Los mismos poderes, la misma lucha

Con la valentía de los 30.000 y la audacia de las Madres.

Por Familiares y Compañeros de los 12 de la Santa Cruz

A 45 años del secuestro, desaparición y asesinato de nuestras Madres y de familiares, compañeras y compañeros del grupo de los 12, nos encontramos hoy atravesando uno de los momentos más difíciles desde el retorno de la democracia, enfrentando el mismo poder económico que en su momento enfrentaron nuestros 30.000 y que propició el golpe genocida del ‘76.

Hoy ese poder organizado en partidos políticos supuestamente democráticos ejerce una violencia sistemática contra las instituciones, reivindicando el accionar y los valores de aquella dictadura militar. Ellos son el PRO, su alianza Cambiemos y los neo fascistas que hoy se llaman libertarios.

¿De quiénes hablamos cuando hablamos de poder económico, de poder real? Tienen nombre y apellido, tienen historia. El poder real son los grupos económicos que hoy se encuentran diversificados en diferentes ramas de la economía: las empresas transnacionales del agro y la industria, las finanzas, los bancos, la energía, la minería, el transporte y los medios concentrados de comunicación, entre otros. Se repiten los apellidos a lo largo de nuestra historia: Mitre, Saguier, Martínez de Hoz, Menéndez Behety, Blaquier, Rodríguez Larreta, Ezkenasi, Braun Menéndez, Magnetto. Y más cercanos en el tiempo, aquellos que se enriquecieron en la dictadura: Noble Herrera, Macri, Caputo, Bulgheroni, Pérez Companc y Rocca, para nombrar algunos a modo de ejemplo.

Ellos son los que tienen una enorme capacidad de condicionar, presionar y extorsionar a cualquier gobierno que intente aplicar políticas públicas que favorezcan a las mayorías y limiten sus privilegios. Los que no dudaron en utilizar el partido militar para asesinar a 30.000 compañeras y compañeros y que hoy no dudan en utilizar el partido judicial y el lawfare para encarcelar, proscribir y matar si es necesario, como lo intentaron con la Vicepresidenta de la Nación, para seguir acumulando riqueza y poder que les permita consolidar un modelo de país para ellos.

Frente a ese modelo de país que excluye a las grandes mayorías, que nos excluye a todos los que hoy estamos aquí, consolidando la memoria, buscando la verdad y exigiendo justicia, proponemos el país con el que soñaron los 30.000; el país que intentaron construir los gobiernos de Yrigoyen, Perón, Néstor y Cristina; ese país al cual necesitamos volver y profundizar; el país de todos y todas; el que mira a la Patria Grande.

Por eso hoy, una vez más reafirmamos nuestro compromiso militante y decimos: «Con la valentía de los y las 30.000, con la audacia de las Madres, ante los mismos poderes, la misma lucha».

Los 12 de la Santa Cruz

 
El panorama internacional

Atravesamos una situación internacional signada por la post-pandemia, las crisis humanitarias, la aparición de expresiones políticas de ultraderecha como Vox en España, calificada como «un retoño del franquismo» por López Obrador. En Italia, la victoria de Giorgia Meloni como primera ministra, lograda por una alianza de partidos neofascistas. Simultáneamente, el estallido de la guerra entre Rusia y Ucrania que amenaza con la mayor escasez de alimentos y energía antes experimentados.

Aun en este difícil contexto global, América Latina está en un proceso de recuperación de la democracia, la soberanía y la autodeterminación.

Luego de años en que los Presidentes de América Latina se parecieran a sus pueblos, la unidad latinoamericana tuvo un período de retroceso con la reinstalación de gobiernos neoliberales de ultraderecha.

Pero como bien lo señala el compañero Álvaro García Linera, las transformaciones se dan por oleadas de victorias y derrotas y estamos ante unas nuevas victorias populares en la región. Así vemos cómo nuevamente vuelven los gobiernos que representan a las mayorías populares en México, Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, el triunfo de Lula en Brasil y el recientemente destituido Presidente de Perú, Pedro Castillo, víctima de la derecha peruana a través del Parlamento; el aparato judicial apoyado en los grandes medios, desde el primer día de su mandato se propuso impedirle gobernar al maestro rural.

Los pueblos latinoamericanos con sus luchas y sus decisiones están abriendo una nueva brecha contra los poderes globales que tienen como plan saquear sus riquezas.

 
El Partido Judicial y la democracia

Para construir el país con el que soñaron los y las 30.000, el país por el que aún seguimos luchando, necesitamos imperiosamente consolidar la democracia y, para ello, tenemos que en forma inmediata e ineludible democratizar el Poder Judicial.

