Negocios o democracia

Remover restricciones para recuperar soberanía

Por Guillermo Wierzba

Imagen: Puck Magazine, 12 de septiembre de 1906

La inflación ha vuelto a registrar niveles ascendentes durante el mes de enero. El guarismo del 6 % para el IPC de ese mes contrastó agudamente con la expectativa de sendero que el ministro de Economía había previsto para el crecimiento de los precios. Pese al sobrecumplimiento de las metas de déficit del segundo semestre de 2022 y del alineamiento de la emisión monetaria al programa impuesto por el FMI, la inflación no cedió sino que aumentó.

La primera conclusión que se debe extraer del nivel de crecimiento de los precios es que las políticas de restricción fiscal y monetaria no provocaron el descenso de la inflación. Por el contrario, se evidencia que los aumentos de costos vía tarifas y el impacto del ritmo de devaluación del dólar, que el acuerdo con el FMI exige, llevan a una elevación de los precios de la economía. La segunda es que los formadores de precios trasladan todos los costos y sus aumentos a quienes les compran. Además, con elusiones e incumplimientos esterilizan el impacto morigerador que los acuerdos de precios deberían tener sobre su comportamiento.

La oposición neoliberal de rejuntados por el cambio, sin embargo, ha iniciado una ofensiva planteando la necesidad de un macroajuste fiscal y monetario, porque adjudican la inflación a causalidades de ese orden. López Murphy pregona en La Nación del 12 de febrero que se impone una corrección de gran magnitud, plantea reducir el déficit aún más para “que baje el ritmo de deuda” y propone “una reforma de la seguridad social o baja de los subsidios a empresas públicas”. Un inequívoco tufo a la década de los ’90. En realidad, la conducta de los formadores de precios, las imposiciones del FMI y las críticas del liberalismo neo opositor confluyen en aprovechar la suba de precios para lanzar el arsenal argumentativo para retomar las liberalizaciones de la economía.

En la declaración del 6 de febrero Juntos por el Cambio titula: “Están dejando una situación peor que la del 2015 y una bomba armada para el pueblo argentino”. Sosteniendo luego que el endeudamiento tuvo un crecimiento récord equivalente a 83.000 millones de dólares. Utilizan ahora, nuevamente, la indistinción de deuda en pesos con deuda en dólares. Usan para calcular el crecimiento de deuda del gobierno del Frente de Todos lo mismo que hicieron para la gestión de la política económica del 2015-2019. En aquel momento financiaron con dólares déficits en pesos para permitir el financiamiento de la fuga de capitales. Ahora hacen cálculos que omiten la fundamental diferencia que implica la moneda emitida por el Estado argentino respecto de las divisas para expresar endeudamiento. Un discurso para embaucar a la ciudadanía, con un título tan falso como desestabilizador. Es una fraseología para desprestigiar al gobierno actual, para des-responsabilizarse del daño que causaron en su gestión de gobierno como para encubrir el ajuste en shock y las reformas estructurales privatizadoras que programan realizar en el caso de su eventual retorno al gobierno.

Por otra parte, el gobierno nacional debe asumir con urgencia que el consensualismo no ha conducido a la confluencia del poder económico concentrado con sus objetivos, sino que este ha resistido a las políticas que se han implementado para reducir el ritmo de crecimiento de los precios. En tal sentido resulta indispensable la adopción de un programa enérgico del poder democrático que obligue a una rápida modificación del comportamiento de los precios. Eso implica que tome una acción decidida en garantizar el avenimiento empresarial a los objetivos de política que permitan recuperar el salario real y la mitigación de la suba de precios, que se origina en una ofensiva para retener la mejora en la participación del gran empresariado en la distribución del ingreso obtenida luego del 2015. Por otra parte, el acuerdo con el FMI es inflacionario y el diagnóstico que impera en los condicionamientos que impuso no conducen a la estabilización de precios, sino a un destino recesivo y regresivo socialmente.

