La larga despedida de Gladys Porcel

Desaparecida en 1976, aparecida en democracia

Ver la fragilidad del cuerpo de su madre, fue lo más duro, dice Fidel Puggioni sobre el momento en que fue a buscar lo que el EAAF pudo rescatar de su madre, secuestrada en 1976.

Imagen: Gladys y su marido, Aníbal Puggioni, asesinado en 1975.

En marzo próximo, más de diez años después de su identificación, se hará el sepelio de los restos de Gladys Porcel, militante del Frente Revolucionario Peronista 17 de Octubre (FRP) secuestrada el 28 de octubre de 1976, cuando estaba embarazada de seis meses. Se sabe que fue asesinada a principios de 1977, luego de que llegara a término con su embarazo. 

El funeral, en el Centro Vecinal de la Villa 20 de Febrero, en la ciudad de Salta, será un encuentro para celebrar la militancia. Por eso habrá un acto político en la plaza Evita, donde se van a poner baldosas de la memoria “con las compañeras y compañeros desaparecidos del barrio”, contó Fidel Puggioni, organizador, junto a su hermano Tupac, de las honras fúnebres para su madre, Gladys del Valle Porcel de Puggioni. 

Los restos, lo que se pudo encontrar de Gladys, están desde el año pasado en la casa de Fidel. “Yo los fui a buscar en pandemia”, contó en la conversación con Salta/12 para esta nota. Los ritos de la despedida se iban a realizar inicialmente en octubre, luego pasaron a diciembre y finalmente, a marzo, en fecha todavía a determinar.

Gladys fue secuestrada de una quinta en Moreno, en la provincia de Buenos Aires, que compartía con el jujeño Juan Carlos «Negro» Arroyo y Marta Taboada, también secuestrados y desaparecidos, hasta que la labor persistente del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) pudo identificar parte de sus huesos y los restituyó a sus familiares. 

Los hijos de esos militantes se conocieron casi todos cuando eran niños. Fidel y Tupac compartieron sus juegos con Marta Dillon y sus tres hermanos, hijos de Marta Taboada, que era salteña. También se conocen con Eva Arroyo y las otras hijas del Negro. A Tupac se le ilumina la cara cuando recuerda la quinta de Moreno y esa vida grupal, una vez “fuimos a un río y nos metíamos todos al río, eran todos los militantes con todos sus hijos, eran todos chicos de 20 años”. “Siempre me acuerdo que de un auto al otro y se reían, disfrutaban de esa juventud. Mi mamá tenía 23 años en ese momento, estaba embarazada”.

Gladys y Marta Tobada, y les hijes de ambas. 

Fue Eva Arroyo, recordó Fidel, quien lo ayudó con el trámite de ir a buscar los restos de su madre. En plena pandemia recorrió en auto, con su amigo Sebastián Magnasco, los casi 1500 kilómetros que separan la ciudad de Salta de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. 

El viaje, contó Fidel, “fue con mucha expectativa porque uno no sabe con qué te vas a encontrar”. Allá hizo los trámites, facilitados por el EAAF, que «te preguntan si querés ver el cuerpo, porque hay gente que no». Fidel quiso. “Ver la fragilidad del cuerpo de mi mamá fue… fue muy duro”. “(Ver) la rotura del cráneo, que puede haber sido de un golpe fuerte, o de un culatazo, nos dijo la antropóloga forense, o de un disparo también. Había partes, no todo el cuerpo, sino algunas partes del cuerpo. Una vez que pudimos verlo y despedirlo lo pusieron en una pequeña urna y ahí pudimos ya traerlo”. Ahora esos restos «duermen conmigo, están en mi habitación». Fidel volverá a ese concepto: “La fragilidad del cuerpo, de esos cuerpos», de esa joven que fue su madre, «yo ya tengo casi 50 y ella tenía 24, mi hija tiene 21, no sé si la veo como una niña, no sé si la veo como una madre”.