El Poder Judicial —uno de los tres poderes del Estado que, sin representación popular alguna, incide cotidianamente en nuestras vidas— se ha constituido en una verdadera casta, conformada por una elite multimillonaria que ha sido y es el brazo ejecutor del neoliberalismo en la Argentina, reemplazando al otrora partido militar, dispuesto a todo para garantizar los intereses de los grupos económicos antes mencionados, instalando el lawfare, encarcelando dirigentes políticos, y sociales, militantes populares y periodistas críticos del poder hegemónico al cual verdaderamente representan.

La asociación ilícita entre la mafia judicial, los monopolios mediáticos y la derecha argentina, sin distinción de palomas y halcones, ha llegado a un límite que no podemos tolerar. Su acción más infame ha sido su complicidad con el intento de magnicidio contra Cristina. Por eso no investigan, ¿alguien puede creer realmente que el grupo de Revolución Federal llevó a cabo un atentado contra la Vicepresidenta de la Nación por decisión propia? Están más que claros los vínculos económicos y políticos de la derecha antidemocrática con este grupo. Todo señala a Gerardo Milman y Patricia Bullrich, quien forma parte del entorno más cercano a Mauricio Macri, así como también el posible financista del atentado, su amigo Nicolás Caputo. Mientras tanto el Partido Judicial entorpece la investigación desde el día uno, convalidando que el crimen contra la democracia siga su curso.

Cuando atacan a Cristina, cuando condenan y proscriben a quien representa los sueños y la esperanza de las mayorías populares, atacan no solo sus ideas, sino fundamentalmente lo que ella ha sido capaz de construir. Atacan los logros democráticos y la ampliación de derechos de sus gobiernos; atacan la Asignación Universal por Hijo e Hija; la estatización de las AFJP; atacan las moratorias jubilatorias que permitieron acceder a millones de compatriotas a un derecho postergado; atacan la estatización de YPF y la recuperación de Vaca Muerta que nos permite hoy salvaguardar nuestros recursos naturales; atacan la estatización de Aerolíneas Argentinas que nos permite conectar al país federal y constituyó un recurso irremplazable durante la pandemia. Cuando la atacan a ella, nos atacan a todos y todas, porque atacan un proyecto de país que incluya a las amplias mayorías y que construya la felicidad del pueblo.

Por eso seguimos exigiendo una reforma judicial, estructural, que salde esta dolorosa deuda de la democracia. Es necesario que la designación de los jueces deje de ser herencia, tráfico de influencias y alianzas discrecionales con el poder real. Es imprescindible que la democracia tenga los recursos necesarios que le permitan defenderse del ataque de bandas organizadas de derecha, enquistadas hoy en el Poder Judicial.

Nuestros 30.000 entregaron lo más preciado que tenían, sus vidas, para construir un país con justicia social. Su compromiso, su lucha y su militancia deben ser el faro que nos guíe para alcanzar la victoria que soñaron.

Cuando el Presidente de la Nación prometió, el 1º de marzo de 2020, acabar con los sótanos de la democracia, selló un pacto con la inmensa mayoría del pueblo argentino que le puso un freno a los 4 años de gobierno macrista, el más nefasto de la historia democrática.

Esa promesa no puede quedar solo en palabras. Si queremos reconstruir la Argentina y consolidar la democracia, el Partido Judicial no puede operar un solo día más.

No puede haber un solo día más con presos políticos en la Argentina.

No puede haber un solo día más en que haya fiscales que exigen condenas sin una sola prueba como hicieron los fiscales Mola y Luciani.

No puede haber jueces que escriban condenas mientras juegan un partido de fútbol con dirigentes políticos de la oposición.

No puede haber una Corte Suprema auto-votada metiéndose a la fuerza en el organismo que debe controlarlos.

Debemos terminar con la mafia judicial y su asociación perversa con la derecha argentina y con los medios concentrados de comunicación que han conformado un Estado paralelo.

¿Cómo puede permitir la democracia que esta mafia decida sobre la vida, la libertad y el patrimonio de casi cincuenta millones de habitantes? Recordamos hoy las palabras del Presidente Néstor Kirchner que enfrentó a otros supremos que representaban los mismos poderes. «No pasarán a la historia aquellos que especulen, sino aquellos que más se la jueguen».

Por eso hacemos nuestras las palabras de la querida Hebe de Bonafini en su última aparición pública: «Necesitamos con mucha urgencia hacer algo contra la Suprema Corte y todos los jueces que están comprometidos con perdonar asesinos. No solo perdonan a los que quisieron matar a Cristina. Vienen perdonando desde antes a los asesinos de nuestras hijas e hijos».

