La diversidad en tensión

Por José Blanco

Los diversos quieren marchar juntos en un mundo que parece acercarse a una debacle. La Declaración de Buenos Aires (24/1/23), que cerró la séptima cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), estableció el compromiso de la región de avanzar en el proceso de integración en la diversidad. Es urgente ese avance reuniendo la limitada fuerza de cada uno, pero se ve lento su andar. Seguro hace lo que puede cada uno en medio de la complejidad de su situación interna, pero acaso un andar reunidos contribuiría a encarar con mayor determinación los problemas de los más. Los que puedan deben ya avanzar en el mayor número posible de programas que los integren.

Está AL rodeada por el infierno: los tambores resonando a guerra por el mundo; la prioridad del imperio estadunidense, a leguas vista, es la de afianzar con más rigor las riendas de su dominación planetaria; y las derechas internas de todos los países de AL, agarrados con uñas y dientes al palo neoliberal de sus privilegios. AL es para EU su patio trasero. No hay caso en hacerse ilusiones, ni escuchar los cantos de los tiburones que fingen ser sirenas.

El informe reciente de Rand Corporation, reseñado por Alfredo Jalife-Rahme en estas páginas, afirma que «no se puede ganar la guerra en Ucrania», que poner fin al conflicto es lo mejor para EU, y evalúa la continuación de la guerra como «perjudicial» para EU y sus aliados, mientras «el debilitamiento de Rusia ya se ha logrado con suficiencia». Pero en EU hablan mil voces mientras los señores de las armas (empresas y militares) toman decisiones: sometieron a Europa, ahora para enviar los tanques alemanes Leopard a Ucrania, y el propio EU enviará sus tanques Abrams. A toda velocidad hemos avanzado del anuncio de nuevos misiles gringos con autorización para atacar Crimea, a la consideración muy real de enviar aviones ofensivos de combate: ¿adónde van Europa y el mundo?

Y a la perplejidad del planeta frente a la guerra en Ucrania, se suman hechos insólitos: en una era de «aviones supersónicos invisibles», China habría puesto en el cielo de Montana un globo. Que para espiar. Como siempre, EU actúa como si el resto del orbe fuera un poblado de críos o porque «digo lo que digo porque los tengo mejor puestos que nadie, y quien me contradiga, lo aplasto.» EU, después de elevar y templar su relaciones militares con Japón y Corea del Sur, «llegó a un acuerdo» con Filipinas, que le proporcionará acceso a bases militares estratégicas en ese país, lo que servirá a las fuerzas estadunidenses de soporte estratégico en el borde sureste del Mar de China Meridional, cerca de Taiwán, declararon ambos países. Así EU podrá rotar sus tropas en nueve bases en Filipinas.

Todo en la misma línea elaborada por el gobierno de Biden. Él mismo la reiteró en la «cumbre» de la OTAN (28/6/22): «En esta cumbre hemos reunido a nuestras alianzas para hacer frente tanto a las amenazas directas que Rusia representa para Europa, como a los retos sistémicos que China plantea para un orden mundial basado en reglas». En las reglas de EU, por supuesto. Este país no apartará sus decisiones de esa línea. AL no le representa prioridad alguna. Apenas para vigilar que su dispersión política no se traduzca en demasiados acercamientos con esos dos horripilantes enemigos.

La Celac nació con el propósito de fortalecer la soberanía de los países de AL, justamente frente al poder que la oprime: EU. No puede AL, por tanto, incluir a EU como parte de ese propósito. El gobierno de México debe revisar su postura internacional y latinoamericana. Biden dijo en México, con claridad, que su asunto es el mundo, no el subcontinente. Los gobiernos de AL reconocen al gobierno progresista de México y, gentilmente, no han contradicho a México en su afán de integración continental americana. Pero ni Biden, ni los gobiernos de AL, están por esa integración. AL debe avanzar en el propósito de la Celac.

AL enfrentó un foso –la crisis de la primera ola de gobiernos progresistas– y la Celac no tuvo encuentros de presidentes en 2017/2021. A instancias de México, fueron restablecidos y los temas abordados se han diversificado. El regreso de Lula, claramente, ya está dando mayor impulso a la Celac. Pero no puede ser ocultado que México es visto en el resto de América Latina con cautela, si no con escepticismo, especialmente desde que firmó el TLC/T-MEC, que creó para México un modo de integración y dependencia que no existe para el resto de AL.

Hay otros problemas difíciles en la Celac. Para su última reunión, sectores de la derecha con poder en Argentina, rechazaron la asistencia de Nicolás Maduro que, en un clima de presiones y amenazas de EU, no asistió a la cumbre. También rechazaron a Daniel Ortega y a Miguel Díaz Canel, igualando así a dos presidentes sideralmente distintos.

Si hay o no incompatibilidad estructural entre México y el resto de AL, puede depender de un trabajo profundo de posibles acuerdos en el seno de la Celac. Es por ahora, un asunto en el limbo.

La Jornada