La filosofía escondida tras el neoliberalismo

Por Gabriel Vargas Lozano*

Imagen: Friedrich Hayek dando clase en la London School of Economics.

Durante 36 años, los gobiernos de México, desde Miguel de la Madrid hasta Enrique Peña, fueron cumpliendo, paso a paso, la estrategia neoliberal anunciada por Ronald Reagan y Margaret Thatcher a principios de la década de 1980.

Con esta política económica, social e ideológica, el capitalismo dio un giro radical que implicó el desmantelamiento del Estado benefactor para dejar el espacio libre a la iniciativa privada y al mercado. El autor de esta estrategia fue el economista, político y filósofo Friedrich von Hayek (Viena, 1899-1992), quien gracias al apoyo de un multimillonario creó un think tank formado por los más destacados científicos sociales de la derecha que reunió en Suiza en forma periódica a partir de la Mont Pelerin Society.

En México hemos atestiguado la venta de las empresas paraestatales más rentables y su entrega a los amigos del presidente en turno (entre ellos Carlos Salinas); la quiebra fraudulenta de ellas; el rescate de los deudores y la transferencia al pueblo mexicano de sus costos mediante el llamado Fobaproa (Ernesto Zedillo), la venta del petróleo (Enrique Peña); la dependencia mexicana de Estados Unidos a través del TLCAN; la integración del país a la OCDE y la polarización extrema entre ricos y pobres cuando se había ofrecido al pueblo que con la aplicación del “liberalismo social” (sic) se accedería “al primer mundo”.

Sin embargo, la que ha permanecido oculta es la filosofía que se encuentra en la base de esta estrategia. Hoy, en el discurso y la acción del presidente de Argentina, Javier Gerardo Milei, aparece en su versión más descarada, pero también se encuentra en la ultraderecha de Vox, de Bolsonaro, de Donald Trump, de la corriente opositora al actual régimen en nuestro país. Milei ha dicho que está contra las instituciones del Estado y a favor de la libertad y ha enviado al Congreso un paquete de medidas radicales. Todo ello parece un contrasentido; sin embargo, encuentra su clave en el último libro de Friedrich von Hayek, padre del neoliberalismo, poco antes de morir.

El libro se llama La fatal arrogancia: Los errores del socialismo (1990). El texto se suma a los anteriores: Camino de servidumbre; Individualismo y orden económico o Los fundamentos de la libertad, entre otros. Hayek pretende en el libro mencionado hacer una crítica al socialismo, en cualquiera de sus modalidades.

Entiende por socialismo, todo intento de organizar parcial o totalmente la sociedad, sea socialismo real, socialismo ideal, socialdemocracia o Estado benefactor. Este intento, escribe el filósofo austriaco, es imposible, ya que la sociedad es producto de un orden espontáneo (que nos recuerda la mano invisible de Adam Smith, para quien el hombre es egoísta y busca su beneficio, pero al mismo tiempo beneficia a los demás) que resulta de la interacción de millones de seres humanos.

Pretender un orden es un error intelectual, un espejismo cientista, ya que no es posible tener la información de todo lo que desean los individuos, pero, además, para organizar a la sociedad se requiere la violencia, que significa la interrupción del proceso espontáneo que viene desarrollando la sociedad desde hace miles de años. Según Hayek, las instituciones jurídicas, lingüísticas y económicas no han sido creadas por un grupo deliberadamente.

Las conductas y sus normas son un orden intermedio entre lo biológico y la razón humana. Este mundo intermedio sobrepasa con mucho la razón. Las normas de conducta se desarrollan espontánea y libremente a lo largo de la historia. La fatal arrogancia implica que se podría tener una ciencia social que permitiera el conocimiento de las transformaciones futuras.

El liberalismo sería entonces el máximo producto alcanzado por la evolución humana y negarlo implica oponerse a la civilización y la cultura. Hayek aborda mucho más, pero creo que lo anterior basta para caracterizar la concepción filosófica del neoliberalismo. Ahora entendemos la posición de Milei cuando afirma que hay que dejar en libertad al movimiento del mercado.

A mi juicio, la sociedad no es un orden es pontáneamente creado, sino un orden formado por la violencia; el socialismo surgió en el siglo XIX ante el capitalismo salvaje y por ellos se opusieron los levellers, los cartistas, los socialistas.

El Estado benefactor fue una forma de salvar al capitalismo de la crisis de 1929 pasando al Estado las necesidades de los damnificados del modo de producción capitalista; dejar libre las fuerzas del mercado significa entregar a un país atado de pies y manos a las empresas trasnacionales. Hayek saludó a Pinochet diciendo que era preferible un estado dictatorial al desorden existente. La concepción del neoliberalismo es profundamente falaz e inmoral porque no le importa buscar una solución a la pobreza.

*Profesor-investigador del Departamento de Filosofía de la UAM-I

La Jornada