La candidatura

Cristina propuso un acuerdo democrático a la oposición y criticó los discursos de odio. Pero no lanzó su candidatura como muchos esperaban. En una coyuntura difícil, el Frente de Todos se lanza a la campaña buscando generar una nueva mística que solo encarna Cristina.

Por Luis Bruschtein

Cristina Kirchner en el acto en el Estadio Unico de La Plata.. Imagen: AFP

Cierta reminiscencia con el retorno de Perón, cincuenta años atrás. Cristina Kirchner es la sobreviviente de un atentado político y el tono a su regreso fue una convocatoria a la paz, a retomar el debate de ideas y abandonar el discurso de odio. Desafío abierto a la oposición: la vicepresidenta ocupó el espacio de la paz frente al odio, de las ideas frente a la violencia. Fue un discurso que no llenó las expectativas de muchos de las agrupaciones juveniles que acudieron al estadio de La Plata para escuchar un lanzamiento combativo de su candidatura, pero ocupó el centro de la política: Juntos por el Cambio no discute, difama e insulta. La consecuencia de ese discurso siempre es la violencia. Y en este caso desembocó en el atentado terrorista más grave desde el retorno a la democracia que, de haberse consumado, habría provocado un baño de sangre.

Las reminiscencias llegaron incluso cuando después de escuchar con una sonrisa, por décima vez, a las tribunas que cantaban “¡Cristina presidenta!”, ella contestó con cierta ironía: “Todo en su medida y armoniosamente”. Fue una frase de Perón que advertía a la Juventud Peronista sobre el peligro de tomar decisiones apresuradas. La vicepresidenta dedicó la primera parte de su discurso a subrayar la verdadera dimensión del atentado contra su vida. “Allí se rompió el pacto de convivencia democrática”, dijo.

No fue un atentado más. Se rompió una regla básica de convivencia. Es el camino de retorno a un país de violencia que se había dejado atrás. Fue el primer punto de su discurso. Hay que rehacer lo que se rompió. Fue un guante que arrojó a una oposición cuya principal estrategia ha sido el discurso de odio. “Volvamos a discutir ideas, a ponernos de acuerdo en lo que se pueda y a disentir democráticamente”. Insistió en la necesidad de que los partidos democráticos acuerden en principios básicos que garanticen la paz. Hizo mención al “Pacto de la Moncloa” que celebraron los partidos españoles a la salida de la dictadura franquista.

La crítica al discurso del odio y la convocatoria a este acuerdo de paz democrática, se convierten en dos caballitos de batalla del Frente de Todos, más allá de quienes sean sus candidatos. No hubo lanzamientos de candidaturas en el acto del jueves, pero es evidente que Cristina Kirchner se corrió de su lugar de vicepresidenta y asumió como conducción de una fuerza política que empieza a delinear su estrategia para una coyuntura electoral que se le presenta muy difícil.

La presencia de la mesa de Organismos de Derechos humanos con varias de las Madres de Plaza de Mayo, como Vera Jarach, Taty Almeyda y Lita Boitano, refrendó esa línea de recuperación de un consenso democrático.

No hubo críticas al gobierno, pero hubo aclaraciones. Este no es el tiempo de hacerlas, dijo. Y explicó que cada vez que dio un consejo y formuló una advertencia, no fue para obstruir, sino para que las cosas se hicieran mejor y se respaldó en la experiencia de Néstor Kirchner y la suya con tantos años en la función pública.

No hubo referencia a medidas concretas de gobierno, no se planteó el aumento de suma fija que muchos reclaman. La vicepresidenta evitó cualquier alusión a ese debate de la coyuntura. Pero sí recuperó la experiencia de los gobiernos peronistas, incluyendo sus dos presidencias y la de Néstor Kirchner, con un gráfico donde mostraba los momentos en que la participación de los trabajadores en el PBI llegó a pasar el 50 por ciento.

