La esperanza

¿Qué reformas son necesarias para encarar un gobierno popular?

Por Guillermo Wierzba

Cristina Fernández, el 4 de noviembre, hizo un balance crítico y puntualizó medidas y rumbos futuros de raíz popular y nacional

En sus ocho años de gobierno, la dictadura terrorista de Estado instaló un régimen neoliberal en la Argentina. En esa instancia, sin vigencia del Estado de derecho, se acometió la interrupción del patrón económico de la industrialización sustitutiva de importaciones (ISI), cuyo despliegue no estaba agotado en el país. Esa desarticulación no solo fue realizada con el objetivo de «liberar las fuerzas productivas», como gustaba decir el ministro Martínez de Hoz, sino de conseguir —mediante esa transformación económica regresiva articulada con una feroz, clandestina e ilegal represión— la destrucción del tejido político y social de la Argentina que se había desarrollado durante el medio siglo anterior. La dictadura hizo cambios institucionales de envergadura que nunca después se revirtieron:

  • Liberó el mercado de cambios.
  • Modificó el régimen financiero mediante la anulación de la nacionalización de los depósitos y la sanción de la Ley de Entidades Financieras, que las des-especializó creando un sistema de banca universal. La ley también favoreció la concentración del sistema y liquidó un vasto sistema popular de crédito a las pequeñas empresas que eran las Cajas de Crédito cooperativas. Esa ley, aún vigente, alivianó las condiciones de ingreso de entidades financieras al país.
  • Derogó y sustituyó la excelente Ley de Inversiones Extranjeras sancionada durante la gestión del ministro Gelbard.
  • Liberó a la definición mercantil las tasas de interés, que se ubicaron en niveles insoportables para la actividad productiva, lo que atentó contra la dinámica del mercado interno que el país tenía.
  • Liberalizó el movimiento de entrada y salida de capitales del exterior que, articulado con lo descripto en el punto anterior, generó las condiciones para el ingreso de capitales especulativos y la fundación de un patrón de acumulación que Eduardo Basualdo caracterizó como de «valorización financiera».
    Liberalizó todos los precios de la economía abandonando las políticas de control y administración de estos que había regido durante buena parte del período ISI.
  • Por el contrario, mientras tanto, suspendió la actividad sindical y prohibió muchas agrupaciones y sindicatos adoptando una política de contención salarial, lo que condujo a una inédita transferencia de ingresos de los asalariados al patronato y los rentistas.
  • Realizó una reforma arancelaria, en el marco de una política cambiaria de intervención estatal en la esfera mercantil que produjo una sobrevaluación de la moneda doméstica, que derivó en un incremento de las importaciones que competían con la producción interna.

Este repaso tiene el objetivo de alimentar la discusión del proyecto de país y los alcances de las reformas necesarias que debería encarar un gobierno popular. ¿Acaso en el debate político argentino actual hay quienes balancean que la dictadura militar encaró un cambio de régimen necesario en ese momento del país? Si se pensara de este modo, se acordaría con Von Hayek y Friedman, quienes caracterizaban como totalitarios a los regímenes en los que el Estado planificaba, protegía el nivel de vida de los asalariados, pugnaba por el pleno empleo y desplegaba el crecimiento de la estructura pública de servicios sociales. Los intelectuales fundadores del neoliberalismo respaldaban la interrupción de esa vida democrática mediante la instalación de autocracias autoritarias que restablecieran el orden liberal. ¿Acaso hay quienes piensan que el terrorismo de Estado construyó las Bases para una economía moderna (título del libro en el que Martínez de Hoz hace una apología de su gestión) frente a un patrón de acumulación previo que desatendía los equilibrios macroeconómicos y las señales mercantiles que constituirían el sustento de una gestión razonable? Vale la pena comparar las tasas de crecimiento de los 45 años que corrieron de 1930 a 1975 con la de los 25 años posteriores, 3.5 % el promedio de la primera etapa y 1.4 % el de la segunda. Mientras que la distribución del ingreso construida durante el primer período fue dramáticamente destruida en el segundo. Más que serias, las reglas mercantiles que dio a luz el parto dictatorial de la valorización financiera fueron trágicas.

Resulta insoslayable completar la reseña de las reformas neoliberales, que fueron la manifestación temprana de su implantación global con un activismo intenso del FMI y el Banco Mundial, trayendo un hecho precedente. La dictadura que en 1956 derribó al primer peronismo —decidida a llevar a cabo un autoritarismo liberal que transformara el régimen político-económico-institucional, pero a destiempo con las condiciones de la economía internacional— derogó por decreto una Constitución que representó un cambio institucional trascendente, pues de un texto liberal del siglo XIX como ley fundamental del país, se había pasado a otro que sentaba las bases para una sociedad democrática. Nunca más se recuperaron los principios de la Constitución sancionada en 1949, mucho más avanzados que los de todos los textos posteriores.

