Los nazis de Bolsonaro exigen a los militares un golpe de Estado

Informe: Pablo Giuliano, corresponsal de Agencia Télam

Imagen: Manifestación de bolsonaristas nazis, en Santa Catarina, reclaman que los militares asuman el poder.

Se agolparon en las puertas de los cuarteles en distintos puntos de Brasil con el fin de frenar el regreso de Lula da Silva al poder. El vice de Bolsonaro les pidió a los fanáticos «que dejen de llorar».

Haciendo explícita una vez más su filiación al fascismo, seguidores de Jair Bolsonaro endurecieron sus protestas y se dirigieron a distintos cuarteles militares de Brasil con el reclamo de un golpe de Estado institucional con el fin de frenar la asunción de Lula da Silva.

Las manifestaciones, incesantes desde que el líder del PT ganó las elecciones presidenciales el último domingo y le puso punto final a la era del mandatario ultraderechista, empezaron a tomar un cariz más violento con la aparición en escena del saludo nazi, algo que ya se había visto en algunos actos del todavía Presidente, tal como sucede en Argentina con los mitines de Javier Milei.

Los activistas de Bolsonaro, amparados por el propio jefe de Estado, que consideró «democráticas» a las protestas de sus fanáticos, se concentraron sobre todo en San Pablo y Río de Janeiro.

La manifestación ocurrió un día después del pronunciamiento de Bolsonaro, que evitó aceptar en público la derrota y felicitar a Lula, aunque desde la justicia electoral de Brasil señalaron que ante ellos el mandatario sí aceptó la victoria de Da Silva.

La transición hasta la llegada de Lula al gobierno se extiende por mandato constitucional hasta el 1 de enero próximo. La coordinación de esa transición está a cargo del vicepresidente electo, Geraldo Alckmin, en conjunto con el jefe de gabinete actual, Ciro Nogueira.

Las imágenes de los bolsonaristas y su saludo nazi (mientras cantaban el himno de Brasil) se registraron en Sao Miguel do Oeste, Santa Catarina (ver foto).

«Lula no ha dicho nada sobre lo que está ocurriendo; esto demuestra que tendrá una situación de oposición parecida a la que tuvo Dilma Rousseff«, dijo el líder del bloque oficialista en el Senado, Carlos Portinho, del Partido Liberal de Bolsonaro.

Lula inició unas vacaciones con su esposa Janja en Trancoso, Bahia, estado gobernado por su Partido de los Trabajadores (PT) y uno de los pilares electorales de su triunfo junto con el resto del noreste, la ciudad de San Pablo y el estado de Minas Gerais, con el ojo puesto en la conformación de su gabinete y la balanza de poder de su amplio frente de izquierda hasta la centroderecha liberal, según el corresponsal de la agencia Télam en aquel país.

Según un balance de la Policía Caminera Federal, 156 puntos de cortes de ruta se registraban en 17 estados. Ante la connivencia de parte de la cúpula bolsonarista de esa fuerza, el Supremo Tribunal Federal (STF, corte suprema) autorizó ayer a los gobernadores a reprimir con las policías provinciales y así lo hicieron los tres mandatarios regionales aliados del presidente hasta el domingo, los de Minas Gerais, Rio de Janeiro y San Pablo, que condenaron los bloqueos.

La policía caminera informó que deshizo 574 manifestaciones. En San Pablo la tropa de choque arrojó gases lacrimógenos en la autopista Castelo Branco, una de las más importantes de la región. Pero el más impactante movimiento de la extrema derecha se produjo frente a los cuarteles de todo el país, sobre todo en San Pablo y Río de Janeiro, para reclamar a los jefes militares intervenir mediante un golpe de Estado e impedir la asunción, el 1 de enero, de Lula.

Los manifestantes entendieron -y así lo diseminaron por más de 220.000 grupos de WhatsApp y Telegram que dicen tener- que el discurso de ayer de Bolsonaro en el Palacio del Planalto, dos días después de haber sido derrotado, los invitó a seguir manifestándose y reclamando fraude.