 
Militancia

Las Madres salieron a la calle a enfrentar a una dictadura militar que estaba llevando a cabo un plan de desaparición forzada de personas, un plan sistemático de exterminio. A este poder se enfrentaron las Madres, y no podemos dejar de pensar cuál era la correlación de fuerzas favorable que existía en ese momento para ellas. Ninguna. Nuestras tres Madres fueron secuestradas y asesinadas, sin embargo, sus compañeras volvieron a la Plaza y, con su presencia durante cada jueves, construyeron esa correlación de fuerzas favorable que le puso fin a la dictadura militar.

Desde los albores de la patria estuvieron en pugna esos dos proyectos de país. De un lado, el de la Argentina para pocos que fueron extremando sus ganancias y sus privilegios y, del otro, la de los millones de argentinos que siempre fueron excluidos de los beneficios de habitar un suelo favorecido por la naturaleza y los saberes de su gente.

Ese pueblo despertó tempranamente, incorporándose a la lucha en defensa de sus derechos pisoteados por la oligarquía y el imperialismo en las décadas del ‘20 y el ‘30.

Consolidó derechos durante los gobiernos de Yrigoyen y Perón. Durante los gobiernos del peronismo, se comenzó a construir un modelo de país inclusivo que se refleja en la incorporación de miles de obreros a la producción, estatuto del peón rural, vacaciones pagas, universidad pública y gratuita, voto femenino, organización sindical reconocida, empresas públicas en sectores estratégicos, control del comercio exterior y de las finanzas. Fue un periodo histórico donde se logró un grado de independencia económica, soberanía política y justicia social como nunca se había vivido. Este gobierno fue salvajemente derrocado por esa oligarquía reaccionaria que veía en los derechos del pueblo la pérdida de sus privilegios escandalosos.

El pueblo argentino, protagonista de la Patagonia rebelde y de la Semana Trágica, se organizó en la resistencia a la Revolución Fusiladora, las huelgas ferroviarias y bancarias, las luchas de los zafreros y obreros de los ingenios azucareros, los congresos de la CGT de La Falda y luego el de Huerta Grande, el nacimiento de la CGT de los argentinos, las ligas agrarias, el movimiento estudiantil, los curas del Tercer Mundo, los movimientos villeros, el clasismo obrero enraizado en los cordones industriales, las organizaciones revolucionarias armadas y no armadas. Son ejemplo de esta resistencia inserta en un mundo que bullía por liberarse del imperialismo y de sus socios locales.

Ahí están con nombre y apellido cada uno de nuestros seres queridos, de nuestros compañeros y compañeras. Urgía sumarse a una u otra organización, estar junto a otros y otras para llevar adelante esa resistencia a la opresión que parecía interminable. Al derrocamiento de Perón, Frondizi e Illia, se sucedieron las dictaduras de Rojas, Aramburu, Onganía, Levingston y Lanusse y continuó creciendo la resistencia, la organización del pueblo. Miles, millones de compatriotas fueron sumándose a la lucha porque era necesario conquistar la libertad y avanzar en cambiar el sistema de opresión por otro, que no permitiera la explotación del hombre por el hombre. Esa patria, la patria socialista, la patria libre, justa y soberana, la patria humanista y democrática, sintetizaba el ideal y el compromiso de aquellos militantes.

La militancia se vivía con el cuerpo, con el sentimiento y con la razón. Se buscaban las mejores formas de organización para poder albergar a las camadas de jóvenes que se incorporaban a la lucha guiados por un sentimiento de solidaridad y compromiso que no tenía límites. Muchas y muchos supieron tempranamente que dar la vida no era una consigna vacía, sino que se llenaba con la sangre derramada. Pero se continuaba, no se bajaba los brazos.

Esa lucha desembocó en las elecciones y llegó el sol del 25 de mayo y los presos y presas fueron liberados. Se recuperó la democracia y millones nos ilusionamos con la posibilidad de construir la patria soñada y lograr la segunda y definitiva independencia.

Y la lucha continuó, el deseo de libertad, de terminar con las injusticias era acuciante. Entonces los sectores de derecha aliados al imperialismo, reaccionaron brutal y sanguinariamente, que es la forma que utilizan para defender sus privilegios. Para derrotar a los sectores populares y revolucionarios fue necesario un genocidio.

Y ahí comienza otra etapa histórica. Por un lado, los sectores dominantes destruyeron la matriz productiva del país y la reemplazaron por una economía basada en la especulación y la bicicleta financiera; por otro lado, a la represión indiscriminada se le opuso, la lucha de las Madres hacedoras de la democracia a quienes hoy y siempre rendiremos nuestro homenaje.

