Mujeres y niños, despedazados en la incursión israelí en Rafá

Unión Europea insta a Washington a suspender la venta de armas a Tel Aviv.

Imagen: Una mezquita en Rafá quedó en ruinas tras la ofensiva israelí que dejó 67 muertos. Foto Afp.

Por Bel Trew

The Independent y Agencias. Tel Aviv. En el hospital Al Najjar, en la ciudad fronteriza de Rafá, restos despedazados de partes corporales llegaron en bolsas con números garabateados encima. Escritos por los primeros socorristas que acababan de sacarlos de los escombros, los números significaban la cantidad estimada de personas que podrían estar en cada bolsa.

Las partes machacadas de carne humana están tan dañadas que «era imposible identificarlas con propiedad», refirió Amjed*, residente de la ciudad, quien visitó el hospital este lunes. Anduvo de un hospital en otro, de un sitio bombardeado a otro, tratando de encontrar desaparecidos entre los muertos, después del feroz ataque nocturno israelí contra la ciudad.

«Los primeros cuerpos en llegar a los hospitales eran todos niños y mujeres. Había demasiados cuerpos tapizando el suelo», declaró a The Independent. «La escena era catastrófica. Vi pedazos de niños».

A otros menores los trasladaron a los hospitales en autos de civiles, sin sus familiares, «cubiertos de sangre y polvo.»

«Traté de preguntarle a un muchacho cómo se llamaba para encontrar a su familia. No podía hablar y temblaba mucho.»

Durante la noche y hasta la mañana de ayer, Israel lanzó un ataque por tierra y aire sobre Rafá, para liberar a dos rehenes argentino-israelíes retenidos ahí por militantes de Hamas. Los dos hombres –identificados como Fernando Simón Marman, de 60 años, y Louis Hare, de 70–, están entre las 250 personas que Hamas capturó durante su sangriento ataque en el sur de Israel el 7 de octubre, que desencadenó la guerra israelí en Gaza.

Los militares israelíes dijeron haber incursionado en un departamento de un segundo piso usando explosivos, trenzándose en batallas a balazos con quienes mantenían a los cautivos, y luego lanzaron ataques aéreos para permitir la salida de sus tropas.

«Sólo la presión militar continua, hasta la victoria total, logrará la liberación de todos nuestros rehenes», afirmó el primer ministro Benjamin Netanyahu ayer temprano. «No perderemos ninguna oportunidad de traerlos a casa».

Funcionarios del ministerio palestino de Salud informaron que en el bombardeo perecieron al menos 67 palestinos, entre ellos mujeres y niños. Residentes de la ciudad contaron que escucharon docenas de explosiones por toda la ciudad, y que tres mezquitas y una docena de casas habían sido atacadas.

Ahora, muchos en Rafá temen que sea el principio de un ataque más amplio. Youssef*, de 35 años, quien fue forzado a dejar su hogar en el norte de Gaza y ahora vive en una tienda de campaña en el patio de una escuela primaria, señaló que las familias se preocupan de que los rehenes sean «una razón para justificar la invasión de Rafá», plan que Israel se ha obstinado en llevar adelante, pese al clamor mundial.

«Todos dicen: ¿adónde podemos ir? ¿Dónde nos podemos esconder? No tenemos opción. Rafá es la única estación que queda», añadió.

Rafá, en la frontera con Egipto, es el último refugio en Gaza y uno de los pocos lugares en la franja de 42 kilómetros que no ha sido atacado por tropas israelíes de tierra. Se estima que ahí se albergan alrededor de 1.5 millones de personas, la mayoría durmiendo en las calles, en escuelas y patios de hospitales.

Israel ha prometido en repetidas ocasiones irrumpir en la ciudad, afirmando que será la última parada en su empeño por «eliminar» a Hamas, pero ha enfrentado crecientes críticas incluso de sus aliados más cercanos, que están «profundamente preocupados».

Estados Unidos ha dicho con claridad que no apoya esta operación, por el probable efecto devastador que tendría sobre cientos de miles de ciudadanos que se refugian allí.

Incluso, el presidente Biden ha admitido que piensa que la respuesta militar israelí al 7 de octubre «se ha pasado de la raya».

El secretario británico del Exterior, David Cameron, advirtió ayer que Israel debe «detenerse y pensar en serio» antes de tomar más medidas sobre Rafá, considerando que los civiles «ya no tienen adónde ir».

El jefe de política exterior de la Unión Europea, Josep Borrell, llegó al punto de insinuar que Estados Unidos recorte miles de millones de dólares de la ayuda militar a Israel, a causa del alto número de muertes en las operaciones vigentes.

En un apasionado discurso, expresó: «Netanyahu no escucha a nadie. ¿Van a evacuar a los civiles? ¿Adónde? ¿A la Luna?»

Israel enfrenta el principio de lo que puede ser una restricción a sus militares. Un tribunal holandés de apelaciones informó que bloqueó la exportación de partes de aviones caza F-35 a Israel, por un «claro riesgo de violaciones del derecho humanitario internacional en Gaza». El gobierno advirtió que apelaría.

También existen temores por la seguridad regional si comienza una operación por tierra en Rafá. Egipto ha advertido de manera reiterada que el despliegue de tropas israelíes en la frontera común, así como cualquier desplazamiento de personas hacia su territorio, podría violar el tratado de paz vigente desde hace décadas entre las dos naciones.

En tanto, diplomáticos de Medio Oriente que participan en negociaciones de alto el fuego han declarado a The Independent que esta acción podría desencadenar una guerra regional. Grupos armados respaldados por Irán en Irak, Siria y Yemen han jurado seguir atacando posiciones estadunidenses en la región y rutas de transporte global en el Mar Rojo, a menos que haya un alto el fuego en Gaza.

Los diplomáticos temen que una «masacre» en Rafá sería una chispa devastadora en un polvorín que ya es volátil.

En Rafá, Amjed comentó que los precios están inflados por la alta demanda y que la mayoría de los desplazados no pueden siquiera pagar el costo de una tienda de campaña, que se ha elevado a mil dólares.

«Por eso algunos duermen en las mezquitas durante el día y se quedan en las calles de noche, sin nada que los proteja, ni siquiera una tienda.»

*Los nombres se han cambiado.

© The Independent

Traducción: Jorge Anaya

La Jornada