El presidente evitó admitir la victoria de Lula y dijo que respetará la Constitución, a la vez que justificó las protestas, aunque se opuso a que sean violentas.

«Venimos a pedirle al Ejército que haga una intervención federal en las instituciones de Brasilia, en la justicia electoral, que se vote nuevamente porque hubo fraude; nosotros somos el pueblo y no aceptamos las elecciones queremos el recuento de los votos», dijo a Télam Marcelo Rossetti, uno de los organizadores de la marcha en San Pablo, vestido con una camiseta de la selección brasileña, que es usada desde 2015 por los seguidores de Bolsonaro.

Según Rossetti, la manifestación debería permitir un golpe para evitar la asunción de Lula.
«Bolsonaro no reconoció la victoria de Lula en su discurso, por eso estamos acá, para no permitir que asuma», dijo entre gritos Marcia, levantando un cartel con la frase «No al Comunismo-Stop Comunism».

La protesta generó un caos de tránsito frente al Comando del Sudeste de Ejército Brasileño, en inmediaciones de Parque Ibirapuera, uno de los lugares emblemáticos de San Pablo, la mayor ciudad sudamericana.

En la manifestación, que estuvo convocada por grupos de WhatsApp y Telegram, muchos de los participantes entrevistados por Télam repetían las noticias falsas que les llegaban a su celular, como que era inminente una decisión del jefe del Ejército para detener al presidente de Tribunal Supremo Electoral (TSE), Alexandre de Moraes.

En el lugar, sin embargo, no había dirigentes políticos de peso. La consigna de los golpistas fue similar a la utilizada por Bolsonaro en la campaña: patria, familia, propiedad y libertad.

Decenas de manifestantes montaron carpas en inmediaciones de la Asamblea Legislativa de San Pablo, frente a un cuartel del Ejército, para realizar una «vigilia» con el objeto de pedir que se anulen las elecciones.

«Lula no puede asumir, fue condenado y no tendrá respiro si asume el gobierno», comentó un hombre que se identificó como Rafael Vieira, quien aseguró que el que dio un golpe de Estado fue «el Supremo Tribunal Federal» al anular la condena de los cargos de corrupción contra el ahora presidente electo.

El fundador del PT estuvo 580 días en la cárcel y fue impedido de participar en las elecciones de 2018, que ganó Bolsonaro, por condenas que fueron luego anuladas por parcialidad y falta de competencia del juez.

En Río de Janeiro, la manifestación cortó la Avenida Presidente Vargas y en Bahía un pequeño grupo marchó frente al regimiento de Salvador. Los manifestantes cortaron las calles sin ser reprimidos por la policía.

La corte suprema también autorizó a la Policía Militar a identificar camiones utilizados para bloquear el tránsito, para que se aplique una multa equivalente a más de 19.000 dólares por hora y detención.

En una situación de tensión, miembros de las hinchadas de los clubes de fútbol Corinthians, Atlético Mineiro, Cruzeiro, Coritiba, Palmeiras, Vasco da Gama y Fortaleza actuaron en varios lugares del país para despejar las rutas y en defensa de la democracia.

El ministro de Justicia, Anderson Torres, pidió que las protestas sean «pacíficas» y permitan el tránsito de las personas, pero ningún líder del bolsonarismo pidió directamente despejar las rutas.

El vicepresidente y senador electo Hamilton Mourao reclamó «dejar de llorar» y dejar de denunciar fraude, tras la campaña más violenta e importante de la historia.

El programa Profissão Reporter, de TV Globo, publicó un reportaje sobre la compra de votos de intendentes bolsonaristas en Mato Grosso do Sul., estado agrícola donde Bolsonaro obtuvo casi el 70% de apoyos, en la semana previa a los comicios.

Infonews

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