Para poder gobernar hay que remover restricciones, ahora como en un eventual gobierno futuro del Frente de Todos se impone recuperar soberanía política, independencia económica y justicia social. No se puede seguir tolerando una Corte Suprema que en vez de gozar de independencia en sus fallos, sea parcial y respaldada por el gran empresariado y la oposición neoliberal que los apoya, como queda exhibido en la solicitada firmada por un núcleo de empresarios y por los pronunciamientos de IDEA, la AEA y el Foro de Convergencia Empresarial. Tampoco a un Poder Judicial que alberga magistrados que se dan a la tarea de proscribir la candidatura presidencial de la referente que ejerce el liderazgo del Frente de Todos. Es imposible hacerlo cumpliendo con un insostenible acuerdo firmado con el FMI, ni con empresarios resueltos a hacer a su voluntad con la fijación de precios que impide el despliegue de una política de ingresos que mejore las condiciones de vida de las mayorías populares. Gobernar para recuperar esos tres objetivos fundamentales que requiere una sociedad que vive en democracia supone una movilización política y social enérgica que remueva esas restricciones.

Los cruzados de Von Mises

Ludwig Von Mises, quien fuera el maestro de Von Hayek —referente de Mont Pellerin—, en su libro Liberalismo, construye el fundamento del neoliberalismo a la medida de una lógica que no admite perforaciones respecto de naturalizar el concepto de homo economicus como pilar de la vida social. De ello resulta el rechazo del socialismo como del intervencionismo estatal —políticas a las que iguala explícitamente—. Von Mises polariza entre liberalismo y antiliberalismo, sosteniendo que el primero maximiza el bienestar social y cualquier versión del segundo conduce a la pobreza.

Tapa de una edición del libro Liberalismo de L. von Mises.

Así encara Von Mises la crítica del intervencionismo: “Admiten que la propiedad colectiva de los medios de producción, o sea, el socialismo, no es en cuanto tal realizable, o por lo menos no lo es en el presente, pero por otro lado declaran que también la propiedad privada ilimitada de los medios de producción es perjudicial para la sociedad. Y entonces proponen una tercera vía, una condición social que debería representar un término medio entre la propiedad privada y la propiedad social de los medios de producción. Quieren, por una parte, mantener la propiedad privada de tales medios, pero por otra quieren regular, controlar y guiar con prohibiciones y mandatos autoritarios la actividad de sus propietarios, o sea, las decisiones de los empresarios, de los capitalistas y de los terratenientes. Se viene a crear así un modelo ideal de sistema económico regulado, un modelo de capitalismo limitado por normas autoritarias, y de propiedad privada despojada, gracias a intervenciones desde arriba, de sus supuestos fenómenos concomitantes negativos”. Esta crítica conduce lisa y llanamente a que la economía se desarrolle en el ámbito privado como esfera de la sociedad civil en la cual el Estado no debe intervenir. Von Mises concluye: “Hoy todos sabemos que el único resultado de esa imposición autoritaria de los precios significó la desaparición del mercado de todas las mercancías afectadas”. Para él, intervencionismo equivale a desabastecimiento por la desaparición de los mercados. El reclamo de libertad ilimitada en las decisiones sobre la fijación de precios se ha vuelto un lugar común de las organizaciones del gran empresariado argentino.

