Los palestinos

Por José Blanco

Imagen: Palestinos reciben comida en una escuela administrada por la ONU en Rafá, en el sur de la franja de Gaza. (Mohammed Abed / AFP)

La masacre indiscriminada de los palestinos de Gaza causa rabia y dolor extremos por el mundo, pero nada detiene la intención de Benjamin Netanyahu de continuar con la matanza. No es una segunda nakba («catástrofe» o «desastre»), sino la nakba que empezó en 1948 y que no se ha detenido. Los palestinos no figuran más en el mapa, ninguna nación se llama Palestina en el planisferio. La «catástrofe» fue la destrucción de la sociedad palestina y su desplazamiento y segregación brutales.

Israel quiere echarlos ahora de Gaza por su frontera sur (tierras de frontera robadas a la antigua Palestina por el Estado sionista), pero el rey Abdalá II de Jordania dijo en rueda de prensa con el canciller alemán, Olaf Scholz, que no debe haber «ni refugiados de Gaza a Egipto ni refugiados a Jordania». La situación «debe resolverse dentro de Gaza y Cisjordania y no sobre los hombros de otros. Egipto no quiere dejar entrar en el país, bajo ningún concepto, a los palestinos de Gaza, porque nunca se les permitirá regresar y entonces se perderá la causa palestina».

En tanto, las bombas caen sobre la población palestina de Gaza, que carece de agua, alimentos y medicamentos, y no tiene lugar alguno adonde huir. Para el 19 de octubre pasado Israel había arrojado sobre la zona de 365 kilómetros cuadrados de Gaza y sus 2.3 millones de habitantes, en 12 días, un número mayor de bombas que las que Estados Unidos lanzó sobre Afganistán en un año.

El bombardeo empezó después del ataque de Hamas, pero el plan de eliminar a los palestinos de la franja de Gaza y de Cisjordania, y de todo territorio que antes fuera Palestina, ha existido por mucho tiempo. Su expresión más notoria es el «plan decisivo de Israel» formulado por Bezalel Smotrich, ministro de Finanzas de Netanyahu, titulado «Una esperanza». Smotrich lo formuló cuando en 2017 era vicepresidente de la Knéset, órgano que ostenta el poder legislativo. Dice el plan: «El modelo de ‘dos estados’ ha llevado a Israel a un callejón sin salida. Ha traído una sensación de desesperación por acabar con el conflicto, y un giro hacia su ‘gestión’ como un cruel y eterno decreto del destino. La alternativa a esto es una nueva disposición de la sociedad israelí a ganar el conflicto, en lugar de limitarse a gestionarlo, una victoria basada en la comprensión de que no hay espacio en la tierra de Israel para dos movimientos nacionales en conflicto». Más adelante: «La primera y más importante etapa del plan… implicará el asentamiento. En esta etapa estableceremos el hecho básico más importante: estamos aquí para quedarnos. Dejaremos claro que nuestra ambición nacional de un Estado judío desde el río [Jordán] hasta el mar [Mediterráneo] es un hecho consumado, un hecho que no admite discusión ni negociación». Quedaría así eliminado todo territorio palestino, con la complicidad de Estados Unidos y Europa. El proceso avanza desde antes del plan desinhibido de Smotrich.

Este proyecto revela la convicción de que todos sus pasos llevarán la desesperación del pueblo palestino a un máximo, lo que sin duda recrudecería su «afán terrorista». Pero confía en su victoria final militar que, con el tiempo, aplacaría la desesperación palestina. Bajo condiciones brutales, el plan prevé cómo podrían vivir algunos palestinos en ese ampliado Estado de Israel. Los demás deben buscarse un nuevo hogar en otros países árabes. El sionismo ya se dispone a arrasar los túneles de Hamas en Gaza, pasando por encima de la población civil.

El plan sionista de Smotrich no prevé otras realidades. Biden ordenó el envío al Mediterráneo del portaviones Gerald Ford (el más grande del mundo), los buques de guerra acompañantes, y un refuerzo a los escuadrones de la aviación de combate que hay en la región, no por temor a Hamas ni a los gazatíes masacrados, sino por su confeso propósito de disuadir a Irán de intervenir por Palestina. Veremos. Otros países musulmanes son también candidatos a complicar más aún las tensiones complejas de Oriente Medio. Por tiempo inmemorial Estados Unidos y Europa han aplastado, sometido, bombardeado, arrasado al mundo musulmán, que tiene mil cuentas pendientes con los países del centro imperialista. Las mechas se agitan entre polvorines.

El plan tampoco prevé otro asunto que provoca tsunamis: el peso de los países árabes en la producción de petróleo. La guerra de Yom Kipur de 1973 enfrentó a Israel con Egipto y Siria. Estados Unidos decidió entonces enviar armamento a Israel. En consecuencia, los países árabes, liderados por Arabia Saudita, decidieron imponer un embargo petrolero sobre Estados Unidos y sus aliados. El precio del crudo se disparó y la economía mundial, encabezada por el país norteamericano, se cimbró. El mercado petrolero cambió para siempre. Hoy tenemos otra circunstancia porque Estados Unidos es autosuficiente en petróleo, debido a la perforación fracking. Pero sin petróleo Europa estaría en problemas: rompió relaciones con Rusia, debido a la guerra en Ucrania, y le impuso sanciones económicas. Rusia tiene el petróleo y Europa un grave problema, debido a que el petróleo de Estados Unidos no alcanza.

La Jornada