México: Ante 300 mil personas, Los Fabulosos Cadillacs rompen récord en el Zócalo

Por Juan José Olivares

El cantante Gabriel Fernández, a quién se conoce como Vicentico, pidió a las decenas de miles de sus seguidores congregados en la plancha del Zócalo capitalino y calles adeladañas, que apagaran sus celulares. La idea: «unirse en espíritu y corazón».

La petición fue aceptada por el respetable, que por momentos dejó en penumbras el primer cuadro del Centro y la magia vino al escucharse los primeros acordes de Matador, canción emblemática del rock latinoamericano que este año cumple 30 años de salir al mercado y colocar a Los Fabulosos Cadillacs como uno de los grupos más relevantes del rock en el continente, y quizá más allá.

Marejadas de gente –según la autoridad 300 mil personas, superando a la asistencia de los conciertos de Grupo Firme, Roger Waters y Los tigres del Norte– atiborraron las calles céntricas, al grado que en algunas de ellas se suscitaron aglomeraciones peligrosas y algunos aplastados, entre ellos algunas mujeres y niños que acompañaron a los seguidores fieles del grupo argentino. Sí, los fans de Los Fabulosos llegaron en procesión de al menos dos generaciones de gustosos de sus rolas.

Esas mareas fueron atraidas por el magnetismo de una maquinaria perfecta. Una que lleva 43 años dejando dejando huella sonora con sus fuertes llantas y el poderoso rugir de su motor.

Llegaron Los Fabulosos Cadillacs, de modelo 1957, pero con nuevas piezas que sonorizaron el espacio público mexicano con los temas que los han hecho ser un referente en la música actual.

Esa huella se dejó sentir y escuchar la noche del sábado a través de la música ska, rock steady y folklor latino que sonó a amor.

Esa energía que su ruido ha dejado en al menos dos generaciones de escuchas, que se reunieron por miles en la plaza más importante del país. No importó la lluvia, los aplastones o que las pantallas colocadas fuera de la plancha no se escucharan bien, aunque la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum pidiera a la gente que mejor se estableciera cerca de éstas porque «el Zócalo ya estaba lleno». La jefa del ejecutivo local pidió también que mejor vieran la transmisión por streaming, aunque ésta fuera mala. Sin embargo, en Facebook se llegaron a contabilizar hasta 21 mil conectados.

El Zócalo del Centro Histórico mutó, como ya ha hecho en otras ocasiones, en un inmenso foro diverso e incluyente que detonó una energía singular creada por estupendos ejecutantes de música y un ente llamado audiencia, absolutamente incondicional.

Vicentico, Sr. Flavio, Sergio Rotman, Ricciardi, Mario Siperman son los miembros originales de la maquinaria, a los que se sumaron nuevas piezas ensambladas en el mejor taller de mecánica sonora: Dany Lozano en la trompeta, y los hijos de Vicentico y Sr. Flavio, Florian Fernández en la guitarra y Astor Cianciarulo, en la batería respectivamente.

El León del Ritmo, como se llama su actual gira, pasó por este nuevo escenario, que impacta a todo músico que se presenta ahí: «Es histórico. De un enorme respeto, profundo», dijo el Sr. Flavio, bajista y fundador de esta gustada banda argentina, que sigue mostrándose como aquella de muchachos deseosos de divertirse arriba de un escenario, ejecutando con la misma libertad el ska, el rock, los ritmos afrolatinos, que en sus primeros días, por allá del año 1985 en la Ciudad de Mar del Plata, donde debutó.

Cuando editaron su primera placa Bares y fondas, que hacía referencia simplemente una banda de amigos desparpajados y alegres, pero con conciencia, no imaginaron que con sus beats ska y sus atrevidas –para el tiempo— introducciones de sabores afro, se erigían como una banda en la historia del rock de la región Latinoamericana.

Un grupo –con una voz inconfundible, la de Vicentico– que ha visitado y dejado la marca de su rodada de sus neumáticos por todo tipo de tierras, incluidas las mexicanas.

Los Fabulosos Cadillacs y el rugir de su poderoso y elegante motor, se escuchó por todo rincón del primer cuadro de la capital del país.

Cada acelerón fue una dosis de buenos ritmos rock-ska, steady rock y afrorockanrol con mucho filin, derrochado por estos pibes gustosos de agradar a decenas de miles de espíritus amantes de la música.

Los FC son los introductores de la música latina experimental en tierras sureñas del continente. En el rock argentino no había ninguna banda que utilizara timbales e incluyera temas con sabrosura latina, misma que penetró en el paisaje sonoro del Centro.

Sonaron rolas como Cadillacs, Manuel Santillán El León, Demasiada Presión, El muerto, Carmela, Estoy Harto de Verte con Otros, El Genio del dub, V Centenario, Carnaval, Mal Bicho, Matador…

Cuando Matador sonó, con todo y «sus vientos de libertad, sangre combativa», devino en shock comunal.

Matador es una pieza aparte. Forma parte del disco Vasos vacíos (1993), compilado de 17 tracks entre los que aparecen cinco versiones rejuvenecidas de los primeros éxitos de los Cadillacs: Te tiraré del altar, Mi novia se cayó en un pozo ciego, El satánico Dr. Cadillac y Basta de llamarme así, Matador y la que daba nombre al disco completo, una emblemática que cantaron a lado de Celia Cruz, que habían grabado en 1988.

La mencionada pieza, una bomba artística de características expansivas, nació, según dijo su creador, el bajista Flavio Cianciarulo, que un día viajó al sur de Brasil para acompañar a su hija menor, Coco, que integra el equipo argentino de surf y se prepara para los próximos Juegos Panamericanos de la disciplina. La compuso sin cuaderno, sin guitarra, sin grabador.

Sonaba en su cabeza el beat salsero, la clave insertada en un ritmo bahiano (Brasil). A eso le agregó una base de reggae ska muy Cadillacs con una línea de bajo inspirado en The Police con la lírica de Rubén Blades, «mi Bob Dylan de habla hispana», aseguraba Cianciarulo.

Esta rola, a decir del historiador de música, el argentino Sergio Pujol, fortaleció los tambores de la canción argentina ya que, hasta antes de Matador, la canción argentina poco volteaba a los tambores; le faltaba el toque africano y afrolatino. La canción se transformó en un tremendo hit internacional gracias a su ritmo endemoniado, una mezcla de candombe, rock latino, ska y sonidos afrocaribeños, además de los instrumentos de cuerda, percusión y viento, todos claramente identificables.

La Jornada