De modelos y proyectos

Luego del discurso que Cristina Fernández dio el 4 de noviembre, en el que hizo un balance crítico y puntualizó medidas y rumbos futuros de raíz popular y nacional, que se desarrollaron ampliamente en El Cohete a la Luna del 6 de noviembre, Carlos Pagni —intelectual orgánico de la derecha y columnista de La Nación— se dedicó en su programa televisivo Odisea Argentina a descalificar a la Vicepresidenta. Dijo textualmente: «Ella tiene un modelo, pero no un proyecto. Es un modelo para ver en el pizarrón, para escuchar en los actos. Cosas deseables, de rango utópico, pero si esas cosas hubiera que aplicarlas requeriría de otra política y de otro sistema institucional». Para luego equiparar el pensamiento de la lideresa del movimiento popular con la del trasnochado candidato de los liberfascistas, Javier Milei.

Pagni no explicita que lo que llama «cosas deseables de rango utópico» sería la propuesta de una redistribución del ingreso que retorne a la vigente en 2015, en la que los trabajadores recibían el 51 % de la renta nacional. Que el modelo que califica «para ver en el pizarrón» se opone a las devaluaciones que destruyen los ingresos populares y favorecen la intervención del Estado para ordenar el sistema de precios y enfrentar la inflación presente, que no es producida centralmente por un problema de costos, sino por una recomposición y ampliación de la tasa de ganancia, y que también persigue como objetivo la desestabilización política del gobierno del Frente de Todos. El orador de Odisea se erige en protector de las empresas de medicina prepaga, criticando su sujeción al control de precios y planteando que los perjudicados serían, finalmente, los asalariados del sector, agregando que la intervención pública en los precios de ese servicio de salud va a terminar con la quiebra de las prestadoras de medicina prepaga y de clínicas. Es el planteo típico de justificar el otorgamiento de ventajas a empresarios, porque beneficiarían a los trabajadores. Falso y burdo.

Refiriéndose al destino de la economía, dice que lo que a un nuevo gobierno «le va a tocar ajustar, es lo que ahora se desajusta». Para el columnista de La Nación los desajustes son las decisiones gubernamentales para modificar precios de mercado. Lo confirma cuando sostiene que si en determinadas circunstancias no se devalúa, la devaluación vendría sola. O al sostener que «el ajuste lo hace el gobierno o lo hace con menos piedad, con menos conmiseración, el mercado».

La disputa resulta clara. Los intelectuales neoliberales defienden y militan que lo conseguido en los tres períodos neoliberales que se inauguraron en 1976 no tenga retroceso. En la economía debe gobernar el mercado, sostienen. El poder de mercado hoy lo tienen en la Argentina un puñado de oligopolios que bregan por imponer su criterio a la economía nacional. Los que hablan y manejan IDEA y la AEA, alineados con el cumplimiento del programa de ajuste impuesto por el FMI, con el que se consumó su intromisión en el país. Para Pagni y sus iguales, la economía es una esfera que se debe sustraer a las decisiones del gobierno nacional. La ciudadanía no debería entrometerse con las decisiones donde el sujeto es la empresa.

La contrarrevolución neoliberal

Foucault en Nacimiento de la Biopolítica cita a Eucken, uno de los fundadores del ordoliberalismo alemán, quien sostenía que «nuestra tarea no consiste tanto en continuar el capitalismo sino en fundar uno nuevo. Pero ¿dónde y gracias a qué podrá producirse esa irrupción de la innovación dentro del capitalismo? Como es evidente, eso no ocurrirá por el lado de las leyes del mercado y tampoco en el mercado mismo porque, por definición, como lo muestra la teoría económica, el mercado debe actuar de modo tal que sus mecanismos puros sean por sí reguladores del conjunto. Por consiguiente, no toquemos esas leyes del mercado y procuremos, en cambio, que las instituciones sean de tal manera que dichas leyes, y solo ellas, se erijan en el principio de la regulación general y, en consecuencia, de la regulación social. Entonces, ningún intervencionismo económico o el mínimo de intervencionismo económico y el máximo intervencionismo jurídico. Es preciso… pasar a un derecho económico consciente». Esta definición de un intelectual de una corriente del liberalismo neo presenta la transición de la lógica del orden natural como fundamento de la economía de mercado, a otro en el que el sostén de esta es un edificio institucional de gran dimensión construido para blindar a las sociedades de cualquier otro tipo de proyecto de país. A Pagni no se le escapa este requisito fundamental que requiere la continuidad del neoliberalismo cuyos cimientos fueron establecidos por la dictadura desde 1976 y ampliados por los gobiernos de Menem, De la Rúa y Macri. Por eso se refiere a Cristina Kirchner como promotora de un modelo que no puede ser proyecto, porque sería una utopía irrealizable al requerir un cambio de política y de instituciones. Como intelectual persigue el objetivo de naturalizar las transformaciones regresivas y antipopulares efectuadas durante esos gobiernos, algunas de las cuales enumeramos al principio. Emerge así la intención de provocar el éxito de la desazón del posibilismo, que tiene un fuerte contenido político: acorazar la sociedad de mercado. Para al cual el pensamiento y el proyecto democrático, nacional y popular de Cristina Fernández resulta una amenaza. Porque vive en el movimiento popular argentino un corazón ajeno a la eternización del imperio de la esfera mercantil.