El maestro de Von Hayek se introduce en la distinción entre el liberalismo moderno y el antiguo. Lo hace estableciendo una diferencia entre la igualdad como reconocimiento de una condición humana y su institución como decisión maximizadora. Afirma: “El problema de la igualdad nos permite mejor que ningún otro ilustrar de la manera más clara y directa la diferencia de argumentación que existe entre el viejo y el nuevo liberalismo y entre los distintos modos de razonar. Los liberales del siglo XVIII, guiados por las ideas iusnaturalistas e iluministas, reivindicaban la igualdad universal de los derechos políticos y civiles, pues partían de la premisa de que todos los hombres son iguales… Sin embargo, la supuesta igualdad de todos los hombres es una afirmación que se apoya en bases sumamente frágiles. En realidad, los hombres son sumamente desiguales… El hombre que sale de la fábrica de la naturaleza lleva el sello de la individualidad, de la originalidad y de la irrepetibilidad. Los hombres no son iguales, y el postulado de la igualdad ante la ley no puede basarse en la pretensión de que a los iguales se les debe igual tratamiento. Hay dos razones distintas por las que los hombres deben recibir igual trato bajo la ley… Para conseguir la máxima productividad posible del trabajo humano, el trabajador debe ser libre, porque solo el trabajador libre, que disfruta del producto de su trabajo en forma de salario, compromete al máximo sus propias fuerzas. La segunda razón se refiere al mantenimiento de la paz social… Quien deslegitima a una parte de la población debe temer que los deslegitimados se coaliguen contra los privilegiados… De ahí que esté totalmente injustificado dirigir al mundo en que el liberalismo realizó su postulado de la igualdad, la objeción según la cual habría creado solo una igualdad ante la ley y no una verdadera igualdad… Los hombres son y seguirán siendo desiguales. Sabias consideraciones de oportunidad, como las mencionadas más arriba, nos inducen a pretender que sean tratados igualmente ante la ley. Esto y nada más que esto ha querido el liberalismo”. Así el neoliberalismo liquida la igualdad como un valor democrático para convertirla en un medio de aumento de la productividad y de perfeccionamiento de la hegemonía de la clase dominante. Destruye la herencia democrática de la Revolución Francesa.

Von Mises explicitó y justificó por qué nunca los neoliberales reivindican la reducción de la desigualdad y siempre cuando se refieren a lo social se remiten solo a la pobreza. Como una tropa, los cruzados de esas ideas en la Argentina del presente omiten la discusión sobre la distribución de la renta y asocian la eliminación de la pobreza con el crecimiento económico. Dice el intelectual austríaco: “Los defensores de la igualdad en la distribución de la renta olvidan el punto esencial: que la suma global que se puede distribuir —el producto anual del trabajo social— no es independiente de la manera en que la distribución se realiza. El hecho de que esa producción sea hoy tan grande no es un fenómeno natural o técnico, independiente de las condiciones sociales, sino consecuencia de nuestras instituciones sociales. Solo porque en nuestro ordenamiento social es posible la desigualdad de riqueza y solo porque esta desigualdad estimula a cada uno a producir lo más que puede al menor coste, dispone hoy la humanidad del total de riqueza anual que puede consumir”. Los seguidores de sus ideas hacen méritos: en los turnos en que se aplicaron en la Argentina cumplieron con la misión de aumentar la participación de las ganancias empresarias en el PBI y en reducir la de los asalariados.

Von Mises entrega la explicitación de la renuncia de la visión neo del liberalismo al valor de la igualdad, con el que la idea democrática queda sustancialmente degradada. También ofrece su mirada política sobre el fascismo que permite entender el apoyo de numerosos intelectuales y economistas neoliberales a los regímenes dictatoriales que instalaron el paradigma de la valorización financiera en la región. Aquí su opinión sobre el fascismo: “No se puede negar que el fascismo y todas las tendencias dictatoriales análogas están animados por las mejores intenciones, y que su intervención ha salvado por el momento a la civilización europea. Los méritos adquiridos por el fascismo permanecerán por siempre en la historia. Pero la naturaleza de la política que por el momento ha producido efectos positivos no es tal que pueda prometer un éxito duradero. El fascismo fue un arreglo provisional; pensar que es algo más sería un error fatal”. Como se ve, la confluencia de fascismo y libertarismo de derecha viene desde la cuna de la corriente de la contrarrevolución conservadora. El legado que reivindica al fascismo como un arreglo provisional de salvación y a la dictadura terrorista de Estado pinochetista como un tránsito necesario frente a un totalitarismo democrático tampoco ha de ahorrarse el apoyo a prácticas de lawfare como las del vaciamientos de las democracias sustanciadas en proscripciones de líderes populares como Lula Da Silva, Rafael Correa y Cristina Fernández de Kirchner.