Los actos de diciembre serán el final de un largo proceso que comenzó cuando escucharon rumores sobre un enfrentamiento ficticio en el que habían asesinado a varios integrantes del FRP 17. Luego, en 2009, hubo un llamado del EAAF, “tengo datos sobre tu mamá, hemos encontrado restos», le transmitió, «así, a cara de perro», recuerda Fidel. Así supieron que en 1989 un vecino había denunciado la existencia de una fosa común en el municipio de San Martín. Años después los restos fueron extraídos, pero sin cuidado, los pusieron en bolsas y los dejaron en un depósito hasta que «en algún momento» el EAAF empezó su trabajo de identificación. «De nuestra madre encuentran un fémur, por ADN nuestro se determina que es nuestra madre, por morfología encuentran el otro fémur y así van buscando hasta que encuentran un pedazo de cráneo, algunas otras partes, la mandíbula, no es mucho lo que hay». 

No se recupera nunca el esqueleto completo», pudieron reunir «una tibia, un huesito, el cráneo”. El EAAF reconstruyó que estaban todos parados cuando los mataron, completa Tupac. 

Desde aquella llamada los hermanos venían conversando la despedida, aunque «al principio era algo que no se hablaba mucho, y nos costó». El trámite de buscar los restos de Gladys lo inició Tupac, pero lo concluyó Fidel, «y hoy está por suerte resuelto, es cerrar una historia, un círculo, que ella pueda descansar con mi abuela (Hortensia Rodríguez de Porcel, histórica militante peronista, ex detenida política) y reivindicar también la lucha de los compañeros”.

Hortensia y Gladys

Tupac fue el primero en ver los restos de Gladys. En su caso fue acompañado por Marta Dillon, ella misma lo cuenta en su obra Aparecida, la historia de la búsqueda del cuerpo de su madre. “Marta preguntaba de todo, yo no quería saber nada, nada, nada”, ella preguntaba por la muerte, “cuántos tiros le metieron, y cómo le quebraron los huesos y me decía, pero preguntá. No, yo no quiero saber qué le hicieron a mi mamá, porque me voy a llenar tanto de odio, que voy a querer ir a matarlos a estos hijos de los milicos. Mi odio puede ser horrible”. 

Recuerdos contados 

Ellos murieron por algo y por algo que muchos seguimos peleando, seguimos luchando», reivindica Fidel. Por eso habrá sepelio y acto. «El acto tiene que ser político porque en Salta la derecha cada día está más fuerte”.

Fidel dice que habla poco con su madre. «A veces me despido, cuando vamos a dormir, la veo, la tengo ahí al lado. Pero no, no soy de hablar, ni con ella ni con mi abuela, mi hermano es como que siempre tuvo más presente esas cosas, pero sí soy de tratar de buscar o de recordar. El no tener recuerdo hace que una historia contada por algún compañero te genere un recuerdo, y pensar esos momentos como recuerdos que no son tuyos pero uno intenta que sean propios, es como buscar esa idea. Imaginate, una persona tan joven, mamá de dos personas, que te cuentan que le encantaba bailar, que le gustaba eso o aquello, uno siempre imagina esos momentos en los cuales pudo ser feliz».

Por un tío, hermano de su padre, Fidel supo más de la adolescencia de su madre, porque “mi papá y mi mamá se conocen muy jóvenes, ella tenía 16 años, y queda embarazada”. “Ellos compartieron mucho, este tío, una vecina que era muy amiga, Evita Funes, son las personas que me cuentan más desde lo humano y la amistad que desde lo político”.

Gladys Porcel se crió en Salta, iba a la Escuela Remedios de Escalada, donde hicieron la primaria todos en su familia, «y ella después ella fue a la Normal”. Siempre vivieron en Villa 20 de Febrero.

Toda la familia era militante peronista. Gladys y Hugo Puggioni estaban en el FRP 17, en la acción política su apodo era «Zorra» y fue parte de acciones políticas «muy conocidas acá en el norte, como la toma de la comisaría de La Silleta». Tampoco Tupac tiene mucho para recordarla: «Yo siempre pensé que mi abuela, mi mamá y yo tenemos la misma personalidad, por todo lo que me han dicho, que mi mamá era tremenda». «Pero nunca recuerdo como madre, no tengo muchos recuerdos, son poquitos los recuerdos y lo que decía la gente los compañeros, la militancia». 

Gladys Porcel tenía 24 años cuando fue secuestrada. Fidel tenía entonces tres años, y Tupac, cinco, o seis. “No tengo recuerdos ni de ella ni de mi papá (Hugo Aníbal Puggioni), porque a mi papá lo matan en el 75 y ella desaparece en el 76. Embarazada, eso siempre hay que aclararlo, porque estamos buscando a mi hermano o hermana”, subraya Fidel y ratifica Tupac.