Los modos en que el Plan Cóndor de las dictaduras del Cono Sur instituyeron el neoliberalismo no fueron originales. En La Gran Transformación Karl Polanyi señala que «la historia económica revela que el surgimiento de los mercados nacionales no fue en modo alguno el resultado de la emancipación gradual y espontánea de la esfera económica frente al control gubernamental. Por el contrario el mercado ha derivado de una intervención consciente y a menudo violenta del gobierno» y agrega luego que «la civilización industrial continuará existiendo cuando el experimento utópico de un mercado autorregulado no sea más que un recuerdo». Para el gran filósofo austríaco el experimento utópico es la propuesta político-institucional del neoliberalismo, el criterio de realidad que utiliza el periodista de La Nación para descalificar la programática de la potencial candidata a la presidencia del país en el 2023.

Las conductas de Comodoro Py, de la Corte Suprema de Justicia y de la facción del Poder Judicial que controlan y lideran, revelan hasta qué punto la institucionalidad ha sido capturada por el poder de los mercados para evitar la democratización del país. Otro ejemplo ocurre con los medios de comunicación concentrados. El editorial del diario La Nación del 9 de noviembre, titulado «Justicia ideologizada, derechos conculcados», revela hasta qué extremo se quiere blindar el proyecto de una sociedad neoliberal, sostiene que «el trámite del juicio contra Carlos Pedro Blaquier es un ejemplo de las arbitrariedades cometidas en nombre de la venganza y el odio», para luego hacer una defensa de detenidos por causas de crímenes de lesa humanidad. La «tribuna de doctrina» tiene el objetivo de evitar las condenas a los empresarios comprometidos directamente con la represión ilegal. Lo que no es ajeno al alineamiento permanente con la defensa de la institucionalidad neoliberal por parte de ese medio de prensa. Alejandra Dandan y Hannah Franzki en el artículo publicado en Cuentas Pendientes, los cómplices económicos de la dictadura, editado por Horacio Verbitsky y Juan Pablo Bohoslavsky , investigan y aportan elementos concluyentes respecto de la responsabilidad de Blaquier y la empresa Ledesma de los operativos clandestinos de detención en los territorios en que reinaban.

La esperanza

El posibilismo no es otra cosa que la justificación melancólica y conservadora que se resigna a renunciar a la realización de las transformaciones que requieren la ruptura con la naturalización y eternización de un determinado statu quo. Amplias franjas del progresismo se han rendido a él bajo la justificación de una lógica de correlación de fuerzas que se ha transformado de un elemento dinámico y un instrumento de lectura de la realidad en la explicación permanente de la imposibilidad de cambio.

En Razón contra poder, la apuesta de Pascal, texto escrito por Noam Chomsky y Jean Bricmont, dice el primero que «no diría que creo firmemente en el progreso. Prefiero la modificación de la apuesta de Pascal a la cual se refiere nuestro debate: si abandonamos la esperanza y nos resignamos a la pasividad, nos aseguramos de que, ciertamente, sucederá lo peor; si conservamos la esperanza y trabajamos duro para que sus promesas se materialicen, la situación puede mejorar. Esa es la verdadera ocasión que tenemos para ejercer nuestra libertad, y a la vez una invitación a actuar política y socialmente que nos brinde la oportunidad de no perder la esperanza ni resignarnos a la pasividad». Es posible dar pelea para transformar el Poder Judicial en la Argentina. Para proponerse destituir las instituciones de la sociedad neoliberal. Para restablecer las condiciones de igualdad humana. Para darse como objetivo el programa de la plaza del 17 de Octubre. Para militar, convencer y obtener las mayorías para que Cristina Fernández de Kirchner sea Presidenta en el 2023.

El Cohete a la Luna

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