El año próximo, se van a cumplir 40 años de ininterrumpida vigencia de las instituciones y de gobiernos elegidos por el voto popular. A pesar de esto, no hemos podido consolidar un modelo, un proyecto de país que incluya a las grandes mayorías. Estamos inmersos en una falsa alternancia democrática entre gobiernos populares que construyen bienestar para las mayorías, con desarrollo económico y soberanía política, para dar paso a gobiernos que representan al poder real, que destruyen sistemáticamente todo lo que se había avanzado.

Como consecuencia de esta falsa alternancia democrática, gozan de impunidad quienes recientemente nos han endeudado ilegal e ilegítimamente por generaciones, nos han perseguido y espiado en democracia, quienes son los responsables del secuestro, desaparición forzada y asesinato de Santiago Maldonado y el asesinato de Rafael Nahuel, los responsables de la muerte de 44 compatriotas en el fondo del mar y del reciente atentado a la dos veces Presidenta y actual Vicepresidenta de la nación, sin haber recibido aún castigo alguno por estos imperdonables actos. Y permítannos preguntarnos cómo se milita contra la mentira y el poder descomunal de la derecha local, organizada y financiada por la derecha y la ultraderecha internacional que encarna este sistema nefasto de dominación reinante que es el neoliberalismo, que con más éxito que fracasos, viene garantizando la subordinación de los pueblos a los designios de los países centrales y que penetró la conciencia social desde la meritocracia y el éxito individual mediante la cooptación para estos propósitos de las instituciones democráticas. Es imprescindible recuperar las palabras del ideario popular y democrático y defender los valores humanos que día a día son degradados a través de los discursos del odio y hechos de violencia explícita.

¿Tiene sentido seguir buscando consensos, sin atribuirle al partido opositor, al adversario, la justa dimensión de sus nefastas intenciones?

¿Por qué insistir con un dialogo que nunca llega? ¿Por qué hablar de adversarios, cuando en realidad son enemigos de los intereses populares? ¿Creemos realmente que podemos dialogar con Magnetto? ¡Claro que no!

Insistamos mejor en recuperar la movilización popular con una militancia organizada que ponga el cuerpo, como lo pone Cristina, como lo puso esa militancia potente que nos precedió en la lucha.

Porque el frente electoral que se impuso en el 2019, que sintetizó la consigna «Neoliberalismo nunca más», debe imperiosamente y antes de que sea tarde repensar la forma de cómo pararse frente a la fuerza gigantesca de la derecha internacional y local que, como sucede hace décadas, tiene como único norte profundizar su mezquina acumulación del capital en detrimento del salario de los trabajadores y el interés de la patria.

Es imperioso que las instituciones de la democracia y los militantes populares detengan el accionar delictivo de los personeros de la anti política que, paradójicamente, renegando esta y poniendo en jaque la democracia y el bienestar de los argentinos, vienen rifando impunemente nuestro futuro.

En este contexto tenemos que recuperar la alegría de sabernos un pueblo dueño y hacedor de su propio destino. Pero para eso, cualquier gobierno nacional y popular debe dejar de asumir como imbatible la tan mentada correlación de fuerzas, esa que nunca los gobiernos populares tuvieron ni tendrán a favor, y reemplazarla, como hicieron nuestras Madres, por el coraje y la férrea decisión de no dejar jamás las convicciones y nuestras banderas en la puerta de la Casa Rosada

Hoy que hablamos de que se ha roto ese pacto democrático de no violencia que se había construido durante estos 40 años, nos preguntamos cómo y con quienes vamos a construir un nuevo pacto sin violencia, en paz y que defina un proyecto de país para las próximas generaciones. Este pacto debe incluir la construcción de una democracia participativa, la defensa de las riquezas y los recursos naturales de la patria, la soberanía política para decidir qué camino de desarrollo queremos, con quiénes nos hermanamos para lograrlo.

Con el pueblo trabajador, con los que se ilusionaron en el 2019, con dirigentes y militantes que tengan la sabiduría de hacer política con y para la gente. La política es el bien común. La política es la entrega por los ideales no individuales, sino los que se construyen colectivamente. Esa política, esa militancia que nos enseñaron los 30.0000. Déjennos soñar que es posible hacer de esta Argentina el lugar del buen vivir para las mayorías populares.

Queremos por eso repetir una y mil veces nuestra consigna de este año:

Con la valentía de los 30.000 y la audacia de las Madres. Ante los mismos poderes, la misma lucha. Por una patria más igualitaria, libre y soberana.

Nunca más el odio.

Nunca más el silencio.

Por memoria, verdad y justicia.

30.000 compañeros y compañeras, presentes.

El Cohete a la Luna