Milei, la casta política y la Ley Ómnibus

Por Sebastián Sayago

Se podría decir que, en esta semana, la casta política le demostró a Milei cómo se debe gobernar teniendo una minoría legislativa. Pero, en realidad, hizo bastante más que eso. Puso de manifiesto una posibilidad impensada: que el programa neoliberal proclamado por el presidente se puede desarrollar sin él.

La alianza entre La Libertad Avanza, el Pro, la UCR y Hacemos Coalición Federal se produjo en un contexto marcado por los insultos y las amenazas de Milei contra legisladores aliados y gobernadores. Pero esos exabruptos no constituyeron un obstáculo. Al contrario, expresaron la necesidad de lograr acuerdos que compensaran lo que no podían esperar de la Casa Rosada: capacidad de negociación. Fue así que, a pesar de Milei, la Cámara de Diputados aprobó en general la Ley Ómnibus.

Es cierto que los 144 votos que la respaldaron no conforman un número estable, pero manifiestan una mayoría circunstancial y ya se sabe que el poder es un imán, sobre todo para quienes no tienen pruritos ideológicos y, además, desean obtener algunos favores. Para muchos, negociar con el que gana es una tentación irresistible.

Queda por ver qué pasa en el Senado. Si se repite el modus operandi y los libertarios y sus aliados consiguen aglutinar a la mayoría de los representantes que son, en principio, independientes (es decir, no responden al gobierno ni al kircherismo), pueden tener los votos para la segunda aprobación. Si llegara a darse ese escenario, ya no sería necesario que el hombre de la peluca persista en su intención de gobernar por decreto: la casta le podría garantizar la mayoría legislativa necesaria para aprobar leyes y esa vía siempre es más elegante, otorga mayor legitimidad republicana.

Y algo más: si el desgaste del gobierno llegara a ser muy alto, no habría problema en despegarse de Milei. Al fin y al cabo, el poder ejecutivo es el máximo responsable del gobierno. Dirán que la legislatura se limitó a darles las herramientas requeridas para la resolución de la crisis. El bloque intersectorial pretenderá no ser parte del fracaso.

Algo más que un partido

Esta articulación intersectorial es posible porque los grupos que participan coinciden ideológicamente. Los une la convicción de que hay que achicar el Estado, quitar derechos sociales, instalar un sistema más autoritario y promover un alineamiento más sumiso al FMI y a Estados Unidos. Y, lamentablemente, esos principios generales han permeado en el sentido común de muchos sectores sociales, que han experimentados sucesivas frustraciones ante las fallidas promesas de un Estado que aumentó la pobreza, la exclusión y el clientelismo.

Si se confirma el escenario que estamos esbozando (como una posibilidad, no como una certeza), deberíamos advertir que no es lo mismo enfrentarse ante un gobierno liderado por un loco ridículo que ante un gobierno aparentemente más plural, que presenta figuras más moderadas y convencionales, más razonables. Figuras que, además, dicen lo que mucha gente piensa.

La intersectorialidad da idea de consenso y de convivencia democrática. No es solo un partido, son varios.

En más de una ocasión, Milei denostó a los radicales y al populismo peronista. Ahora, agradece a de Loredo y a Pichetto la aprobación de la ley. Para la mayoría de sus seguidores, no hay ninguna contradicción. Se ganó y punto. La coherencia es un ítem subestimado en la débil cultura política de nuestro país.

Vale mencionar que Pichetto (neoliberal, racista y autoritario) se reivindicó como peronista en la justificación de su apoyo a la ley. Afirmó que adhería a la idea de un capitalismo con burguesía nacional. Muchos podrán discutir en este punto cuál es el verdadero peronismo y quizá le resten méritos a este legislador con “sucesivas lealtades”. Hace unos días, en un programa de C5N, Guillermo Moreno cuestionó las críticas al legislador rionegrino. Dijo que era un gran político y que había que tener cuidado, ya que podía ocurrir algo similar a lo sucedió con Massa, que fue duramente criticado durante años por muchos kirchneristas que después hicieron campaña por él.

Más allá de esta nota de color, quizá la función esencial de Milei sea reciclar lo más rancio de la casta política, en un proceso que confirme la liviandad de sus identidades partidarias. La adhesión al capitalismo neoliberal está por encima de cualquier diferencia de origen. Es así que Macri, Bullrich, Pichetto, Espert y varios otros pueden aspirar a tener el poder que se les negó en las urnas, ofreciendo a la casta empresarial una cintura política que el libertario no tiene.

Resistencia ideológica y protesta social

Tanto la casta política como los medios de comunicación dominantes intentan legitimar las acciones del gobierno explotando la demonización del kirchnerismo como sinónimo de intervencionismo estatal, ineficiencia y corrupción. Es un recurso persuasivo que todavía resulta eficaz.

Sin embargo, el panorama está cambiando rápidamente. Por un lado, hay un movimiento de resistencia basado en valores ideológicos. Muchas organizaciones populares se manifiestan contra el modelo de saqueo que intenta imponer el gobierno. Por otro lado, hay una bronca creciente en muchos trabajadores y trabajadoras que ven cómo su salario se va licuando día a día. Siendo dos caras de la misma moneda, estos dos procesos, la resistencia ideológica y la protesta social ante el ajuste, van a confluir en la calle y ese encuentro puede ser crucial para un proceso contrahegemónico que frene a este gobierno, saque a la casta del poder y siente las bases para un gobierno de la clase trabajadora.

Milei y sus aliados necesitan tiempo para que la frustración y la bronca se transformen en resignación y disciplinamiento. Pero, cuando reinan la injusticia, el cinismo y el hambre, el pueblo suele perder la paciencia.

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