Milei y las profecías de Parravicini

Por José Steinsleger

Uno. Los adivinos son entretenidos. A no ser, claro, que en sus bolas de cristal aparezcamos atropellados por un camión con doble remolque. Ni hablar de los mesías que, indistintamente, anticipan catástrofes inminentes o bienaventuranzas de temporada. Y los profetas aseguran que intuyen el porvenir, interpretando «la voluntad de los dioses».

Dos. En fin, personajes buena onda, y muy distintos de los políticos fantoches, manipulados por los titiriteros del gran capital. Por ejemplo, el novel presidente Javier Milei, ex actor de segunda, ignoto economista hasta 2018 y súbitamente, durante la pandemia, el personaje más invitado de la televisión, junto con sus cuatro mastines de 90 kilos cada uno. Veamos.

Conductor: ¡Bienvenido, don Javier! ¡Qué lindos perritos! ¿Puedo tocarlos? Milei: No tema. Antes de venir al programa, les di de comer. Porque si están con hambre, te arrancan el brazo de un tarascón. Se llaman Milton, Murray, Robert, Lucas, y fueron clonados con células de Conan, mi consultor espiritual fallecido hace seis años.

–Oh… ¡cuánto lo siento! ¿Sabía usted que la reina Isabel II de Inglaterra tuvo 30 perros corgis a lo largo de su vida? ¿Qué habrá sido de ellos?

–Quien sabe. Pero mis perritos llevan el nombre de insignes economistas de la escuela austriaca, paladines de la libert…

–Perdón que lo interrumpa, señor Milei… Están llegando mensajes de nuestra audiencia y, literalmente, preguntan qué carajos tiene que ver esa escuela con la angustiante situación económica del país.

Entonces, mirando a cámaras, el candidato vocifera «¡populistas!», «¡zurdos de mierda!», y abandona el estudio seguido de sus perritos.

Tres. Antes del balotaje del 19 de noviembre, respetables consultoras de opinión vaticinaron una «diferencia ajustada». Cundió el pánico y la histeria llegó a tal grado, que un reputado tiktokero de la izquierda virtual exhibió su título de Harvard, anunciando que si ganaba Milei, lo quemaría junto con sus libros. Con dificultad, su terapeuta pudo bajarlo de la lámpara, le quitó el celular, y logró calmarlo con un tecito de valeriana.

Cuatro. De 16 consultoras, sólo acertó la contratada por la embajada de Estados Unidos (Atlas.intel). Milei se había impuesto con 11 puntos de diferencia. Las redes sociales estallaron, exhumando las profecías de Benjamín Solari Parravicini, un consagrado y olvidado pintor que circuló en la bohemia de Buenos Aires, en los decenios de 1920-40.

Cinco. Parravicini apuntaba sus crípticas profecías al pie de dibujos que llamaba «sicografías». Nada raro en jóvenes artistas cautivados por las vanguardias de la época, la revolución rusa, las películas de Fritz Lang, los debates entre sicoanalistas, el avance del nazifascismo, las novelas futuristas de Aldous Huxley y H. G. Wells, o la satírica Los siete locos, de Roberto Arlt.

Seis. Algunas profecías del «Nostradamus argentino» resultaron inquietantemente exactas. De niño, había anunciado el estallido de la guerra mundial de 1914, y de joven las bombas atómicas sobre Japón, el magnicidio de John Kennedy, el atentado a una «gran pirámide» de Nueva York, y la «renuncia de un Papa seguida de la elección de un jesuita»…

Siete. En 1941, Parravicini anunció la «llegada del hombre gris, que cambiará la escena política para siempre. Argentina tendrá su revolución francesa en triunfo. Puedo ver sangre en las calles, si no ve el instante del hombre gris».

Ocho. ¿Qué sería el fantasmagórico «hombre gris»? Crípticas, ambivalentes, las profecías de Parravicini podían ajustarse a cualquier acontecimiento. ¿Un «hombre gris» (color mestizo) como el de la Argentina plebeya? ¿Esa Argentina negada y odiada sistemáticamente por la blanca/elitista/clasista?

Nueve. En 1971, Parravicini escribió: «Argentina será despedazada, y partida en dos ideas levantará un fantoche de nueva doctrina. La Iglesia hará silencio. La oración vencerá».

Diez. Para entonces, la logia masónica/clerical italiana Propaganda Due (P2) y la Agencia Central de Inteligencia ya tenían a su hombre en la cúpula del peronismo: el ex cabo de policía José López Rega (alias El Brujo), con llegada directa a la esposa del general Perón.

Once. Perón murió en julio de 1974, cinco meses después Parravicini se mudó a otra dimensión del cosmos, y en marzo de 1976 las fuerzas armadas impusieron, antidemocráticamente, el programa económico genocida que Milei pretende imponer, democráticamente.

Doce. El horóscopo chino pronostica «tiempos interesantes» en Argentina. Como fuere, el libro Guiness ya tomó nota del primer presidente rematadamente loco de la historia contemporánea.

Trece. ¿Que si con Milei y su tétrico equipo de gobierno hay miedo? Afirmativo. Mucho miedo. Pero algo misterioso me dice que el fantoche terminará mal. Muy mal. ¿Será que me volví profeta?

La Jornada