertador.

Hemos librado combates de Obligado a lo largo de toda nuestra historia. Algunas veces hemos perdido ante la alianza de los poderosos de afuera con los traidores de adentro: por ejemplo, el endeudamiento venal que hoy permite que en vez de cañonazos como en 1845 intenten doblegarnos con presentaciones de los fondos buitre ante los tribunales norteamericanos. También fuimos derrotados cuando se vendieron empresas estratégicas a precio vil. Pero hemos vencido en algunos enfrentamientos con Yrigoyen, en muchos con Perón y la última década nos permite enorgullecernos por rotundas victorias en modernos combates de Obligado: la nacionalización de YPF, de Aerolíneas, de los fondos de pensión, la negativa al ALCA la ruptura de la balcanización americana con el estrechamiento de relaciones con las naciones hermanas, la independencia del FMI, los avances científicos y tecnológicos siempre saboteados por los que se arrogan esas armas de dominio con exclusividad, entre otras cosas. Nunca olvidemos que la Guerra del Paraná la ganaron los sectores populares cuando encontraron un líder como Juan Manuel de Rosas.

Publicado el 24/11/13 en Miradas al Sur


El combate de la Vuelta de Obligado

Por Investigadora en Historia Ana María Musicó

A mediados del siglo XIX, el 2 de agosto de 1845, un bloqueo anglo-francés al río de la Plata materializaba la política expansionista de ambas potencias europeas y buscaba nuevos mercados para colocar sus productos. La acción naval impidió el comercio en todos los puertos de la Confederación. Los invasores se apoderaron de la escuadra argentina comandada por el Almirante Guillermo Brown y una escuadrilla oriental al mando de José Garibaldi se apoderó de la isla Martín García.

El gobierno uruguayo presidido por Fructuoso Rivera permitió a los invasores utilizar a la ciudad de Montevideo como una factoría comercial y a su estratégico puerto como fondeadero. El 17 de noviembre de 1845, quince naves de guerra blindadas con torretas de artillería giratorias escoltando a 100 barcos mercantes comenzaron a remontar el río Paraná. Para intentar detener su avance, Rosas nombró al Jefe de la guarnición militar de San Nicolás, General Lucio Norberto Mansilla comandante de las fuerzas defensoras.

Éste trató de obstaculizar la travesía a los invasores en el paraje llamado Vuelta de Obligado a 18 kilómetros al norte de la localidad de San Pedro. Era un pronunciado recodo donde el río se angostaba a 700 metros dificultando la navegación.

Mansilla ordenó tender de costa a costa tres gruesas cadenas que cerraban el paso, estribadas sobre 24 lanchones. Además montó sobre los promontorios de la costa en la ribera derecha del río cuatro baterías artilladas con treinta cañones.

El combate

El 20 de noviembre de 1845 se produjo el encuentro. La flota invasora con un intenso cañoneo y fuertes descargas de cohetes Congreve atacó las baterías argentinas que contaban con cañones de mucho menor alcance, menor precisión y notable lentitud de recarga, pero sin perjuicio de la desigualdad de fuerzas, las fuerzas de la Confederación dejaron fuera de combate a los bergantines Dolphin y Pandour, obligaron a retroceder al Comus, silenciaron el poderoso cañón del Fulton y cortaron el ancla de la nave capitana que dejó de batallar y se alejó aguas abajo a la deriva.

Luego de más de dos horas de lucha, los defensores agotaron gran parte de sus municiones por lo que su capacidad de respuesta disminuyó considerablemente. El comandante invasor Sullivan ordenó el desembarco de dos batallones que avanzaron contra la batería sur. Mansilla ordenó la carga a bayoneta. Mientras encabezaba la carga, fue herido de gravedad en el pecho por una salva de metralla. El coronel Thorne lo reemplazó en el comando de la artillería.

Con la considerable disminución de los disparos de la escuadra defensora, los atacantes lograron cortar las cadenas a martillazos sobre un yunque. Tras varias horas de lucha, fuerzas de infantería desembarcaron en la costa atacando a la batería argentina que perdió 21 cañones. Al intentar sostener su posición, los desembarcados fueron acometidos por la caballería del coronel Ramón Rodríguez, quien los obligó a reembarcar en forma temporal, pero luego debió ceder posiciones ante un segundo ataque.

Aprovechando que los argentinos debían defender su artillería, los atacantes incendiaron los lanchones que sostenían las cadenas. Nuestras fuerzas perdieron al buque Republicano, que fue volado por su propio comandante ante la imposibilidad de defenderlo. En total sus bajas en el combate fueron de 250 muertos y 400 heridos. Por su parte los agresores tuvieron 26 muertos y 86 heridos. Debido a que sus naves sufrieron grandes averías, obligó la escuadra invasora debió permanecer casi inmóvil en diversos puntos del Delta del Paraná intentando reparaciones de urgencia. Finalmente quebró la línea de defensa y se adentró en el Paraná. Parte de sus tropas desembarcaron en Obligado con la intención de internarse en la región por vía terrestre.

Aunque este combate tuvo un resultado negativo para las fuerzas argentinas, el 20 de noviembre del fue declarado el Día de la Soberanía Nacional, debido al heroísmo con el que las tropas defendieron el territorio patrio.

Finalizada la acción de Obligado, Mansilla colocó su artillería volante en varios parajes estratégicos costeros. La escuadra anglo-francesa, hostilizada permanentemente desde los diferentes puestos defensivos levantados en territorio santafesino, logró dificultosamente remontar el Paraná y arribar a la provincia de Corrientes gobernada por el unitario Joaquín de Madariaga, quien había depuesto al gobernador federal Pedro Cabral en 1843.

Si bien intentaron comercializar sus mercancías solamente pudieron vender algunas armas al gobierno correntino. Optaron por regresar a Montevideo, pero el 4 de junio de 1846 Mansilla los interceptó en de la Angostura del Quebracho en la costa occidental del río Paraná. En este combate la flota invasora experimentó 60 bajas, perdió seis naves mercantes de las que dos fueron incendiadas por la artillería y cuatro por su tripulación al encallar. Asimismo dos de sus buques de guerra sufrieron averías de importancia. Las tropas de la Confederación únicamente tuvieron un muerto y dos heridos.

Después de largas y complicadas negociaciones diplomáticas con Francia e Inglaterra, el gobierno argentino consiguió recuperar la flota capturada a Brown y la isla Martín García, el reconocimiento de la soberanía de la Argentina y de sus derechos exclusivos sobre la navegación de sus ríos interiores y que las flotas invasoras desagraviaran a la bandera argentina con una salva de 21 cañonazos.

Estos tratados de paz marcaron la victoria de la firme y digna posición en defensa de la soberanía nacional mantenida por Juan Manuel de Rosas, en su carácter de encargado de las relaciones internacionales de la Confederación Argentina.

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