El texto Liberalismo que comentamos también expone la posición de principios que desde el nacimiento recela del movimiento sindical. Dice Von Mises: “El fenómeno que crea una situación nueva en el mercado de trabajo es el elemento de coacción presente en la huelga y en la sindicalización. Cuando los trabajadores organizados en sindicatos niegan a los no sindicalizados el derecho a trabajar, y en caso de huelga llegan a impedir abiertamente con la violencia a otros trabajadores sustituir a los huelguistas, las reivindicaciones salariales que hacen a los empresarios tienen el mismo efecto que una ley del gobierno sobre salarios mínimos. En efecto, el empresario, a menos que cierre la tienda, se ve forzado a ceder a las demandas de los sindicatos y a pagar salarios que implican inevitablemente una reducción cuantitativa de la producción, porque el producto fabricado a costes muy altos no puede venderse en la misma medida que el producto fabricado a costes más bajos. Y así el salario más alto, arrancado a través del sindicato, se convierte en causa de paro [desempleo]”. Es el pregón de clase para las reformas laborales y las limitaciones a la actividad sindical.

Podemos condensar la propuesta neoliberal en la siguiente formulación de Ludwig Von Mises: “Al demostrar la función social y la necesidad de la propiedad privada de los medios de producción y de la consiguiente desigualdad en la distribución de la renta y la riqueza, proporcionamos al mismo tiempo la demostración de la legitimidad ética de la propiedad privada”.

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Inflación: dos enfoques contrapuestos

De lo expuesto por el doctrinario neoliberal surge prístinamente que el enfoque apologético del capitalismo de la propiedad privada ilimitada se negará siempre a plantear el problema de la desigualdad y de la necesidad de una participación mayor de los trabajadores en la distribución de la renta nacional. Por eso la derecha escamotea el debate sobre la principal causa de la inflación en la actualidad: que el empresariado a partir del 2015 se sintió libre para encarar una revancha sobre lo ganado por los sectores populares desde el 2003 hasta ese año. A esto hay que agregar el carácter inflacionario del acuerdo impuesto por el FMI que entre sus condicionalidades exige una devaluación del peso que impulsa los precios hacia arriba por el lado del costo de las importaciones y el contagio a los precios internos de los productos exportables, agravado por las concesiones a los chantajes por tipos de cambio diferenciales que han desatado los sectores de exportaciones primarias tradicionales.

Así el disciplinamiento de los formadores de precios y la renegociación del insostenible acuerdo con el FMI resultan indispensables para el cumplimiento del contrato de justicia social que el Frente de Todos tiene pendiente con los trabajadores y otros sectores populares. No hay solución democrática para la estabilización de precios sin abordar estas cuestiones clave.

Las políticas de astringencia fiscal y monetaria no son complementarias de estos enfoques estructurales. Por el contrario, conducen a mayores penurias sociales y mayor desigualdad, mientras enmascaran la verdadera trama de la actual inflación y postergan, por ejemplo, una enérgica recuperación salarial, bajo el argumento de que alimentaría la inflación. Así, bajo el manto de neutralidad esas políticas favorecen a los poderosos al promover la baja del gasto público que implica menor atención social.

Demoler las restricciones a la democracia

El documento del Frente de Todos titulado Democracia sin proscripciones, unidad para transformar afirma que “en 2023 se enfrentarán dos modelos de país. La Argentina de un progreso compartido, democrática e igualitaria; y el anacronismo de una derecha que concibe al país como una plataforma de negocios para unos pocos”. Negocios o democracia, e igualdad o un país para pocos son los desafíos de la hora que correctamente se propone.

Porque si el Poder Judicial se embarca en proscripciones políticas a líderes, si los empresarios fijan los precios que quieren, si la oposición impide el funcionamiento legislativo para resolver los problemas de fondo del país, si no se rompen las cadenas del acuerdo firmado con el FMI, ¿con qué herramientas queda el gobierno democrático para encarar la grave situación en que se encuentra la Nación y el pueblo? Resulta necesario trascender la acción institucional y promover la movilización y organización popular para recuperar la potencialidad democrático-transformadora. Es perentoria la superación de la hegemonía neoliberal y afirmar una época de predominio democrático y plebeyo. En ese camino la lucha contra la proscripción de Cristina Fernández resulta un hito fundamental.

El Cohete a la Luna