Aunque los contingentes de la Cámpora suelen ser los más nutridos en estos actos, esta vez fue notable también la presencia de gran cantidad de agrupamientos sindicales que respondían a numerosos sindicatos. Las dos CTA, y los sindicatos de la kirchnerista Corriente Federal y los del moyanista Frente Sindical por el Modelo Nacional se convirtieron en interlocutores a los que está dirigido también el mensaje de la vicepresidenta.

Haber elegido el congreso de la UOM para el primer acto público después del atentado contra su vida mostró la intención de buscar el respaldo del movimiento obrero. No esperar a que los gremios se pronuncien sino ir a buscarlos. Le habla a los trabajadores. La referencia a la trayectoria accidentada del salario en la historia fue una señal: el que sea candidato de esa fuerza deberá representar ese momento. Fue clara cuando dijo que la pospandemia es muy dura y es lo que le tocó a este gobierno. Para convocar una nueva esperanza se remontó entonces a sus gobiernos.

La esperanza es lo que moviliza a la política. Por su historia, Cristina Kirchner tiene esa capacidad de generarla, lo que constituye un capital político tan valioso como la imagen que miden las encuestas. Casi no hay dirigentes que se equiparen en ese sentido. Cristina genera expectativa por la positiva, por una propuesta que puede mejorar la calidad de vida. La expectativa que genera Mauricio Macri, o los dirigentes de Juntos por el Cambio, no es por la positiva, sino por quién servirá mejor para ganarle a Cristina Kirchner.

A diferencia de los discursos de Cristina, los de la dirigencia macrista se centran en la crítica al kirchnerismo sin mostrar un proyecto que mejore la vida de la sociedad en su conjunto. Insisten en el “fracaso argentino” y en la responsabilidad del peronismo por ese supuesto fracaso. Y tras esa idea plantean el desguace del Estado, la reprivatización de las jubilaciones, de YPF o de Aerolíneas. Insisten con un modelo que fracasó en los ’90.

Cristina defendió esas empresas estatales que el macrismo prometió entregar. Y planteó que se necesita una dirigencia política que sepa lo que pasa en el mundo. Se refería a la protección de las riquezas naturales propias como el litio, el agua, la navegabilidad del río Paraná y sobre todo a los yacimientos de Vaca Muerta.

El planteo es: no estamos bien, pero el macrismo creó las condiciones para esta crisis. Más macrismo será para todavía peor. Es un discurso que no está atado a la suerte de la inflación. Dio la sensación de que tiene poca expectativa en que se pueda bajar la inflación con las medidas que se están tomando. O que, en el mejor de los casos, bajar la inflación a cuatro puntos mensuales como ha planteado Sergio Massa tampoco sería un argumento electoral.

Es un momento crucial para el Frente de Todos. La responsabilidad del liderazgo objetivo que tiene en el peronismo obliga a Cristina Kirchner a encontrar propuestas creíbles y que renueven el entusiasmo de una sociedad golpeada por la carestía y en una militancia desmotivada porque no ha visto grandes avances estos años.

Ese camino deja muy poco espacio para otra candidatura. Si la referencia principal serán los gobiernos que encabezaron con Néstor, la representante más clara es ella. En este cuadro de situación el Frente de Todos no tiene muchas opciones. Alberto Fernández está en su derecho de presentarse a la reelección pero le resultará muy difícil diseñar un discurso con posibilidades. Sergio Massa está muy atado a lo que pase con la economía y con la inflación. Y sería raro que consiga resultados visibles cuando ya están prácticamente en campaña. Los candidatos ya tendrían que ir perfilándose.

Cristina recordó que en el ’73 Perón no quería volver a la presidencia, sino que lo hizo obligado por las circunstancias. Fue una referencia casi personal, como una mujer que mantiene esa pugna interna y que si le fuera posible ya la hubiera resuelto por la negativa. Muchos en el estadio Maradona se conformaron con la confirmación de la conducción de Cristina. Otros salieron desilusionados porque esperaban el anuncio de su candidatura. Pero el juego recién empieza.

19/11/22 P/12

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