Para cuando Gladys fue secuestrada, los hermanitos vivían con su abuela Hortensia. Habían viajado a Buenos Aires para tratar de estar cerca de la familia. El marido de Hortensia, Jorge Porcel, y su hijo Eduardo José Porcel, estaban detenidos en la Unidad 9. Y Gladys estaba escondida en la ciudad. Hortensia solía llevarlos a la quinta de Moreno, las más de las veces de a uno. 

La madrugada del secuestro Tupac estaba en la quinta. «Llegaron, entraron, me acuerdo que eran unos gordos de traje y con pistolas”. “Y mamá se mete a un baño, me acuerdo que decía ‘no no no’”. “A nosotros nos meten en una pieza, a todos los chicos, los hijos de Marta y yo, con esa chica que nos cuidaba”. Por una rendijita vieron que los llevaban, y también que «se roban todo lo que se podían robar, se cargan muebles, equipo de música, todo se robaban, quién iba a ir a denunciar”. Al rato «llega este hombre Dillon” (el ex marido de Marta) y se llevó a los tres hijos y la hija de Marta Taboada. Tupac quedó al cuidado de la adolescente empleada, que lo llevó a la villa miseria donde vivía. Ahí lo encontró su abuela dos semanas después. 

«Me acuerdo»

Me acuerdo de mi mamá, pobre, más que mi hermano, él era muy chiquito», dice, sin embargo, Tupac. Varias frases comenzarán con esas dos palabras, me acuerdo. «vivíamos en la casa de mi abuela ahí en la Maipú 751 (media cuadra de la plaza Evita), mis primeros recuerdos son de esa casa, me acuerdo de mi abuelo, el viejo Porcel, como le decía todo el mundo”. 

“Me acuerdo que nos pusieron una bomba cuando yo era chico, pero no estaba mi mamá ese día, la Triple A decían que nos había puesto la bomba, en mi casa volaron todas las ventanas, los vidrios, eso fue en el 74 o el 75”. 

En esa época Hortensia era la presidenta del Centro Vecinal 20 de Febrero. Años Tupac ocupó este mismo cargo y le rindió un homenaje poniéndole su nombre al estadio de la cancha de básquet.

«Mi primer recuerdo de mi mamá es en la Villa 20, tengo dos momentos, uno en la casa de mi abuela de la Maipú, habían construido una pieza al fondo y ahí vivíamos los tres, mi papá que siempre estaba de viaje, mi mamá y yo. Y una vuelta me recuerdo durmiendo en una cama de dos plazas, debajo de la almohada encontré un revólver, eso me quedó grabado en la mente para toda la vida, y no sé, me encantó, me gustó, mi mamá se escandalizó, lo quise agarrar y me retaron».

“Y después me acuerdo una cosa muy triste y creo que fue la última vez que lo vimos a mi papá. Estábamos en la casa de la Maipú y mi papá se iba de viaje, era una noche, se llevaba dos valijas de cuero, y mi mamá creo que lloraba, estaba muy triste”. Hugo Aníbal Puggioni fue secuestrado el 15 de septiembre de 1974 en Buenos Aires, tiempo después su madre, la abuela Lidia, encontró sus restos. «No tenía ojos, no tenía orejas, lo habían torturado, lo habían reventado, pobre». Aunque Hugo era oriundo de Tandil su madre trajo sus restos a Salta, “fue un evento acá en mi barrio, porque mi papá ya era amigo de todos los changos del barrio”.

En noviembre de 1974, con la intervención al gobierno de Ragone, Hortensia Rodríguez, que era diputada provincial, fue detenida y días después fue trasladada a la cárcel de Villa Devoto, donde estuvo por más de dos años. 

En ese tiempo Fidel y Tupac fueron a vivir con una tía en una pieza en San Cayetano, «no recuerdo si teníamos techo, era horrible el lugar y la pobreza total”, cuenta Fidel. Cuando Hortensia recuperó la libertad los buscó y fueron a Buenos Aires. «Ahí nosotros tenemos la oportunidad de estar algunas veces con mi mamá«.

Gente de mierda 

Después del secuestro de Gladys y tras dar con Tupac, Hortensia y sus nietos vivieron “en muchos lugares, en La Matanza, Lomas de Zamora, en Morón». Habían quedado en una situación de extrema precariedad económica. 

Vivían de vender empanadas y pan casero. A Hortensia le sirvieron sus habilidades de campeona empanadera. “Alquilábamos alguna casita, una pieza, siempre nos ayudaron los organismos de derechos humanos, después mi abuela consigue una máquina de coser y también cosía. Yo tengo un recuerdo así vivo, porque yo tenía cuatro años y mi hermano tenía dos, tres años más que yo, él ya tenía vergüenza, y yo no, entonces yo iba a los gritos gritando ‘Pan caserooo’ y mi hermano (Tupac) se escondía atrás de mi abuela porque le daba vergüenza”. 

“Éramos chiquitos con Fidel, y vendíamos en la calle, en el tren, en las canchas de fútbol. Y Fidel era gran vendedor, yo tenía una vergüenza, imaginate», en cambio «Fidel ya había nacido en la pobreza. El no tenía drama: ‘empanada, pan cazedo’, iba, ‘pan cazedo, pan salteño’”.

Los fines de semana hacían empanadas «para los vecinos, que también siempre colaboraban, porque sabían la historia”, memora Fidel. 

De esa época Fidel no recuerda que les haya faltado la comida, pero le salta un recuerdo de «la saña» de los represores. Un día la abuela Lidia les dejó «unos pesos para colaborar con mi abuela» y «cayeron y nos robaron, eran militares disfrazados, entraron cuatro con unas armas, nos encañonaron a todos, nos metieron en una habitación y nos dijeron que no salgamos hasta que pase una hora”. La habitación daba al patio de atrás y la ventana estaba abierta, Fidel saltó la ventana, «agarré el triciclo y salí a ver y ya se habían ido los tipos, entonces les abrí la puerta y salieron todos». «Lo que quiero decir es la saña de esta gente de ir, no sé, creo se llevaron la máquina de coser de mi abuela”, que intentaba sobrevivir con sus dos nietos. «Lo hicieron de gente de mierda”.

Los hermanitos y su abuela regresaron a Salta cuando Fidel entraba a primer grado. Hortensia seguía con la venta de empanadas, pan, humita, y «agarró un carrito viejo, era el día de la madre, nos mandaba a vender plantitas, y salíamos con Fidel en el carrito, yo me moría de vergüenza, encima en el barrio. Fidel era el que el encarador, yo tiraba el carrito”.

“Era así, porque cuando vino la democracia el exilio interno fue horrible, los vecinos se cruzaban de vereda para no saludarnos«, les decían hijos de subversivos y “No entendíamos por qué decían eso. Recién el único que nos cambió la historia fue Néstor Kirchner, todo el PJ a mí me decía este zurdo de mierda, y con Néstor los tipos me decían compañero Tupac». Todavía sigue la bronca por «como la trató el PJ o el peronismo a mi abuela», los dirigentes «siempre la hicieron a menos», «nunca se reivindicó bien todo lo que nos quitó mi familia, el peronismo de acá siempre fue el peronismo heredero de López Rega. Mi familia fue tachada a pesar de que mi abuela hasta todos los gobernadores incluso la reconocían, la iban a visitar».

La búsqueda sigue 

Fidel y Tupac siguen buscando a su hermano o hermana. Gladys llevaba seis meses de embarazo cuando fue secuestrada, se sabe que llegó a término. 

Tupac dice que muchas veces les pasó que creyeron encontrar a su hermano o hermana. Por un tiempo con Victoria Montenegro creyeron que se habían encontrado. Cuando fue a Madres, ella «miró todas las fotos de desaparecidos y dijo ‘esta es mi mamá’ porque (Gladys) era la más parecida a ella, y vos ves las fotos de mi mamá, la Vicky es muy parecida es idéntica a mi mamá”. La prueba de ADN dijo que no, pero construyeron una amistad. 

“Todos tenemos nuestros resentimientos», reflexiona Tupac. En su caso, cree que el haber sido criado por una militante irreductible como su abuela fue de ayuda. «Mi abuela siguió militando, mi casa era una unidad básica. Era una continuación», en cambio, «muchos chicos hijos de desaparecidos tenían muchos traumas, porque no sabían nada, se fueron enterando de grandes”.

06/11/22 Salta/12